Peregrinaje hacia la incertidumbre: Romería de Carla Simón

Después de la pausa de verano, arrancamos con mucha ilusión la nueva temporada del Cicle Gaudí Berlín el sábado 19 de septiembre con Romería (2025), la última obra de la cineasta y escritora barcelonesa Carla Simón, y a la vez la tercera pieza de su tríada autoficcional y de memoria familiar, junto a Estiu 1993 (2017) y Alcarràs (2022).

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La ganadora de tres Goyas por Estiu 1993 y del Oso de Oro de la Berlinale por Alcarràs, volvió a las pantallas el septiembre del año pasado con, una vez más, una historia que refleja sus vivencias y recuerdos familiares, mezclándolos con las licencias de la ficción. La cineasta, conocida por su estilo íntimo, naturalista y valiente, empezó rememorando la construcción de su familia adoptiva tras la muerte de su madre en Estiu 1993, continuó con un retrato de la vida agrícola en La Garrotxa catalana de su familia materna en Alcarràs, y ahora con esta película cierra con la exploración de su familia paterna gallega. 

La directora Carla Simón junto a Mitch Robles y Llúcia Garcia. Foto: ©Sarah Meyssonnier (Reuters). 

Estrenada en la gran pantalla del Festival de Cannes 2025, la obra siguió con su presentación en las salas de cine españolas y se llevó un Premi Gaudí a la Mejor interpretación revelación (Llúcia Garcia) y once nominaciones en conjunto para los Premios Goya y los Gaudí.

Para quienes están familiarizados con fiestas católicas, la dirección que toma esta película ya la revela vagamente el título: un viaje o una peregrinación religiosa que se dirige al santuario o ermita de una virgen o un santo patrón del lugar – o una fiesta popular con bailes, comidas compartidas y trajes tradicionales.

La trama empieza con la reciente adulta Marina (Llúcia Garcia) que, al necesitar un documento familiar para una beca universitaria, viaja por primera vez a Galicia a conocer a la familia de su padre biológico y reconstruir el pasado de sus padres. La joven, el alter ego de Simón, se había quedado huérfana a los pocos años a causa del sida por el consumo de heroína y fue adoptada por su familia materna, sus tíos y primos catalanes. Creciendo sin vínculo alguno con la parte paterna, el viaje a Vigo, la ciudad natal de su padre biológico, supone para ella una búsqueda de conexión con sus tíos, abuelos y primos paternos para saber más sobre sus raíces. Pero desde el principio se encuentra con una constelación familiar complicada, marcada por el silencio y los secretos sobre los problemas de drogas de un pasado doloroso no muy lejano. Más que aclararle sus preguntas sobre el pasado de sus padres, sus familiares le crean aún más confusiones con relatos subjetivos, fragmentados y contradictorios.

Marina (Llúcia Garcia) en la casa de sus abuelos con su familia paterna. Foto: ©Elastica Films. 

Una historia basada en antiguas cartas 

Nuestra protagonista se guía por el diario de su madre, escrito en catalán, que le relata lo que sus familiares, los Piñeiro, no pueden o quieren contar: la historia de una adicción que acabó con dos vidas. Curiosamente, en la historia real de la madre de Carla Simón, el diario no existió, y lo compuso para la película a base de fragmentos de cartas que su madre había enviado a sus amigas. 

La cineasta contó en su entrevista con Cadena SER que la idea para la película partió de su frustración con no tener propios recuerdos de su madre, y la curiosidad por entender la manera en que veía y sentía el mundo. Crear la película para ella fue una liberación, un instrumento para crear esas imágenes que siempre le faltaron.

Marina (Llúcia Garcia) buscando respuestas. Foto: ©Elastica Films. 

Homenaje a la generación perdida 

La causa de la muerte de los padres de Marina es un tema que impactó severamente a toda una generación de la España de los 80 y 90 y está muy poco presente en la memoria pública del país. Con la entrada de drogas sintéticas en la sociedad española en los 70, en un auge de búsqueda de libertad tras el final de la dictadura franquista, muchos jóvenes cayeron en las garras de la heroína y se generó una grave crisis de salud pública y seguridad ciudadana. La consecuente aparición del virus VIH, el sida y enfermedades como la hepatitis B y C aumentó exponencialmente la mortalidad de sus consumidores por vía intravenosa – y el estigma creado sobre todo por el VIH y su desconocimiento aisló aún más a la población afectada. El hecho que en una España aún profundamente homófoba un porcentaje importante de las víctimas del sida fueran hombres homosexuales, explica que la enfermedad, bautizada como el “cáncer gay”, fuera tratada con vergüenza y descuido. “La generación perdida”, como se les llama a los fallecidos, es una herida abierta de la historia de España que Romería desestigmatiza.

Fon (Mitch Robles) y la madre de Marina (Llúcia Garcia). Foto: ©Elastica Films. 

Simón amplía su paleta de recursos 

Romería sigue una estructura capitular que aún no conocíamos del resto del corpus cinematográfico de Simón. Marina va conociendo a su familia de a pedazos, juntando las piezas del gran puzzle que es el clan burgués (dueños de un astillero) y todos sus miembros con sus relaciones complejas. Los intertítulos y los sellos de fecha acompañados de voces en off crean una doble narración: la de Marina en 2004, con las preguntas que se hace (“¿Qué persona sería si me hubiese criado con la familia de mi padre?”, “¿Llevar la misma sangre te hace de la misma familia?”) a medida de lo que va viviendo y descubriendo; y la de su madre entre 1983 y 1986, que relata sus vivencias con Fon. A la vez, el uso de tres formatos visuales diferentes marca los saltos de perspectivas. Por una parte, la hermosa cinematografía nítida de Helène Louvart, con sus azules profundos y rayos de sol del Atlántico, que marca nuestra narradora omnisciente y refleja la distancia emocional de Marina frente a su familia que apenas conoce. Por otro lado, la joven aspirante a cineasta explora y captura sus impresiones de los espacios que una vez habitaron sus progenitores y lo que queda de ellos en Vigo con una cámara Handycam. Al estilo casero, filma el mar y el puerto vigués, las vistas al edificio donde vivieron, los paisajes gallegos. Graba de forma imperfecta, como lo haría una chica de 18 años en 2004 que no maneja a menudo una cámara y que va improvisando. Y por último, el grano analógico que representa cómo Marina imagina el pasado de sus padres.

Marina (Llúcia Garcia) imaginando a sus padres. Foto: ©Elastica Films. 

Algo nuevo en el universo cinematográfico de Simón es el uso de una banda sonora, ya que en sus otras películas usó solamente música diegética (música que sale directamente de una escena y que los propios personajes oyen). Compuesta por el músico Ernest Pipó, el hermano de la cineasta y colaborador recurrente en sus proyectos, la banda sonora aparece en momentos en que Marina se siente cercana a sus padres, cuenta Simón en una entrevista para elDiario.es.

Y hablando de música: Hay una escena musical magnífica con el tema “Bailaré sobre tu tumba” de la banda viguesa Siniestro Total a la que no sabría hacer justicia describiéndola, y que, como el resto de la película, merece ser vista en la gran pantalla. La otra cosa que estrenó Simón con su tercer largometraje es trabajar con una coreógrafa, Tuixén Benet.

La escena musical coreografiada. Foto: ©Elastica Films. 

Radiografía de una familia burguesa 

Las escenas con la familia de Marina (Miryam Gallego, Tristán Ulloa, Sara Casanovas) son un retrato de una burguesía conservadora gallega en la cual cada generación, desde los abuelos hasta los nietos, trata de forma diferente el pasado de sus parientes fallecidos: los que lo intentan callar por completo por vergüenza y miedo a manchar su estatus social, los que vieron morir a su hermano y sus amigos poco a poco y tienen sus propias versiones de la historia, y los que ya no lo vivieron pero flotan entre los relatos de sus padres y sus prejuicios. Para sus abuelos, que la tratan con frialdad, Marina es el recordatorio viviente de lo que le pasó a su hijo y lo que les avergüenza, y el resto de la familia intenta tapar la herida con más y más vendas. Pero las relaciones de complicidad y honestidad con su primo Nuno (Mitch Robles) y su tío Iago (Alberto Gracia), le dan un poco de claridad en medio de ese mar turbio de tabúes y secretos que navega su familia.

Tal y como lo dijo Simón, lo que se crea es una especie de juego del teléfono en el cual ningún recuerdo es del todo fiable, ya que cada personaje, de forma más o menos consciente, recuerda según su conveniencia y punto de vista. Marina lo absorbe todo con una cierta distancia e incomodidad, consciente de su papel de la oveja negra recién llegada que está sacudiendo la caja de Pandora que había sido enterrada en las profundidades.

Los abuelos de Marina (Jose Ángel Egido y Marina Troncoso). Foto: ©Elastica Films. 

Hay una escena que marca muy bien la dinámica intergeneracional de la familia y la mirada de clase de la directora. En un momento en la casa de los abuelos, todos los primos y primas se ponen en una hilera para recibir una paga del abuelo (José Ángel Egido), sentado como el patriarca de la familia junto a su caja llena de billetes de 50€. Notamos la torpeza e incomodidad de Marina, que viene de una familia con una estructura mucho menos jerárquica y que se opone a ser “comprada”.

La fuerza está en la sutileza 

Pequeño spoiler: No llegamos a una pelea familiar explosiva al estilo Casa en flames – porque en el centro no está ni la familia ni la necesidad de dramatizar la trama hasta un momento culminante para subrayar la gravedad de los temas tratados, la adicción a las drogas y el sida. Cuando vemos las escenas imaginadas de los 80, tenemos que recordar que estamos dentro de la cabeza de una adolescente que mitifica y, hasta un cierto punto, romantiza la libertad que buscaban sus padres biológicos. Ningún aspecto de la obra es separable de la subjetividad emocional de Marina, y por ente, de Carla Simón, quien plasma mucho de ella misma en el personaje que ha creado. 

Marina (Llúcia Garcia) con su tío Iago (Alberto Gracia). Foto: ©Elastica Films 

Un viaje sin rencor 

Simón relata sin rencor ni prejuicio. Ha remarcado mucho que su intención era que Marina hiciera su viaje desde la curiosidad y la empatía, no desde el conflicto, algo que se nota en el acercamiento que hace el personaje. Al recibir informaciones nuevas o que contradicen lo que se le contó antes, su reacción es asimilarlo y procesarlo por sí misma. Es muy observadora de las dinámicas de su familia, que apenas acaba de conocer, y del contexto socioeconómico que les marca en su forma de ser y actuar. A la vez mantiene una distancia, quizás crítica, quizás cautelosa. Al fin y al cabo lo que funciona en esta obra es que la historia de los padres de Marina ni se idealiza ni se presenta como moraleja. Tampoco es un consuelo, ya que no es lo que la joven busca ni lo que Carla Simón pretende con su obra. Es la búsqueda, y quizá el hallazgo, de una vía de expresión para las preguntas fundamentales sobre una misma y sus orígenes. 

Romería es un peregrinaje al pasado, una imaginación de lo que fue y lo que significó, una meditación sobre los relatos distorsionados e incompletos. Sobre el dolor no de haber perdido a alguien, sino de nunca haberle conocido bien. Sobre el intento de una reconciliación con las dudas que siempre quedarán. Y sobre la búsqueda de asideros a los que agarrarse. 

Y para terminar con un tono un poco más ligero: aquellas y aquellos para quienes ahora septiembre cierra oficialmente el verano, no os preocupéis – os podéis dar un último chapuzón fresco en el Atlántico gallego y absorber los rayos de luz del film. Y allí no acaba: después de la proyección en el Babylon Kino habrá un coloquio moderado por mi, Olivia López Bremme, acompañado de un aperitivo mediterráneo por gentileza de la bodega mallorquina Ànima Negra y el hotel catalán GatRooms. ¡Estamos deseando veros allí!

Marina (Llúcia Garcia) explorando Vigo. Foto: ©Elastica Films. 

Foto de portada: ©Elastica Films 

El Cicle Gaudí en Berlín está organizado por la Acadèmia del Cinema Català, en colaboración con el Institut Ramon Llull, la participación de la bodega Ànima Negra y del hotel Gat Point Charlie (Gat Rooms) y el apoyo del cine Babylon y de la revista Desbandada.

La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

Y para celebrar que nos hemos conocido, GatRooms ofrece un descuento a los amigos del Cicle Gaudí en Berlín: “Donde vives la cultura, también descansas”: 15 % de descuento en los hoteles GATROOMS, con el código GAT15.

Próximas películas del Cicle Gaudí en Berlín 

17.10.2026 SIRAT Dir: Oliver Laxe (Francés y castellano. (OmU)


SÁBADO, 19.09 16:00 h BABYLON, Rosa Luxemburg Str. 30, Berlín ROMERÍA [Catalán y castellano (OmU)] 

España 2025, Dir: Carla Simón, con Llúcia Garcia Torras, Mitch Robles, Tristán Ulloa, Marina Troncoso, Miryam Gallego, Sara Casasnovas, Alberto Gracia, José Ángel Egido, Janet Novás, Celine Tyll. 111 Min.


Pelegrinatge cap a la incertesa: Romería de Carla Simón 


Després de la pausa d’estiu, arrenquem amb molta il·lusió la nova temporada del Cicle Gaudí Berlín el dissabte 19 de setembre amb Romería (2025), la darrera obra de la cineasta i escriptora barcelonina Carla Simón, i alhora la tercera peça de la seva tríada autoficcional i de memòria familiar, juntament amb Estiu 1993 (2017) i Alcarràs (2022).

La guanyadora de tres Goyas per Estiu 1993 i de l’Ós d’Or de la Berlinale per Alcarràs, va tornar a les pantalles el setembre de l’any passat amb una vegada més una història que reflecteix les seves vivències i records familiars, barrejant-los amb les llicències de la ficció. La cineasta, coneguda pel seu estil íntim, naturalista i valent, va començar rememorant la construcció de la seva família adoptiva després de la mort de la seva mare a Estiu 1993, va continuar amb un retrat de la vida agrícola a La Garrotxa catalana de la seva família materna a Alcarràs, i ara amb aquesta pel·lícula tanca amb l’exploració de la família paterna gallega.

La directora Carla Simón amb el Mitch Robles i la Llúcia Garcia. Foto: ©Sarah Meyssonnier (Reuters).

Estrenada a la gran pantalla del Festival de Cannes 2025, l’obra va seguir amb la seva presentació a les sales de cinema espanyoles i es va emportar un Premi Gaudí a la Millor interpretació revelació (Llúcia Garcia) i onze nominacions en conjunt per als Premis Goya i els Gaudí. 

Per als qui estan familiaritzats amb festes catòliques, la direcció que pren aquesta pel·lícula ja la revela vagament el títol: un viatge o un pelegrinatge religiós que s’adreça al santuari o ermita d’una verge o un sant patró del lloc – o una festa popular amb balls, menjars compartits i vestits tradicionals. 

La trama comença amb la recent adulta Marina (Llúcia Garcia) que, en necessitar un document familiar per a una beca universitària, viatja per primera vegada a Galícia a conèixer la família del seu pare biològic i reconstruir el passat dels seus pares. La jove, l’alter ego de Simón, s’havia quedat òrfena amb pocs anys a causa de la sida pel consum d’heroïna i va ser adoptada per la família materna, els seus tiets i cosins catalans. Creixent sense cap vincle amb la part paterna, el viatge a Vigo, la ciutat natal del seu pare biològic, suposa per a ella una recerca de connexió amb els seus oncles i tietes, avis i cosins paterns per saber més sobre les seves arrels. Però des del principi es troba amb una constel·lació familiar complicada, marcada pel silenci i els secrets sobre els problemes de drogues d’un passat dolorós no gaire llunyà. Més que aclarir-li les preguntes sobre el passat dels seus pares, els seus familiars li creen encara més confusions amb relats subjectius, fragmentats i contradictoris. 

La Marina (Llúcia Garcia) a la casa dels seus avis amb la seva família paterna. Foto: ©Elastica Films. 

Una història basada en antigues cartes 

La nostra protagonista es guia pel diari de la seva mare, escrit en català, que li relata allò que els seus familiars, els Piñeiro, no poden o volen explicar: la història d’una addicció que va acabar amb dues vides. Curiosament, en la història real de la mare de Carla Simón, el diari no va existir, i el va compondre per a la pel·lícula a base de fragments de cartes que la seva mare havia enviat a les seves amigues. 

La cineasta va explicar a la seva entrevista amb Cadena SER que la idea per a la pel·lícula va partir de la seva frustració amb no tenir propis records de la seva mare, i la curiositat per entendre la manera com veia i sentia el món. Crear la pel·lícula per a ella va ser un alliberament, un instrument per crear aquestes imatges que sempre li havien faltat. 

La Marina (Llúcia Garcia) buscant respostes. Foto: ©Elastica Films. 

Homenatge a la generació perduda 

La causa de la mort dels pares de la Marina és un tema que va impactar severament tota una generació de l’Espanya dels 80 i 90 i és molt poc present a la memòria pública del país. Amb l’entrada de drogues sintètiques a la societat espanyola als 70, en un auge de recerca de llibertat després del final de la dictadura franquista, molts joves van caure a les urpes de l’heroïna i es va generar una greu crisi de salut pública i seguretat ciutadana. La conseqüent aparició del virus VIH, la sida i les malalties com l’hepatitis B i C va augmentar exponencialment la mortalitat dels seus consumidors per via intravenosa – i l’estigma creat sobretot pel VIH i el seu desconeixement va aïllar encara més la població afectada. El fet que en una Espanya encara profundament homòfoba un percentatge important de les víctimes de la sida fossin homes homosexuals, explica que la malaltia, batejada com el “càncer gai”, fos tractada amb vergonya i descuit. «La generació perduda», com se’ls anomena els morts, és una ferida oberta de la història d’Espanya que Romería desestigmatitza. 

El Fon (Mitch Robles) i la mare de la Marina (Llúcia Garcia). Foto: ©Elastica Films.

Simón amplia la seva paleta de recursos

Romería segueix una estructura capitular que encara no coneixíem de la resta del corpus cinematogràfic de Simón. La Marina va coneixent la seva família de trossos, ajuntant les peces del gran puzle que és el clan burgès (amos d’una drassana) i tots els seus membres amb les seves relacions complexes. Els intertítols i els segells de data acompanyats de veus en off creen una doble narració: la de la Marina el 2004, amb les preguntes que es fa (“Quina persona seria si m’hagués criat amb la família del meu pare?”, “Portar la mateixa sang et fa de la mateixa família?”) a mesura del que va vivint i descobrint; i la de la seva mare entre el 1983 i el 1986, que relata les seves vivències amb el Fon. Alhora, l’ús de tres formats visuals diferents marca els salts de perspectives. D’una banda, la preciosa cinematografia nítida de l’Helène Louvart, amb els seus blaus profunds i raigs de sol de l’Atlàntic, que marca la nostra narradora omniscient i reflecteix la distància emocional de la Marina davant de la família que amb prou feines coneix. D’altra banda, la jove aspirant a cineasta explora i captura les seves impressions dels espais que una vegada van habitar els seus progenitors i el que en queda a Vigo amb una càmera Handycam. A l’estil casolà, filma el mar i el port viguès, les vistes a l’edifici on van viure, els paisatges gallecs. Grava de manera imperfecta, com ho faria una noia de 18 anys el 2004 que no maneja sovint una càmera i que va improvisant. I finalment, el gra analògic que representa com la Marina s’imagina el passat dels seus pares.

La Marina (Llúcia Garcia) imaginant els seus pares. Foto: ©Elastica Films.

Una cosa nova a l’univers cinematogràfic de Simón és l’ús d’una banda sonora, ja que en les altres pel·lícules va fer servir només música diegètica (música que surt directament d’una escena i que els mateixos personatges senten). Composta pel músic Ernest Pipó, el germà de la cineasta i col·laborador recurrent en els seus projectes, la banda sonora apareix en moments en què la Marina se sent propera als seus pares, explica Simón en una entrevista per a elDiario.es. 

I parlant de música: Hi ha una escena musical magnífica amb el tema “Bailaré sobre tu tumba” de la banda viguesa Siniestro Total a la que no sabria fer justícia descrivint-la, i que, com la resta de la pel·lícula, mereix ser vista a la gran pantalla. L’altra cosa que ha estrenat Simón amb el seu tercer llargmetratge és treballar amb una coreògrafa, la Tuixén Benet. 

L’escena musical coreografiada. Foto: ©Elastica Films. 

Radiografia d’una família burgesa 

Les escenes amb la família de la Marina (Miryam Gallego, Tristán Ulloa, Sara Casanovas) són un retrat d’una burgesia conservadora gallega en la qual cada generació, des dels avis fins als néts, tracta de forma diferent el passat dels seus familiars morts: els que ho intenten callar completament per vergonya i por de tacar el seu estatus social, els que van veure morir el seu germà i amics mica en mica i tenen les seves pròpies versions de la història, i els que ja no ho van viure però suren entre els relats dels seus pares i els seus prejudicis. Pels seus avis, que la tracten amb fredor, l Marina és el recordatori vivent del que li va passar al seu fill i el que els avergonyeix, i la resta de la família intenta tapar la ferida amb més i més benes. Però les relacions de complicitat i honestedat amb el seu cosí Nuno (Mitch Robles) i el seu oncle Iago (Alberto Gracia), li donen una mica de claredat enmig d’aquell mar tèrbol de tabús i secrets que navega la seva família. 

Tal com ho va dir Simón, el que es crea és una mena de joc del telèfon en el qual cap record és del tot fiable, ja que cada personatge, de forma més o menys conscient, recorda segons la seva conveniència i punt de vista. La Marina ho absorbeix tot amb una certa distància i incomoditat, conscient del seu paper de l’ovella negra nouvinguda que està sacsejant la caixa de Pandora que havia estat enterrada a les profunditats. 

Els avis de la Marina (Jose Ángel Egido i Marina Troncoso). Foto: ©Elastica Films. 

Hi ha una escena que marca molt bé la dinàmica intergeneracional de la família i la mirada de classe de la directora. En un moment a casa dels avis, tots els cosins i cosines es posen en una filera per rebre una paga de l’avi (José Ángel Egido), assegut com el patriarca de la família al costat de la seva caixa plena de bitllets de 50€. Notem la poca traça i la incomoditat de la Marina, que ve d’una família amb una estructura molt menys jeràrquica i que s’oposa a ser “comprada”. 

La força està en la subtilesa 

Petit spoiler: No arribem a una baralla familiar explosiva a l’estil Casa en flames – perquè al centre no hi és ni la família ni la necessitat de dramatitzar la trama fins a un moment culminant per a subratllar la gravetat dels temes tractats, l’addicció a les drogues i el sida. Quan veiem les escenes imaginades dels 80, hem de recordar que estem dins del cap d’una adolescent que mitifica i, fins a un cert punt, romantitza la llibertat que cercaven els pares biològics. Cap aspecte de l’obra no és separable de la subjectivitat emocional de la Marina, i per ens, de la Carla Simón, que plasma molt d’ella mateixa en el personatge que ha creat. 

La Marina (Llúcia Garcia) amb el seu oncle Iago (Alberto Gracia). Foto: ©Elastica Films. 

Un viatge sense rancor 

Simó relata sense rancúnia ni prejudici. Ha remarcat molt que la seva intenció era que la Marina fes el viatge des de la curiositat i l’empatia, no des del conflicte, cosa que es nota en l’acostament que fa el personatge. En rebre informacions noves o que contradiuen el que se li havia explicat abans, la seva reacció és assimilar-ho i processar-ho per si mateixa. És molt observadora de les dinàmiques de la seva família, que tot just acaba de conèixer, i del context socioeconòmic que els marca en la seva manera de ser i actuar. Alhora, manté una distància, potser crítica, potser cautelosa. Al capdavall el que funciona en aquesta obra és que la història dels pares de la Marina ni s’idealitza ni es presenta com a moralitat. Tampoc no és un consol, ja que no és el que la jove busca ni el que la Carla Simón pretén amb la seva obra. És la recerca, i potser la troballa, d’una via d’expressió per a les preguntes fonamentals sobre una mateixa i els seus orígens. 

Romería és un pelegrinatge al passat, una imaginació del que va ser i el que va significar, una meditació sobre els relats distorsionats i incomplets. Sobre el dolor no d’haver perdut algú, sinó mai haver-lo conegut bé. Sobre l’intent d’una reconciliació amb els dubtes que sempre quedaran. I sobre la recerca d’anses a les quals agafar-se. 

I per acabar amb un to una mica més lleuger: aquelles i aquells per als quals ara setembre tanca oficialment l’estiu, no us preocupeu – us podeu fer una última capbussada fresca a l’Atlàntic gallec i absorbir els raigs de llum del film. I allà no s’acaba: després de la projecció al Babylon Kino hi haurà un col·loqui moderat per mi, Olivia López Bremme, acompanyat d’un aperitiu mediterrani per gentilesa del celler mallorquí Ànima Negra i l’hotel català GatRooms. Us hi esperem amb moltes ganes! 

Marina (Llúcia Garcia) explorando Vigo. Foto: ©Elastica Films. 

Foto de portada: Elastica Films 

El Cicle Gaudí en Berlín está organizado por la Acadèmia del Cinema Català, en colaboración con el Institut Ramon Llull, la participación de la bodega Ànima Negra y del hotel Gat Point Charlie (Gat Rooms) y el apoyo del cine Babylon y de la revista Desbandada.

La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

Y para celebrar que nos hemos conocido, GatRooms ofrece un descuento a los amigos del Cicle Gaudí en Berlín: “Donde vives la cultura, también descansas”: 15 % de descuento en los hoteles GATROOMS, con el código GAT15

Properas películas del Cicle Gaudí en Berlín 

17.10.2026 SIRAT Dir: Oliver Laxe (Francés y castellano. (OmU) 

SÁBADO, 19.09 16:00 h BABYLON, Rosa Luxemburg Str. 30, Berlín ROMERÍA [Catalán y castellano (OmU)] 

España 2025, Dir: Carla Simón, con Llúcia Garcia Torras, Mitch Robles, Tristán Ulloa, Marina Troncoso, Miryam Gallego, Sara Casasnovas, Alberto Gracia, José Ángel Egido, Janet Novás, Celine Tyll. 111 Min. 


Pilgerreise in die Ungewissheit: Romería von Carla Simón 

Nach der Sommerpause starten wir am Samstag, dem 19. September, voller Vorfreude in die neue Saison des Cicle Gaudí Berlin mit Romería (2025), dem neuesten Werk der aus Barcelona stammenden Filmemacherin und Schriftstellerin Carla Simón und zugleich dem dritten Teil ihrer autofiktionalen Trilogie über Familienerinnerungen, neben Estiu 1993 (2017) und Alcarràs (2022). 

Die Gewinnerin von drei Goyas1 für Estiu 1993 und des Goldenen Bären der Berlinale für Alcarràs kehrte im September letzten Jahres auf die Leinwand zurück – erneut mit einer Geschichte, die ihre eigenen Erlebnisse und Familienerinnerungen widerspiegelt und diese mit den Freiheiten der Fiktion vermischt. Die Filmemacherin, bekannt für ihren intimen, naturalistischen und mutigen Stil, begann in Estiu 1993 mit der Schilderung der Entstehung ihrer Adoptivfamilie nach dem Tod ihrer Mutter, setzte dies in Alcarràs mit einem Porträt des bäuerlichen Lebens ihrer mütterlichen Familie in der katalanischen Region La Garrotxa fort und schließt nun mit Romería die Erkundung ihrer galicischen väterlichen Familie ab.

Die Regisseurin Carla Simón mit Mitch Robles und Llúcia Garcia. Foto: Sarah Meyssonnier (Reuters). 

Der Film feierte seine Premiere auf der großen Leinwand des Filmfestivals von Cannes 2025, wurde anschließend in den spanischen Kinos gezeigt, gewann einen Gaudí-Preis2 für die beste Nachwuchsdarstellerin (Llúcia Garcia) und wurde insgesamt elf Mal für die Goya- und die Gaudí-Preise nominiert.

Wer mit katholischen Festen vertraut ist, dem verrät der Titel – auf Deutsch Wallfahrt – bereits vage, in welche Richtung dieser Film geht: eine Reise oder eine religiöse Pilgerfahrt zum Heiligtum oder zur Kapelle einer Jungfrau oder eines örtlichen Schutzheiligen – oder ein spanisches Volksfest mit Tänzen, gemeinsamen Mahlzeiten und traditionellen Trachten.

Die Handlung beginnt mit der gerade erst volljährig gewordenen Marina (Llúcia Garcia), die, da sie für ein Universitätsstipendium ein Familiendokument benötigt, zum ersten Mal nach Galicien3 reist, um die Familie ihres leiblichen Vaters kennenzulernen und die Vergangenheit ihrer Eltern zu rekonstruieren. Die junge Frau, das Alter Ego von Simón, war schon in jungen Jahren aufgrund von AIDS infolge von Heroinkonsum zur Waise geworden und wurde von ihrer mütterlichen Familie, ihrer katalanischen Tante, Onkel und Cousins adoptiert. Da sie ohne jegliche Verbindung zur väterlichen Seite aufgewachsen ist, bedeutet die Reise nach Vigo, der Geburtsstadt ihres leiblichen Vaters, für sie eine Suche nach einer Verbindung zu ihren Tanten und Onkeln, Großeltern und Cousins väterlicherseits, um mehr über ihre Wurzeln zu erfahren. Doch von Anfang an sieht sie sich mit einer komplizierten Familienkonstellation konfrontiert, die von Schweigen und Geheimnissen um die Drogenprobleme einer nicht allzu fernen, schmerzhaften Vergangenheit geprägt ist. Anstatt ihre Fragen zur Vergangenheit ihrer Eltern zu klären, sorgen ihre Verwandten mit subjektiven, bruchstückhaften und widersprüchlichen Erzählungen nur für noch mehr Verwirrung. 

Marina (Llúcia Garcia) im Haus ihrer Großeltern mit ihrer Familie väterlicherseits. Foto: Elastica Films.

Eine Geschichte, die auf alten Briefen basiert 

Unsere Protagonistin orientiert sich an dem Tagebuch ihrer Mutter, das auf Katalanisch verfasst ist und aus dem sie erfährt, was ihre Verwandten, die Piñeiros, nicht erzählen können oder wollen: die Geschichte einer Sucht, die zwei Leben zerstörte. Interessanterweise existierte in der wahren Geschichte von Carla Simóns Mutter kein solches Tagebuch; sie hat es für den Film aus Fragmenten von Briefen zusammengestellt, die ihre Mutter an ihre Freundinnen geschickt hatte. 

Die Filmemacherin erzählte in ihrem Interview mit dem Radiosender Cadena SER, dass die Idee für den Film aus ihrer Frustration darüber entstand, keine eigenen Erinnerungen an ihre Mutter zu haben, sowie aus der Neugier, zu verstehen, wie diese die Welt sah und empfand. Den Film zu drehen war für sie eine Befreiung, ein Mittel, um jene Bilder zu erschaffen, die ihr immer gefehlt hatten. 

Marina (Llúcia Garcia) auf der Suche nach Antworten. Foto: Elastica Films. 

Hommage an die verlorene Generation 

Die Todesursache von Marinas Eltern ist ein Thema, das eine ganze Generation im Spanien der 80er und 90er Jahre tief erschütterte und im öffentlichen Gedächtnis des Landes kaum noch präsent ist. Mit dem Einzug synthetischer Drogen in die spanische Gesellschaft in den 70er Jahren, in einer Zeit, in der nach dem Ende der Franco-Diktatur das Streben nach Freiheit einen Höhepunkt erreichte, gerieten viele junge Menschen in die Fänge des Heroins, was zu einer schweren Krise im Bereich der öffentlichen Gesundheit und Sicherheit führte. Das daraus resultierende Auftreten des HIV-Virus, von AIDS und Krankheiten wie Hepatitis B und C führte zu einem exponentiellen Anstieg der Sterblichkeit unter den intravenös konsumierenden Drogenabhängigen – und das vor allem durch HIV und Unwissenheit geschaffene Stigma isolierte die betroffene Bevölkerungsgruppe noch weiter. Die Tatsache, dass in einem noch immer zutiefst homophoben Spanien ein erheblicher Anteil der AIDS-Opfer homosexuelle Männer waren, erklärt, warum die Krankheit, die als „Schwulenkrebs“ bezeichnet wurde, mit Scham und Vernachlässigung behandelt wurde. „Die verlorene Generation“, wie die Verstorbenen genannt werden, ist eine offene Wunde in der Geschichte Spaniens, die Romería entstigmatisiert. 

Fon (Mitch Robles) und Marinas Mutter (Llúcia Garcia). Foto: Elastica Films. 

Simón erweitert ihr Spektrum an Mitteln 

Romería folgt einer kapitelartigen Struktur, die wir aus dem übrigen filmischen Werk von Simón bisher noch nicht kannten. Marina lernt ihre Familie Stück für Stück kennen und setzt die Teile des großen Puzzles zusammen, das dieser bürgerliche Clan (Besitzer einer Werft) mit all seinen Mitgliedern und deren komplexen Beziehungen darstellt. Die Zwischentitel und Datumsstempel, begleitet von Off-Stimmen, schaffen eine doppelte Erzählung: die von Marina im Jahr 2004 mit den Fragen, die sie sich stellt („Was für ein Mensch wäre ich, wenn ich bei der Familie meines Vaters aufgewachsen wäre?“, „Macht das gemeinsame Blut einen zur Familie?“), während sie nach und nach erlebt und entdeckt; und die ihrer Mutter zwischen 1983 und 1986, die von ihren Erlebnissen mit Fon erzählt. Gleichzeitig markiert der Einsatz von drei verschiedenen visuellen Formaten die Perspektivwechsel. Einerseits die wunderschöne, klare Kameraführung von Helène Louvart mit ihren tiefen Blautönen und den Sonnenstrahlen des Atlantiks, die unsere allwissende Erzählerin kennzeichnet und Marinas emotionale Distanz zu ihrer Familie widerspiegelt, die sie kaum kennt. Andererseits erkundet die junge angehende Filmemacherin mit einer Handycam die Orte, an denen ihre Eltern einst lebten, und hält ihre Eindrücke von dem fest, was in Vigo von ihnen übrig geblieben ist. Im Stil eines Amateurfilms nimmt sie das Meer und den Hafen von Vigo auf, die Ausblicke auf das Gebäude, in dem sie lebten, sowie die galicischen Landschaften. Sie filmt amateurhaft , so wie es eine 18-Jährige im Jahr 2004 tun würde, die nicht oft mit einer Kamera umgeht und improvisiert. Und schließlich das analoge Bild, das zeigt, wie Marina sich die Vergangenheit ihrer Eltern vorstellt. 

Marina (Llúcia Garcia) stellt sich ihre Eltern vor. Foto: Elastica Films. 

Neu im filmischen Universum von Simón ist der Einsatz eines Soundtracks, da sie in ihren anderen Filmen ausschließlich diegetische Musik verwendete (Musik, die direkt aus einer Szene stammt und von den Figuren selbst gehört wird). Der Soundtrack, komponiert vom Musiker Ernest Pipó – dem Bruder der Filmemacherin und regelmäßigen Mitarbeiter an ihren Projekten –, erklingt in Momenten, in denen Marina sich ihren Eltern nahe fühlt, wie sie in einem Interview mit der Digitalzeitung elDiario.es erzählt. 

Apropos Musik: Es gibt eine großartige Musikszene mit dem Titel „Bailaré sobre tu tumba“ der Band Siniestro Total aus Vigo, der ich mit einer Beschreibung nicht gerecht werden könnte und die es, wie der Rest des Films, verdient, auf der großen Leinwand gesehen zu werden. Eine weitere Neuerung, die Simón mit ihrem dritten Spielfilm eingeführt hat, ist die Zusammenarbeit mit einer Choreografin, Tuixén Benet. 

Die choreografierte Musikszene. Foto: Elastica Films. 

Porträt einer bürgerlichen Familie 

Die Szenen mit Marinas Familie (Miryam Gallego, Tristán Ulloa, Sara Casanovas) zeichnen ein Bild der konservativen galicischen Bourgeoisie, in der jede Generation – von den Großeltern bis zu den Enkeln – unterschiedlich mit der Vergangenheit ihrer verstorbenen Angehörigen umgeht: Die einen versuchen, sie aus Scham und Angst, ihren sozialen Status zu gefährden, gänzlich zu verschweigen; die anderen sahen ihren Bruder und ihre Freund*innen nach und nach sterben und haben ihre eigenen Versionen der Geschichte; und wieder andere haben es nicht selbst erlebt, bewegen sich aber zwischen den Erzählungen ihrer Eltern und ihren Vorurteilen. Für ihre Großeltern, die sie kühl behandeln, ist Marina die lebendige Erinnerung daran, was ihrem Sohn widerfahren ist und wofür sie sich schämen, und der Rest der Familie versucht, die Wunde mit immer mehr Verbänden zu überdecken. Doch die von Vertrautheit und Ehrlichkeit geprägten Beziehungen zu ihrem Cousin Nuno (Mitch Robles) und ihrem Onkel Iago (Alberto Gracia) verschaffen ihr ein wenig Klarheit inmitten dieses trüben Meeres aus Tabus und Geheimnissen, durch das ihre Familie navigiert. 

Wie Simón es bereits sagte, entsteht dabei eine Art „Stille Post“, bei der keine Erinnerung ganz zuverlässig ist, da sich jede Figur – mehr oder weniger bewusst – so erinnert, wie es ihr gerade passt und wie sie die Dinge aus ihrer Perspektive sieht. Marina nimmt das alles mit einer gewissen Distanz und Unbehagen wahr, wohl wissend, dass sie die Rolle des neu angekommenen schwarzen Schafs spielt, das eine Pandora-Büchse aufrüttelt, die tief vergraben war. 

Marinas Großeltern (Jose Ángel Egido und Marina Troncoso). Foto: Elastica Films. 

Es gibt eine Szene, die die generationsübergreifende Dynamik der Familie und den Blick auf Klassenverhältnisse der Regisseurin sehr gut verdeutlicht. In einem Moment im Haus der Großeltern stellen sich alle Cousins und Cousinen in einer Reihe auf, um Geld vom Großvater (José Ángel Egido) zu erhalten, der wie der Patriarch der Familie neben seiner Kiste voller 50-Euro-Scheine sitzt. Man spürt die Unbeholfenheit und das Unbehagen von Marina, die aus einer Familie mit einer weitaus weniger hierarchischen Struktur stammt und sich dagegen wehrt, „gekauft“ zu werden. 

Wer mit katholischen Festen vertraut ist, dem verrät der Titel – auf Deutsch Wallfahrt – bereits vage, in welche Richtung dieser Film geht: eine Reise oder eine religiöse Pilgerfahrt zum Heiligtum oder zur Kapelle einer Jungfrau oder eines örtlichen Schutzheiligen – oder ein spanisches Volksfest mit Tänzen, gemeinsamen Mahlzeiten und traditionellen Trachten. 

Die Stärke liegt in der Subtilität 

Kleiner Spoiler: Es kommt nicht zu einem explosiven Familienstreit im Stil von Der Vorname – denn im Mittelpunkt stehen weder die Familie noch die Notwendigkeit, die Handlung bis zu einem Höhepunkt zu dramatisieren, um die Schwere der behandelten Themen – Drogenabhängigkeit und AIDS – zu unterstreichen. Wenn wir die imaginären Szenen aus den 80er Jahren sehen, müssen wir uns daran erinnern, dass wir uns im Kopf einer Teenagerin befinden, die die Freiheit, nach der ihre leiblichen Eltern strebten, mythologisiert und bis zu einem gewissen Grad romantisiert. Kein Aspekt des Werks ist von der emotionalen Subjektivität Marinas zu trennen – und damit auch nicht von der von Carla Simón, die viel von sich selbst in die von ihr geschaffene Figur einfließen lässt. 

Marina (Llúcia Garcia) mit ihrem Onkel Iago (Alberto Gracia). Foto: Elastica Films. 

Eine Reise ohne Groll 

Simón erzählt ohne Groll und ohne Vorurteile. Sie hat immer wieder betont, dass es ihre Absicht war, dass Marina ihre Reise aus Neugier und Empathie heraus unternimmt und nicht aus einem Konflikt heraus – was sich in der Herangehensweise der Figur deutlich zeigt. Wenn sie neue Informationen erhält oder solche, die im Widerspruch zu dem stehen, was ihr zuvor erzählt wurde, reagiert sie darauf, indem sie diese selbst aufnimmt und verarbeitet. Sie beobachtet sehr aufmerksam die Dynamiken ihrer Familie, die sie gerade erst kennengelernt hat, sowie den sozioökonomischen Kontext, der ihr Wesen und Handeln prägt. Gleichzeitig bewahrt sie eine gewisse Distanz, vielleicht kritisch, vielleicht vorsichtig. Letztendlich funktioniert dieses Werk gerade deshalb so gut, weil die Geschichte von Marinas Eltern weder idealisiert noch als moralische Lehre dargestellt wird. Sie ist auch kein Trost, denn das ist weder das, wonach die junge Frau sucht, noch das, was Carla Simón mit ihrem Werk beabsichtigt. Es ist die Suche – und vielleicht auch das Finden – einer Ausdrucksform für die grundlegenden Fragen nach sich selbst und ihren Wurzeln. 

Romería ist eine Pilgerreise in die Vergangenheit, eine Vorstellung davon, was einmal war und was es bedeutete, eine Meditation über verzerrte und unvollständige Erzählungen. Über den Schmerz, nicht jemanden verloren zu haben, sondern ihn nie richtig kennengelernt zu haben. Über den Versuch einer Versöhnung mit den Zweifeln, die immer bestehen bleiben werden. Und über die Suche nach Anhaltspunkten, an denen man sich festhalten kann. 

Und um mit einem etwas leichteren Ton zu schließen: Alle, für die der September nun offiziell den Sommer beendet, macht euch keine Sorgen – ihr könnt noch ein letztes Mal im frischen galicischen Atlantik planschen und die Lichtstrahlen des Films in euch aufnehmen. Und damit ist noch nicht Schluss: Nach der Vorführung im Babylon Kino findet eine von mir, Olivia López Bremme, moderierte Diskussionsrunde statt, begleitet von einem mediterranen Aperitif, der freundlicherweise von der mallorquinischen Weinkellerei Ànima Negra und dem katalanischen Hotel GatRooms zur Verfügung gestellt wird. Wir freuen uns darauf, euch dort zu sehen! 

Marina (Llúcia Garcia) erkundet Vigo. Foto: Elastica Films. 

Titelbild: ©Elastica Films 

Der Cicle Gaudí in Berlin wird von der Acadèmia del Cinema Català in Zusammenarbeit mit dem Institut Ramon Llull, unter Mitwirkung des Weinguts Ànima Negra und des Hotels Gat Point Charlie (Gat Rooms) sowie mit Unterstützung des Kinos Babylon und der Zeitschrift Desbandada organisiert.

La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

Und um unser Kennenlernen zu feiern, bietet GatRooms den Freund*innen des Cicle Gaudí in Berlin einen Rabatt an: „Wo du Kultur erlebst, kannst du auch entspannen”: 15 % Rabatt in den GATROOMS-Hotels mit dem Code GAT15

Kommende Filme des Cicle Gaudí in Berlin 

17.10.2026 SIRAT Regie: Oliver Laxe (Französisch und Spanisch, (OmU) 

SAMSTAG, 19.09 16:00 h BABYLON, Rosa Luxemburg Str. 30, Berlin ROMERÍA [Katalanisch und Spanisch (OmU)] 

Spanien 2025, Regie: Carla Simón, mit Llúcia Garcia Torras, Mitch Robles, Tristán Ulloa, Marina Troncoso, Miryam Gallego, Sara Casasnovas, Alberto Gracia, José Ángel Egido, Janet Novás, Celine Tyll. 111 Min.


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Olivia López Bremme

Un comentario sobre “Peregrinaje hacia la incertidumbre: Romería de Carla Simón

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