El futuro de las ciudades: ¿Digitalización o privatización encubierta?

En un contexto de presupuestos menguantes y recortes interminables, las ciudades del mundo occidental parecen haber encontrado la solución: ¿Por qué no dejar que todopoderosas empresas tecnológicas como Google, Uber, Amazon y compañía ofrezcan nuevos servicios municipales por un precio muy reducido? La digitalización es necesaria en el mundo actual y quién mejor que estas multinacionales para hacerlo de la mejor manera. Es la salida más sencilla, la más natural, de la que todos nos vamos a beneficiar, ¿no? Pues no. ¿Entonces mejor renegar del siglo XXI y de los avances de la tecnología? Pues tampoco.


La Fundación Rosa Luxemburgo acaba de publicar un informe titulado “La Ciudad Inteligente. Nuevo Pensamiento” (Die smarte Stadte. Neu Denken), en el que trata de abrir el debate sobre el futuro de las ciudades y los retos que supone la llegada del mundo digital al desarrollo urbanístico.


Los coautores del informe, Evgeny Morozov, reconocido crítico del neoliberalismo digital, y Francesca Bria, responsable de tecnología e innovación tecnológica del Ayuntamiento de Barcelona, defendieron su trabajo ante una audiencia que llenó la Circular Economy House de Neukölln.

Evgeny Morozov und Francesca Bria presentando el estudio

Entre otras ideas, Morozov señaló que tras la aparentemente revolucionaria idea de las Smart Cities o ciudades inteligentes (con sus sensores, su información personificada y sus proyectos del estilo de climatizar las aceras para que la gente tenga los pies calentitos y se funda la molesta nieve en invierno), en realidad se encuentran los más viejos y rancios caballeros don Dinero: los constructores y las financieras. Después de que Google, a través de su filial Sidewalk Labs, haya ganado un contrato para desarrollar un barrio de Toronto, no parece que vayan a ser los operarios de Silicon Valley los que pongan los ladrillos y las grúas, sino más bien los grandes agentes inmobiliarios de toda la vida con el capital de los omnipotentes fondos de inversión.

Google, o más bien Alphabet, la matriz de Google, ya ofrece más servicios municipales de los que pensamos: mapas, información a tiempo real del tráfico, wifi gratis (en Nueva York), etc. Y la creación de Sidewalk Lab, una empresa dedicada específicamente al desarrollo de ciudades, no deja lugar a la duda de su interés. Y es que los núcleos urbanos son una mina para Google, un filón para recabar más datos personales y aplicarlos a nuevos y más desarrollados servicios que se escapan del mundo online tal y como lo conocemos hoy, que difuminan todavía más la frontera entre esfera privada y pública y reducen, por tanto, el poder de acción de la política.

Asistentes a la presentación, organizada por la Fundación Rosa Luxemburgo


¿Dejamos de utilizar Google Maps, Gmail y todas las
aplicaciones del móvil? Imposible. Nadie estaría dispuesto a hacerlo. Ni debería, pues son evidentes las ventajas que aporta a la vida diaria. ¿Entonces? Francesca Bria trató de dar respuesta la pregunta a través de la experiencia de Barcelona, que protagoniza una disputa interminable con Airbnb. Una respuesta que no es para nada sencilla ni en la teoría ni mucho menos en la práctica, pero que se asienta sobre tres principios fundamentales: firmar contratos con las grandes tecnológicas con especial cuidado en la letra pequeña; fomentar las relaciones con empresas y organizaciones que promuevan el software libre y abierto; y desarrollar redes de apoyo y colaboración entre diversas ciudades, pues los gobiernos municipales poco tienen que hacer contra gigantes como Microsoft o Apple.

La gran asistencia al acto de presentación del informe mostró la importancia que este asunto tiene para una ciudad en desarrollo constante como Berlín, sobre todo cuando los mandatarios locales están apostando por la escena ‘start-up’ como motor económico para la pobre capital alemana. Un debate tan necesario como urgente, sobre todo viendo los insustanciales comentarios realizados tras la presentación por parte de Andrej Holm, el pensador de cabecera de la izquierda berlinesa en cuanto a temas de gentrificación.

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