Tiempos recios

Reseña literaria de la novela de Mario Vargas Llosa, que fue el tema de la última sesión del Club de Lectura de la librería La Escalera, apoyada por la Biblioteca Mario Vargas Llosa del Instituto Cervantes de Berlín.

353 páginas con los agradecimientos tiene la última novela de Mario Vargas Llosa, Tiempos recios, editada por Alfaguara y publicada por Penguin Random House, un grupo editorial que adquirió hace algunos años numerosas editoriales del ámbito peninsular. 

Vargas Llosa sorprende en esta novela por un renovado vigor literario que muchos creían apagado, con una buena construcción narrativa que se articula en 32 capítulos numerados “a lo romano”, más un Antes y un Después. En efecto, el malabarismo temporal de la narración es ingenioso, aunque no tanto como Conversación en la catedral, y el lector se ve obligado a un pequeño ejercicio de memoria para poder hilar bien la historia. 

Librería de Berlin-Prenzlauerberg donde tiene lugar habitualmente el Club de Lectura

Quizás lo más original de Tiempos recios es el Antes y el Después. El Antes porque hace una presentación muy acertada de la United Fruit Company gracias a la figura de su fundador, Sam Zemurray; y de los medios que se valió esta compañía frutera norteamericana para controlar diversos gobiernos latinoamericanos. Sobre todo el sobrino de Sigmund Freud, Edward L. Bernays, se revela como el Maquiavelo del siglo XX capaz de manipular la opinión pública a favor de los intereses de “el pulpo”, o en contra de determinados gobiernos “demasiado” democráticos. Vargas Llosa presenta a Bernays como “el padre de las relaciones públicas”, aunque ya aparecía en la primera serie del documental de la BBC El Siglo del Yo como creador del marketing moderno. Ambas técnicas, puestas al servicio de determinados gobiernos —sean de derechas o de izquierda— para la propaganda electoral, o de la empresa privada para las ventas, llegan a producir milagros. El tema no puede ser más actual. No olvidemos que Propaganda de Bernays, es una obra que ve la luz el año 1928, es decir, justo antes de la Gran Depresión de 1929 y cuando Hitler pujaba por alcanzar el poder en Alemania. Es paradójico, pero no sorprende, que Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda nacionalsocialista, aplicara con extraordinaria eficacia los principios del judío Bernays para el control de las masas. 

El Después también impresiona por la franqueza (en primera persona) del escritor —“Don Mario”— que irrumpe en su propia novela para narrar la entrevista que tiene con Marta Borrero Parra (Miss Guatemala) en los tiempos actuales, es decir, en la época de Donald Trump. Mario Vargas Llosa se implica a fondo describiendo a una mujer vieja que, sin embargo, no ha perdido un ápice de su energía ni de su coraje, y que se niega a admitir cualquier tipo de culpa. Al contrario, culpa continuamente a los “otros” (los comunistas)  y revela un odio extraordinario regocijándose en sus desgracias —especialmente en las de la familia del expresidente Árbenz— sin ningún tipo de remordimientos o de compasión. Cercana al Partido Republicano, pro-yanqui y colaboradora de la CIA, se revela fervientemente partidaria de las políticas más extremas de los EE.UU. y ha sacrificado a quién se le ha puesto delante para alcanzar sus propósitos en pos de una vida cómoda, rodeada e papagayos y de plantas en su residencia cerca de Washington. En su descargo solo podríamos aducir que un médico de ideas liberales, de la edad de su padre, la sedujo muy joven cuando tenía apenas 15 años, la hizo infeliz posteriormente en un matrimonio forzado por el padre y la obligó a escapar abandonando a su hijo de 5 años a principios de 1955, para convertirse en la amante del dictador Castillo Armas. También su biografía queda marcada por el repudio de su padre, que se niega a recibirla en su casa dentro de la moral tan castiza de aquellos tiempos. Como personaje, el escritor no la trata muy bien en la novela, porque a pesar de atribuirle una inteligencia excepcional, luego se contradice haciéndola pasar por una oportunista algo tonta que se deja manejar por todos los hombres a cambio de sus encantos.

Aunque temáticamente puedan ser muy interesantes el Antes y el Después de la novela, lo que nos cautiva es sin duda la ingeniosa construcción de la misma. Por ejemplo, los capítulos pares (2, 4, 6…) estabilizan la narración con dos personajes y un suceso bien concreto: el asesinato del dictador Carlos Castillo Armas el 27 de julio de 1957. No obstante, después del asesinato brevemente descrito en el capítulo XIV, los pares continuarán explicándonos el destino de los dos autores materiales de hecho, Enrique Trinidad Oliva (coronel guatemalteco apodado “el jayán”) y Johny Abbes García (periodista dominicano especializado en seguridad al servicio del dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo, llamado, a imitación de Franco, El Generalísimo). Como “quién a hierro mata, a hierro muere”, sus violentas muertes se resuelven en sendos capítulos hacia el final de la novela: XXVIII (1963) y XXXII (1964). 

Biblioteca Mario Vargas Llosa del Instituto Cervantes de Berlín

Los capítulos impares en cambio tratan de narrar la historia secreta de Guatemala —y novelada, no lo olvidemos—, especialmente en los años cincuenta del siglo XX, cuando el Macartismo estaba en su apogeo. Una rareza formal es el capítulo VII de la narración, puesto que en éste se establece un juego temporal con dos diálogos simultáneos que sin embargo transcurren en dos periodos diferentes —en 1957, se supone cuando el dictador Trujillo ordena a Abbes García que lleve a cabo el asesinato en Guatemala, y en 1954, cuando el que será víctima del asesinato visita a Trujillo justo antes del golpe que, apoyado por la CIA, le llevará al poder. 

Por último, el autor se permite rendir homenaje, en el capítulo XXXI, al heroico sacrificio de cadetes y oficiales de la Escuela Militar de Guatemala, represaliados después de su intento “revolucionario” (1954) por el dictador Carlos Castillo Armas, alias Cara de Hacha. No podía ser menos si Vargas Llosa, en este canto de cisne, trata de cerrar el círculo vinculando esta novela a la primera que lo hizo famoso: La ciudad y los perros. Una anécdota curiosa en este capítulo es el dato de que el joven médico Ernesto Guevara se encontrara en Guatemala cuando sucedió el golpe y que tratara de enrolarse, sin éxito, en las milicias populares que trató de crear apresuradamente el gobierno legítimo del coronel Jacobo Árbenz Guzmán.

El elenco de personajes es numeroso y refleja figuras históricas tratadas literariamente, aunque con verosimilitud. Solo cabe criticar el excesivo ensañamiento del escritor con la figura del asesino y torturador Johny Abbes García, al que achaca costumbres sexuales un tanto perversas insistiendo una y otra vez de manera bastante explícita y con evidente mal gusto en la descripción de las mismas.

Vargas Llosa, Mario. Tiempos recios. Narrativa Hispánica, Premio Nobel de Literatura. Barcelona: Alfaguara, 2019.

Aprovechamos esta sesión de lectura para transmitir estas palabras de Cristina Barón, Jefa de Biblioteca del Instituto Cervantes de Berlín.

Juan Pedro Ledesma

Germanista, traductor y publicista: juanpedro@arcor.de

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