Serverland: Un futuro sin Internet

Lo impensable en estos días ha sucedido en Serverland, la novela de la escritora alemana Josefine Rieks (1988): ya no existe Internet. Con la red ha desaparecido una sociedad que compartía hasta lo más privado, se ha perdido el acceso a la “biblioteca” global de los buscadores. Cuando un día unos jóvenes encuentren los antiguos servers hace tiempo desconectados, se planteará la posibilidad técnica de volver atrás. O lo que es lo mismo: el dilema del sentido de refundar aquella “comunidad”.

Berlín profundo, barrio de Wedding, en un futuro algunas décadas después del punto de mayor apogeo de Internet y de su desconexión definitiva tras un referéndum. Un futuro post-digital que se parece mucho a un pasado: con periódicos, mapas y guías telefónicas en papel, teléfonos de monedas, televisión con programas fijos. Generaciones de jóvenes no han conocido otra cosa. Reiner, un veintiañero nerd de la computación que trabaja para la Deutsche Post, el Correo alemán, se dedica a rescatar de la chatarra “reliquias digitales”. Antiguas computadoras portátiles como su última adquisición: una MacBook Air, la que fuera el Cadillac de las notebooks, ”la” representante de aquella cultura en la que se usaban las computadoras. O videojuegos, como el Command and Conquer – Red Alert, a los que anhela poder jugar hasta el final, lo cual pese a sus aptitudes las precarias condiciones técnicas tornan difícil.

Hasta que en su vida irrumpe un antiguo compañero de escuela, Meyer, un tipo con el que nunca cruzó más de dos palabras y con el que no tiene prácticamente nada en común. Pero Meyer, con su onda rapera y pandillera, lo subirá a su ahora oldtimer Volkswagen Scirocco y con la música a todo volumen y al son del antiguo hip hop de la segunda década del siglo XXI –otra reliquia–, lo conducirá a su hallazgo: los antiguos servidores de Internet.

En pabellones industriales abandonados aún existen los servers con los datos originales de millones de usuarios. La misión de Reiner: acceder a ellos. Lo que para Meyer es la promesa de un buen negocio vendiendo perfiles de Facebook, para Reiner significará una emoción y una reverencia que imagina comparable a encontrarse con la Biblioteca de Alejandría. De algo grande se trata sin duda: el centro de datos al que llegan en Holanda perteneció nada menos que al gigante de la letra G.

Entretanto Nueva York se ha convertido en el epicentro de un movimiento joven de protesta que reclama la reconexión. En el centro de datos Reiner les permitirá ver a sus jóvenes seguidores lo que no ha visto nadie desde hace décadas: Internet – alimentando así la utopía y el ideal de lo que entienden que una vez existió: la libertad de una sociedad global conectada por la red. Son atisbos de una nueva resistencia que la novela enlaza no sin ironía con aquella declaración de la independencia del ciberespacio frente a las tiranías del mundo industrial que John Perry Barlow hiciera pública en 1996 y que se cita en el epígrafe:

Gobiernos del Mundo Industrial,

cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio,

el nuevo hogar de la Mente. (…) No poseemos gobierno electo alguno ni es probable que lo tengamos, así que me dirijo a ustedes sin otra autoridad más que aquella

con la cual habla la misma libertad. Declaro el espacio social global

que estamos construyendo independiente por naturaleza

de las tiranías que pretenden imponernos.  

John Perry Barlow, Una declaración de la independencia del Ciberespacio, 1996

Desde hace tiempo sabía Reiner que las primeras –nuestras– décadas del milenio habían sido “mucho más avanzadas”, que habían representado “el punto máximo del desarrollo humano”, pero ahora sabe que se puede volver atrás: la cuestión técnica no es el problema. La comuna y el anhelo de la refundación de una comunidad serán entonces el espacio en el que se confronte –y se nos confronte como lectores– con la fascinación y las contradicciones de lo que muchos en ese futuro idealizan como el mejor de los mundos posibles: ese mundo de la vida con Internet “cuando la vida era más”.

Serverland no es una novela de ciencia ficción, sino –y esto es lo interesante– una novela del futuro sobre el presente. Con dos claros hallazgos: la original idea de imaginar un futuro ficticio sin Internet, que podría situarse en un 2030, y la de colocarlo luego, en una especie de “Volver al futuro”, en un escenario analógico retro que en la vida cotidiana nos trae imágenes de los ochenta, y en la movilización juvenil, las imágenes del eterno modelo de mayo del 68, las del movimiento hippie.

Por más absurdo que pudiera parecer desde la visión actual que en un referéndum se tomara una decisión tal como desconectar Internet, lo atractivo aquí es el posible escenario que la novela imagina en ese caso y el juego de perspectiva que propone. Serverland no se concentra en el porqué de la desconexión, sino en la tríada utopía, sociedad y libertad.

Reiner es el narrador de esta historia. Josefine Rieks coloca el relato a la altura de sus ojos y de su asombro. Con una prosa simple y clara, en un relato ágil bien construido en su estructura donde se combinan elementos tomados del road-movie, elementos tomados de videojuegos (como Grand Theft Auto); donde pocas referencias bastan para pintar muy gráficamente el tiempo en el que sucede la acción y los diferentes mundos de los que provienen los personajes: ese Reiner de clase trabajadora, ese Meyer de Bronx berlinés; Henrika, la holandesa sexagenaria dueña de la pensión que vivió la época de Internet; los jóvenes cool de esa pretendida vanguardia político-cultural, con los norteamericanos a la cabeza; los jóvenes hype que van llegando, Serverland juega definitivamente a la ironía y con cierto pérfido humor nos presenta la naif utopía de la prehistoria digital. Joven millennial, Rieks es, no obstante, también madura en su visión crítica de una generación joven. Y toca de lleno en nuestros días cuando nos hace ver en la soledad el anhelo de Internet, o cuando nos confronta con el hecho de que mucho de lo que está guardado hoy en soportes electrónicos se perderá para siempre.

Traducida al español por Adriana Hidalgo Editora, Serverland es una novela joven, original, inteligente, que se lee de corrido. Con diferentes niveles de lectura posibles que van desde la ciencia ficción a la ficción política llegará a los jóvenes millennials o de la generación Z, a los “nativos digitales” que no saben lo que es vivir sin Internet, y también a los no tan jóvenes que ya no se imaginan que pudiera no existir. Serverland de Josefine Rieks aporta oportunamente una mirada extrañada, reflexiva, irónica sobre nuestro presente en días en que los cuestionamientos a las redes sociales, a los gigantes de Internet es más actual que nunca. Un interesante debut de una autora a tener sin duda en cuenta.

“Miren su libertad, allí la tienen, delante de ustedes tirada hecha pedazos”, es la frase de un videojuego con la que Serverland cierra su prólogo.


Josefine Rieks ©Tim Bruening

Josefine Rieks, escritora alemana nacida en 1988, estudió Filosofía y actualmente vive en Berlín. Es autora del guión para la película cero presupuesto U3000 – Muerte de una banda indie. En 2017 recibió la beca Alfred Döblin. Serverland es su primera novela.

En español:

Josefine Rieks, Serverland, Adriana Hidalgo Editora, 2019. Novela, 192 pág. Traducción de Claudia Baricco. Argentina, ISBN: 9789874159779 / España: ISBN: 978-84-124033-7-4

En alemán:

Josefine Rieks, Serverland, Hanser Verlag, Munich, Alemania, 2018.  Novela, 176 pág.  ISBN 978-3-446-25898-3

Josefine Rieks y Hannes Wesendonk, Serverland: Hörspiel WDR 3, 2021. Disponible hasta el 01.09.2022. 65 min.. Ver aquí.

Imagen de portada: ©Helpameout Wikimedia Commons. Creative Commons 3.03.

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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