TÜV se hunde en el légamo

Pocos meses antes de la catástrofe de la mina de Brumadinho, la TUV Technischer Überwachungsverein, compañía alemana encargada de la inspección técnica, había certificado la seguridad de los muros de la represa.

Primero fue el estallido de la represa. La capa superficial de tierra prensada se separó de a poco. Después, explotó como una bomba. Como un martillazo de descomunales proporciones. Los muros cedieron a la presión y se liberaron en minutos miles y miles de metros cúbicos de agua y lodo sobre la mina de hierro y sus trabajadores, que estaban almorzando en el comedor de la empresa. Una muralla líquida de color rojizo llegó arrasándolo todo a su paso con un bramido paralizante. Cuando el agua es de ese color, no se ve la sangre. Cuando el agua ruge, no se escuchan los gritos. Después del desconcierto vino la calma. Ahora se contabilizan el desastre y las víctimas. Es el momento de las preguntas.

Estamos en Brumadinho, en el sureste brasileño, en el estado de Minas Gerais. Allí se localiza la ahora destruída represa Córrego do Feijão, administrada por la compañía minera Vale, la mayor productora de mineral de hierro del mundo y especializada en explotar los yacimientos usando agua. Este embalse, según los especialistas, es de pequeño porte, pero con un potencial alto para producir daños. Según la ley brasileña, entran en esta categoría aquellas estructuras que, en caso de fallas, pueden causar considerables pérdidas de vidas humanas y un gran impacto negativo en lo económico, social y ambiental.

Esta catástrofe no es inédita, Vale es una infractora reincidente. En noviembre de 2015, otro dique de la misma empresa minera sufrió una rotura que dejó alrededor de 19 muertos y millares de desplazados. Esa vez fue en la región de Mariana, también en Minas Gerais. Cuando se reventó el dique Fundão, se liberaron 34 millones de metros cúbicos de desechos, que descendieron 55 km por el río Gualaxo do Norte. La avalancha de lodo recorrió 663 kilómetros, afectando a 39 municipios en Minas Gerais y Espírito Santo. Hasta ahora era el mayor desastre medioambiental de la historia del país. Hasta ahora.

La primera pregunta que se hacen todos es: ¿por qué no funcionó la alarma? En las indagaciones con los habitantes del lugar quedó claro que el sistema de aviso que debía advertir de algún accidente no se activó. Si bien la compañía Vale organizó y realizó un entrenamiento para estos casos, adiestrando a los residentes de la región sobre cómo actuar y para dónde huir si escuchaban la fatídica señal, este no sirvió de mucho. Se hizo público que es un sistema de sirenas el que desencadena todos los protocolos de seguridad y evacuación. Si estas no suenan no hay protocolo. El presidente de la compañía minera, Fabio Schvartman, dijo que el accidente pudo haber sucedido tan rápido que no dio tiempo a que se activaran los sensores y bramaran los altavoces avisando a la gente. También señaló que el estanque roto había pasado las inspecciones de seguridad en junio y septiembre de 2018, estableciéndose que era una infraestructura segura. Pero, y aquí va la segunda pregunta: ¿quién realizó esas comprobaciones?

  • 1872 – Un grupo de empresarios alemanes fundan la Verein zur Überwachung der Dampfkessel (DÜV) la predecesora del Grupo TÜV, para garantizar la seguridad de las infraestructuras industriales.

  • 1918 – El DÜV expande sus actividades para incluir inspecciones de seguridad en el sector minero y energético.

  • 2006 – TÜV Rheinland do Brasil pasa a formar parte de la iniciativa, El Pacto Mundial de Naciones Unidas para la seguridad y fiabilidad de las instalaciones fabriles.

  • 2018 – La empresa brasileña Vale S.A., cerca de la ciudad de Brumadinho, recibe la certificación de TÜV para la explotación de la represa Córrego do Feijão.

Pocos meses antes de la catástrofe, la compañía, Technischer Überwachungsverein, más conocido por sus siglas TÜV, realizó una verificación por encargo de la empresa. O mejor dicho: la verificación de la que habla el director. Esta, en específico, fue encargada a la filial de la prestigiosa TÜV Süd, que lleva dos décadas operando en Brasil. Tan bien les va que actualmente casi 500 empleados trabajan en tres oficinas y en un laboratorio de esta asociación en São Paulo. TÜV Süd es un gigante en el negocio de los controles y certificaciones de calidad. La empresa cotiza en bolsa y opera a nivel internacional. Su sede central está en Múnich. En 2017 ya empleaba a unas 24.000 personas en todo el mundo y generó ventas de 2,4 mil millones de euros anuales. Las guías de legitimación de las empresas certificadoras TÜV son de las más estrictas del mundo. De ahí su prestigio.

Según el informe que dio a conocer esta organización certificadora independiente, no se encontraron deficiencias en los muros de Córrego do Feijão. Para la compañía alemana no es un asunto menor, porque TÜV está en todos lados. “Más seguridad, más valor”, es la consigna de TÜV Süd. En España afirman: “Inspirando confianza ayer, hoy y mañana”. Y en su página web global aparece este eslogan en mayúsculas blancas: Inspiring trust in a changing world. Un certificado Made in Germany y el compromiso de controlar productos industriales y proyectos de infraestructura con rigor absoluto en cualquier servicio, fabricación o proyecto por esta asociación es muy bien recibido en todas partes.

Es dogma de fe que en Alemania todo funciona a la perfección; que los buses, el metro y los trenes nunca se atrasan, y que los germanos son más precisos que un Rolex. A la TÜV los laureles les vienen de lejos. Esta asociación nació en el siglo XIX tras la explosión de una caldera en el Mannheimer Aktienbrauerei, en enero de 1865. Algunos dueños de fábricas afectados por un problema que se repetía una y otra vez decidieron crear un sistema de inspecciones periódicas y voluntarias de sus calderas para acabar con semejantes desastres. La idea no era nueva, en Gran Bretaña ya se hacía y estaba trayendo claros beneficios a aquellos que las llevaban a cabo.

El 6 de enero de 1866 se fundó en las instalaciones de la Bolsa de Valores de Mannheim la Asociación de Revisión y Monitoreo de Calderas de Vapor (DÜV). Esta fue la primera agrupación dedicada a este tipo de controles en Europa continental. Su éxito fue tal que se extendió el modelo por toda Alemania y, a partir de 1871, la membresía de dichas asociaciones quedó exenta de la inspección estatal. Hasta el día de hoy se les encarga exámenes de seguridad en otros muchos campos técnicos, incluida la verificación periódica de vehículos motorizados y los exámenes de conducción. Por eso hoy controlan la calidad de los juguetes que llegan de China; en Vietnam inspeccionan las piscifactorías para detectar residuos tóxicos y metales pesados. Su expansión por Brasil es notable. En Paraisópolis, la favela más grande de Sao Paulo, supervisarán y coordinarán la construcción del alcantarillado, el sistema de agua potable, las líneas eléctricas y varias escuelas. En Ciudad México, realizan desde hace tiempo análisis y pruebas regulares para medir la contaminación ambiental.

Pero todo no ha sido gloria para las tres siglas más conocidas de Alemania. Con el crecimiento y expansión de la asociación se han dejado ver grietas que, como las de la presa de Córrego do Feijão, comienzan a desmoronar su prestigio. Entre 1997 y 2010, TÜV certificó los implantes mamarios para el fabricante francés Poly Implant Prothese (PIP), pero éste estuvo utilizando un gel de silicona de baja calidad y los controladores no lo detectaron o no dijeron nada. ¿El resultado? Miles de mujeres en todo el mundo se colocaron estas prótesis sin saber que eran propensas a romperse. Y se rompieron. Ante la ley se presentaron 20.000 demandas. En noviembre de 2018, un tribunal de París condenó a TÜV Rheinland a una indemnización de alrededor de tres millones de euros por negligencia en sus controles.

TÜV comprueba desde hace años si las plantaciones en Asia respetan las reglas de sostenibilidad. Los palmerales de donde se saca el aceite de coco y otras plantíos están en el punto de mira de los ecologistas locales y existen dudas de que los informes de la empresa sean pura cortesía.

Joceli Andrioli, de la organización ambiental Movimiento de los Afectados por Represas (MAB, por sus siglas en portugués), declaró que el desastre del embalse era una “tragedia anunciada”. En reuniones con accionistas de Vale, su organización había alertado durante años de los riesgos que reportaba una política empresarial de permanente reducción de costos. “No se puede decir que la ruptura de la presa de Brumadinho cayó del cielo. A pesar de todas las alertas, Vale no hizo nada para eliminar los riesgos”, criticó.

NASA, imagen de satélite de la zona

De momento, hay 110 muertos y 292 desaparecidos. Todavía hay que remover ingentes cantidades de barro acumulado, los escombros de las casas arrasadas, y los vagones de tren descarrilados de las vías para entonces conocer la cantidad total de fallecidos. Los servicios de emergencia siguen en las labores de rescate. Por orden del Ministerio Público de Minas Gerais (MPMG), en coordinación con el Ministerio Público Federal (MPF) y la Policía Federal (PF), dos empleados de la certificadora alemana TÜV Süd, los mismos que dieron por buenas las pruebas de la represa en Brumadinho, están detenidos en Sao Paulo. En esta operación también fueron arrestados tres funcionarios de Vale en Minas Gerais.

Ahora, con un bramido sordo, el torrente de fango corrompido ha llegado hasta las mismas puertas de TÜV Süd, que comienza a ver cómo su prestigio se hunde con consecuencias impredecibles.

La fotografía de portada, y la de Brumadinho son de Guilherme Venaglia- licencia Creative Commons.

Luis González