Alimentación temeraria

A principios de febrero abría sus puertas el primer supermercado de la marca Mere en Alemania. La ciudad elegida para el desembarco fue Leipzig. Solo unos días después de su inauguración tuvo que cerrar temporalmente. El motivo: los clientes habían acabado con las existencias, y los proveedores no conseguían reabastecer el local. A pesar de los problemas logísticos, la primera semana supuso un éxito rotundo de público para un marca anunciada con expectación por la prensa alemana. Antes de que se abriera el local, el público ya sabía que Mere pertenece al grupo ruso Torgservis y que llegan con la intención de rebajar hasta un 20 por ciento los ya mínimos precios de las cadenas de supermercados de descuentos alemanas (la prensa ya habla del ‘Aldi ruso’).

¿Pero cómo puede Mere ofrecer esos precios ínfimos? En primer lugar porque los productos ofertados provienen de países del este europeo (sobre todo Rumanía, Polonia y República Checa). También porque sus locales recuerdan más a un almacén industrial que a un supermercado; no tienen la más mínima decoración; apenas se encuentran unas pocas estanterías y los productos se apilan en palés sobre el suelo. Incluso los carros y los refrigeradores son de segunda mano. Tampoco gastan dinero en campañas de publicidad y además ofrecen a menudo género de segunda categoría (B-Ware!) es decir, productos que otros comercios se han negado a aceptar por su baja calidad. Esto último incluye los productos de alimentación.

Pero como se pudo comprobar en esos primeros días en Leipzig, nada de esto asusta al consumidor. El kilo de Schnitzel (filete empanado) de segunda categoría por 3 euros, o los 500 g. de carne picada por menos de un euro han sido muy bien recibidos por el público. Lo que no se podrá llevar a casa el cliente es verdura o fruta fresca. No está entre los productos que ofrece esta cadena.

¿Necesidad o imprudencia?

El éxito de este tipo de comercios lleva a varias preguntas. Una de ellas es si de verdad hay tanta gente en Alemania – el supuesto motor económico de Europa – con tan pocos recursos para verse obligada a alimentarse con este tipo de mercancía de pésima calidad.

Unos opinan que no tiene nada que ver con carencias económicas, que la prioridad absoluta de gran parte de la clase media alemana, a la hora de comprar comida, siempre ha sido el precio. El comediante bávaro Helmut Schleich lo resumió muy gráficamente: “Mientras los coches alemanes necesitan el mejor aceite para el motor, los cuerpos alemanes deben conformarse con los peores aceites para ensalada”. Muchos agricultores del sur de Europa han confirmado en numerosas entrevistas que sus mejores productos se venden a otros mercados más dispuestos a aceptar precios más altos. A Alemania no llegan productos de mayor calidad, porque el cliente no quiere gastar más.

“Yo no me metería eso en la boca. Aunque cumplan las normas sanitarias, es legítimo plantear dudas sobre la calidad e higiene de esos productos. Con esos precios está prácticamente asegurado que la carne proviene de granjas industriales, donde se condena a los animales a vivir en condiciones deplorables. Por no hablar del maltrato laboral que a menudo sufren los trabajadores de estas granjas” opina Armin Valet de la Organización de consumidores de Hamburgo en una entrevista para la revista Fokus.

¿Es este el modelo de consumo de alimentos que se implantará en Alemania? Algunos expertos opinan que la idea de ofrecer los restos de la producción alimentaria a precios mínimos no es nueva; ya ha sido llevada a cabo sin éxito en el pasado por otros. También opinan que el cliente alemán está ahora más preocupado por la calidad de la comida, y por lo tanto más dispuesto a aumentar el gasto. Ponen como prueba el auge de los supermercados de comida ecológica, que hacen de Alemania la meca de este tipo de alimentación; también alegan que los antiguos recintos espartanos de Aldi o Lidl se han transformado; su escenografía actual huye del concepto de la ganga de poco valor, y el cliente ya puede encontrar allí varias marcas y calidades.

“Mientras los coches alemanes necesitan

el mejor aceite para el motor,

los cuerpos alemanes deben conformarse con

los peores aceites para ensalada”

Helmut Schleich

Lo único claro es que Mere seguirá expandiéndose por el este de Alemania. Los planes hablan de abrir unas 100 filiales en los próximos dos años en Sachsen, Sachsen-Anhalt, Thüringen, Mecklenburg-Vorpommern, Brandenburg y Berlín.

Curiosamente el local donde se instaló la primera filial de Mere en Leipzig, estaba ocupado anteriormente por un Aldi. Está por ver si el ‘Aldi ruso’ ocupará a largo plazo el nicho de mercado que los Aldis alemanes están intentando dejar atrás. El consumidor tendrá la palabra.

Fotografías: Facebook Mere Supermarkets Romania

Antonio Ulloa Vilela