Dostoyevski y lo sagrado

La epilepsia es una de las enfermedades más antiguas de la humanidad.

Los primeros testimonios que tenemos datan del antiguo Egipto. En un viejo papiro se daba permiso a los amos para devolver a los esclavos si se descubría que estos sufrían de epilepsia.

Se la ha llamado también la enfermedad de los mil nombre: Nesejet, Benu, Apasmara, Dian Xian, Choli nophel, nikpheh, hierä nousos, megalä nosos, herakleia nosos, nosos paidikon, nosos ais-chra, morbus insputatus, morbus detestabilis, morbus sonticus, morbus divinus, morbus deificus, morbus coelestis, morbus astralis, morbus sideratus, morbus lunaticus, morbus incantatus, morus magnus, morbus maior, morbus conviv, morbus caducus, morbus colvulsivus, morbus infantilis, divinatio.

Desde que el paradigma biológico triunfó en medicina y psiquiatría, la epilepsia se considera un trastorno cerebral, a pesar de que a menudo no puede encontrarse ninguna lesión. En este caso la medicina recurre a la fe, y conjura su existencia amparándose en las limitaciones de la tecnología médica.

Enfermedad fascinante, durante un tiempo fue incluso considerada sagrada. Sagrada en el sentido de maldita. Y seguramente la espectacularidad del clásico ataque epiléptico (Grand-Mal) que todos tenemos en mente, fue en parte responsable de esta mistificación.

Todo aquel que haya tenido ocasión de presenciar un ataque epiléptico entenderá porqué: “el rostro se altera horriblemente, sobre todo la mirada. Los espasmos y las convulsiones afectan a todo el cuerpo y a todos los rasgos faciales. Un alarido atroz, inimaginable, que no se asemeja a nada se escapa del pecho; diríase que con ese alarido desaparece de pronto todo lo que es humano, y a un observador le es imposible, o al menos muy difícil, imaginarse y reconocer que quien grita así es ese mismo hombre; más aún, se tiene la impresión de que quien grita es otro individuo que está dentro de ese hombre”, decía Dostoyevski en El Idiota.

Dostoyevski era epiléptico y aunque él siempre atribuyó el origen del trastorno al simulacro de ejecución que sufrió, existen algunos documentos (cartas) que muestran que probablemente Dostoyevski era epiléptico antes de este traumático episodio.

De lo que no cabe ninguna duda es de que nadie la ha narrado mejor:

“Hay momentos, no suelen ser más de cinco o seis segundos seguidos, en los cuales de pronto uno siente la presencia de la armonía eterna, la plenitud. No es algo terrenal; con ello no estoy diciendo que sea celestial, solo quiero decir que una persona terrenal no puede soportarlo. Tienes que transformarte físicamente o morir. Es un sentimiento diáfano e innegable. Como si uno sintiera toda la naturaleza, y de repente uno dice; sí, es correcto. Dios, cuando creó el mundo, en la tarde de la creación dijo; “Sí, es correcto, es bueno”. No se trata de ser conmovido, es … simplemente alegría. No hay nada que perdonar,  pues ya no queda nada que perdonar. ¡No puedes decir que amas, oh, es algo más elevado que el amor! Lo más insoportable es que está terriblemente claro y es un placer. Si durase más de cinco segundos … el alma no lo soportaría y tendría que perecer”.

Hoy la medicina tradicional ha sacrificado toda visión antropológica de los trastornos reduciendo las enfermedades a síntomas, síndromes y genes defectuosos.

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Pero el hombre tiene una dimensión subjetiva y mística que, aunque se intente ignorar, siempre acaba manifestándose. Y Dostoyevski era una persona profundamente espiritual. Temas recurrentes en su obra son la culpa, la expiación, la redención, el perdón, el sacrificio, el apocalipsis y la salvación. Temas existenciales que las religiones han utilizado para someter a sus fieles.

La epilepsia era para para Dostoyevski una experiencia religiosa irreductible, y es precisamente eso lo que pretenden los científicos: reducir la religión a la ciencia, invertir la fórmula “Y Dios creó al hombre”. Elevar al hombre al estatus de Dios y eliminar la subjetividad.

Hace unos años lo consiguieron, encontraron a Dios en el interior del cerebro humano.

Concretamente en el lóbulo temporal, una zona clásicamente afectada por la epilepsia. Los neurocientíficos nos explicaron a Dios y el sentimiento religioso como la ilusión provocada por la hiperexcitación de un grupo de neuronas situadas en esta región del cerebro.

Los científicos… siempre desmitificando la vida.

Y Dostoyevski defendiendo lo sagrado y riéndose del hombre y su ciencia…

“De acuerdo, somos mentirosos, malos e injustos, lo sabemos y lloramos por ello, nos atormentamos, nos torturamos y nos castigamos a nosotros mismos (…). Sin embargo tenemos la ciencia, y a través de ella volveremos a encontrar la verdad, pero esta vez la aceptaremos de una manera consciente. El conocimiento es superior al sentimiento, la conciencia de la vida es superior a la vida. La ciencia nos aportará sabiduría, la sabiduría nos revelará las leyes y el conocimiento de las leyes de la felicidad es superior a la felicidad misma”.

La imagen de la portada es La Transfiguración de Rafael Sanzio.
La segunda imagen es del comic Psicopatología infantil/Los soñadores, una publicación de Georgia Ribes y Roberto Calvo.
Georgia Ribes

Psicologa clínica y autora. Berlin- Neukölln. www.psychologischepraxisneukoelln.de

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