El Berlín de los locos veinte

En 1972 el musical Cabaret, con Liza Minnelli en el papel principal, dio a conocer una imagen estereotipada del Berlín inmediatamente anterior a los nazis, pero poca gente sabe que esta película está en parte basada en las narraciones de Goodbye to Berlin (1939), del escritor británico Christopher Isherwood. Isherwood vivió ciertamente entre 1929 y 1933 en Berlín, donde se ganó la vida impartiendo clases de inglés.

©Random House

La figura principal de Goodbye to Berlin es la cabaretista británica Sally Bowles, trasunto de un personaje real que el escritor conoció y trató durante su estancia en la capital alemana. Sin embargo, la más famosa cabaretista, cantante y bailarina del Berlín de los años veinte fue una berlinesa con el nombre de Anita Berber, y ya había muerto cuando Isherwood llegó a la ciudad.

La Berber a menudo bailaba desnuda o semidesnuda en locales de dudosa fama como el Weiße Maus (Ratón Blanco) o el Schwarzer Kater (Gato Negro), aunque no se limitó a estos dos conocidos cabarets situados en la Jägerstraße. Alrededor de la Friedrichstraße nacieron los escenarios, clubs nocturnos y cervecerías más famosos de aquellos años con nombres tan sugerentes como Wintergarten, Rakete, Toppkeller, Apollo o Nelson Theater.

Junto a Anita Berber otras cabareteras y bailarinas tal como Claire Waldoff, lesbiana, y Celly de Rheydt, actriz porno, harán oír sus nombres asociados al escándalo y al tumulto. La misma Berber ostenta una sexualidad que establece poca diferencia entre los géneros, así que no es extraño que su segundo marido —entre los años 1920 y 1922— sea el bailarín y coreógrafo bisexual Sebastian Droste.

Anita Berber y Sebastian Droste en Mártires

Droste desarrollará para su mujer diversas coreografías, la más famosa, quizás, con el nombre de Kokain (Cocaína). Pero Anita Berber no se limita  a los bailes expresionistas y a una vida marcada por las drogas y las excentricidades, sino que también hace sus incursiones en el mundo del cine con películas ilustrativas del entorno de la prostitución y la homosexualidad, como Die Prostitution (La prostitución), Tagebuch einer Verlorenen (Diario de una perdida) o Anders als die Andern (Diferente de los demás), todas del director Richard Oswald. Para la película expresionista Dr. Mabuse, del famoso director de cine Fritz Lang, actuará en escenas de baile doblando a la actriz principal. Anita Berber también se codeaba con otros intelectuales y artistas, como el escritor Klaus Mann o el pintor expresionista Otto Dix. Este último tiene un cuadro de la bailarina en 1925, representándola despiadadamente con los excesos pintados en el rostro y el cuerpo ondulado en una actitud lánguida.

Los primeros años veinte en Berlín están marcados por las consecuencias de la derrota sufrida por los alemanes en la Primera Guerra Mundial. A una economía destruida vienen a sumarse las cuantiosas reparaciones de guerra que estableció el Tratado de Versalles y la terrible mortalidad que causó la llamada “gripe española” desde 1918-19, con lo que la situación en la capital alemana no podía ser más penosa. Casi cuatro millones de personas se amontonaban en Berlín, entre ellos más de 200.000 exiliados rusos escapados de la revolución bolchevique. Un tercio de todos los berlineses era menor de 30 años. Cuando llega la hiperinflación del año 1923, el dinero se convierte rápidamente en humo, y con la caída de la divisa alemana caen todos los conceptos morales.

La consigna es vivir el momento, de lo que ciertamente se aprovechan los miles de extranjeros que visitan la ciudad atraídos por su variada oferta en vicios: drogas, alcohol, sexo y espectáculos son extraordinariamente económicos para todo aquel que traiga una moneda que no sea la alemana. La gente tiene que sobrevivir, y uno de los negocios más lucrativos es el de la cocaína. El que luego fuera famoso autor teatral Carl Zuckmayer confiesa que tuvo que “pasar” cocaína en 1922, aunque él mismo nunca fue cocainómano, y que una chica de la calle le salvó por los pelos de ser apresado por la policía. Cocaína es la droga de moda en el Berlín de los “felices veinte”, y los expresionistas son los primeros en probar la cocaína, la morfina o la heroína como medio de “expresar” la violenta realidad. Sigmund Freud, Johannes R. Becher, Ernst Jünger o Gottfried Benn fueron algunos de los intelectuales que probaron la cocaína con diversos fines, pero la droga llega en esta época a todos los estratos de la sociedad corrompiendo los fundamentos de la misma.

En el Hotel Adlon, junto a la Puerta de Brandenburgo, se reúnen las elites intelectuales y artísticas con miembros de la aristocracia y la alta burguesía en fiestas sin fin. A Josty, al Café Vaterland, a la “Casa de Vinos” Reinhold en la Plaza de Potsdam acuden todo tipo de famosos y políticos con el único deseo de ver y ser vistos, de vivir rápidamente y de disfrutar el instante. La gran ciudad bulle a tono con una música de jazz desenfadada y vibrante. El charleston y el shimmy son los ritmos que hacen furor en los años veinte, y en Berlín se extiende una auténtica pasión por los bailes de salón que se traduce en la inauguración de numerosos locales. El boxeo y el ciclismo en pista se ponen de moda y la gente afluye a ver estos excitantes —y a menudo peligrosos— espectáculos en el Palacio de Deportes (Sportpalast) o en el Palacio Almirante (Admiralpalast). Reinhold Franz Habisch o Egon Erwin Kisch escriben trepidantes crónicas y reportajes sobre el acontecer en el Berlín de los años veinte.

La revista Haller en el Admiralpalast (Foto:BPK)

En los locales y clubs nocturnos alrededor de la Kurfürstendamm, en el barrio de Charlottenburg, se puede también gozar del cabaret político o de la picante opereta con textos de autores tan representativos como Walter Mehring, Joachim Ringelnatz o Kurt Tucholsky. Max Reinhardt es el empresario teatral de moda, y Marlene Dietrich una desconocida con buenas piernas que canta en el Café Größenwahn de la Kurfürstendamm y que saltará por fin a la fama en 1930 por su papel en la película El Ángel Azul, cuyo guión elaboró el mismo Carl Zuckmayer. Precisamente por esa zona de Berlín se encuentran las mastodónticas salas donde se exhiben famosas películas del cine mudo expresionista; por ejemplo el Marmorhaus estrena El Gabinete del Dr. Caligari y la película de vampiros Nosferatu, mientras que el Ufa-Palast, muy cerca de la estación Zoo, da Dr. Mabuse, de Fritz Lang.

Cuando en 1924 se estabilice por fin la moneda y desaparezca gradualmente la devastadora inflación, no acabará con ella la trepidante noche berlinesa. La prostitución, y no solo de mujeres, se refugia sobre todo en los barrios más pobres de la ciudad, como el Scheunenviertel y la Alexanderplatz, pero se encuentra también abundante en Wittenbergplatz. Allí y en la Friedrichstraße, prácticamente en toda la ciudad, se puede encontrar una variada oferta en sexo a muy bajo precio. Y asociada a la prostitución está naturalmente la droga y la delincuencia. Grandes firmas farmacéuticas como Merck, Hoechst o Bayer producen la cocaína en grandes cantidades, luego distribuida a farmacéuticos y médicos poco escrupulosos que recetan a cambio de dinero. Hay asaltos a farmacias, pero también hay muchas recetas falsas. Una mafia en la que están mezclados gran número de exiliados rusos se apodera poco a poco del mercado ilegal de morfina, cocaína y heroína. Sus redes de distribución no se limitarán a Alemania, sino que se extienden hasta París y Riga.

Pero ya en el verano de 1926 empiezan a soplar otros aires: Erich Gustav Hofmann, conocido actor de cine, es atrapado por la policía en el local Goldelfe con dos sobrecitos de cocaína. La policía procede cada vez con mayor rigor contra los gángsters y delincuentes de todo tipo. (Fue famoso el caso de Carl Wilhelm Großmann, carnicero que transformó en salchichas y carne picada a más de veinte muchachas berlinesas entre 1918 y 1921.) Anita Berber se desmorona finalmente en un club nocturno de Bagdad, cuando realizaba una gira por Oriente Medio. El 10 de noviembre de 1928 morirá en Berlín consumida por las drogas y por una tuberculosis galopante. Tiene 29 años de edad. En su funeral estarán presentes travestís, hermafroditas y asiduos de Eldorado o el Weiße Maus (Ratón Blanco). La larga noche berlinesa va tocando a su fin, porque además en el año de 1929 se produce la Gran Depresión. Alrededor de 1930 ha terminado ya la moda del libertinaje y del cocainismo, y se va imponiendo una nueva actitud de sobriedad y cultivo de los valores corporales, motivada tal vez por el paro y la escasez de dinero.  Vida natural —y vuelta a la naturaleza— frente a la vida nocturna, nueva objetividad en lugar del expresionismo y del salvaje dadaísmo. Demasiado tarde, quizás, porque ya el Partido Nacionalsocialista ha sabido aprovechar el caos y la degradación moral de la sociedad, además de la crisis económica, para ganar la confianza de un gran sector de la población alemana.

Anita Berber y Sebastian Droste en Mártires – foto: önb Archivo Biblioteca Nacional Austríaca.

Juan Pedro Ledesma

Germanista, traductor y publicista: juanpedro@arcor.de

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