Ser o no ser el mejor pianista del mundo: Wolfgang de Javier Ruiz Caldera

Para celebrar Sant Jordi, el día del libro y de la rosa, una de las fiestas más populares en Catalunya, el sábado 25 de abril proyectaremos en el Babylon, en el marco del Cicle Gaudí Berlín, la adaptación de la novela juvenil “Wolfgang. L’extraordinari” de Laia Aguilar, distinguida con el premio Carlemany para el fomento de la lectura que se ha convertido en un hit en los institutos de enseñanza media en España entre los pre-adolescentes, traducida también al castellano, al polaco y al holandés.

Siempre resulta interesante tirar del hilo y saber cómo una novela se convierte en una película. En este caso, un amigo de Javier Ruiz Caldera, (Viladecans, Barcelona, 1976), le pidió que leyera el libro para saber si veía una película, aparentemente no para que la dirigiera él, un director especialista en cine fantástico y de acción, conocido por haber renovado el género de la comedia con películas atrevidas e irreverentes como “Spanish movie”, “Anacleto, agente secreto”, “Promoción fantasma” o “3 bodas de más”, que han conectado con los espectadores de toda España. Pero Ruiz Caldera, formado en la ESCAC, proviene del montaje e intenta siempre hacer cosas diferentes, buscar la originalidad y lanzarse sin complejos a la búsqueda de retos nuevos, quedó prendado del libro. «La novela de Laia Aguilar fue un flechazo instantáneo. Mientras lo leía, ya imaginaba los planos. Supe enseguida que se podía adaptar fácilmente y convertirse en una película que emocionara y divirtiera.” El director tiene dos hijas y va mucho al cine con ellas y encuentra a faltar películas que puedan disfrutar tanto ellas como él, películas sobre personajes que aborden emociones y temas un poco más complejos y que al salir del cine den pie a una conversación.

Foto: @Lander Larrañaga. Carles (Miki Esparbé) y Wolfgang (Jordi Catalán), padre e hijo

En Wolfgang, un niño con trastorno del espectro autista (TEA) y altas capacidades se ve obligado a ir a vivir con su padre, a quien no conocía, tras la muerte de su madre. Tanto el uno como el otro tendrán que adaptarse a una situación nueva y compleja: el niño a vivir con un padre inmaduro, poco habituado a las rutinas y el padre deberá aprender a lidiar con las necesidades especiales de un niño superdotado que, además, acaba de perder a su madre. 

A pesar de ser un nombre bastante difícil de pronunciar en nuestras latitudes, Wolfgang fue la gran apuesta comercial del cine catalán del 2025, una comedia familiar y amable, con vocación abiertamente popular que, aun así, aborda cuestiones a menudo consideradas tabú en este tipo de películas como pueden ser los trastornos de conducta infantiles, la complejidad de las relaciones familiares, los cambios que comporta la llegada de nuevas personas en la vida de alguien, la capacidad de adaptación, la empatía y la falta de empatía, el duelo, o el suicidio. Estos temas son tratados con un tono emocional y con pequeñas dosis de humor para que el espectador experimente toda la gama de emociones que atraviesan la vida del joven protagonista. Ruiz Caldera lo tiene claro: “Desde el amor y la comprensión se puede hablar de todo; sólo hace falta acompañar a los jóvenes en el camino de gestionar los sentimientos”.

Foto: @Lander Larrañaga. Wolfgang (Jordi Catalán), se propone ser el mejor pianista del mundo

La gestación de la película fue un proceso de cocción lenta, el director estaba trabajando en distintas series mientras buscaban la financiación y un equipo formado por la autora, Laia Aguilar, junto a Valentina Viso, Carmen Marfà y Santiago Alonso, adaptaba la historia para la pantalla, al tiempo que la directora de casting, Mireia Juárez, emprendía la búsqueda del actor de 10 años que coprotagoniza la película. “Era el reto más difícil de esta película”, afirma Ruiz Caldera, encontrar al niño capaz de transmitir todos los temas de los que habla el libro: la ternura y el duelo, pero con sentido del humor también. “Encontrar al niño era fundamental”, explica. “Fue una prioridad desde el inicio: no quería imaginar la película hasta encontrarlo.” Para ello, se llevó a cabo un amplio proceso de selección que duró varios meses, centrado en tres perfiles —niños dentro del espectro autista, niños pianistas y niños actores—, en el que participaron cerca de 700 candidatos, hasta que apareció Jordi Catalán, que no sabía tocar el piano, pero tiene una mirada tan fascinante y transmite tantas cosas que lo tuvieron clarísimo. “Entonces vi que era posible hacer la película. Es un chaval fantástico, con una ternura especial y una profesionalidad alucinante. Fue consciente de la responsabilidad que tenía, pero este peso nunca le ha jugado en contra, al contrario, siempre vino al rodaje con una predisposición absoluta», le elogia Ruiz Caldera.

Foto: @Lander Larrañaga. Wolfgang (Jordi Catalán)

Un relato de aprendizaje

La adaptación de la novela es bastante fiel en su estructura básica, el niño, la relación con el padre y el viaje a París, pero sí que han introducido algunos cambios interesantes. “En la novela, el personaje del padre no era actor, en la película sí, explica Laia Aguilar (Barcelona, 1976) y esto nos ha permitido introducir el factor de la vanidad y del ego, desde el aspecto más cómico. El padre oscila todo el tiempo entre dar prioridad a sus necesidades por encima de las necesidades de la criatura que acaba de llegar a su vida. Es bonito ver cómo esta lucha se va al traste a lo largo de la película, hasta que se dan cuenta de que son muy importantes el uno para el otro”.

En lo que se refiere a la representación del TEA, contaron con el asesoramiento de la Asociación de Asperger de Barcelona, que leyeron el guion e hicieron algunas sugerencias. “La intención fue siempre normalizar el trastorno -subraya el director-. Wolfgang es autista pero la película no va de esto. Es una característica de un niño al cual le pasan muchas cosas más”.

“Como guionista estoy muy a favor de tener apertura mental y estar abierta a hacer cambios, son muy inspiradores, teniendo en cuenta que son dos lenguajes diferentes, el lenguaje del cine te permite llegar muy lejos. En este sentido, estoy encantada con la adaptación, es la primera vez que me adaptan una novela. El personaje del padre ha crecido mientras el personaje del niño mantiene la ternura, la emoción y el humor de la novela”.

Foto: @Lander Larrañaga. Carles (Miki Esparbé) y Wolfgang (Jordi Catalán), padre e hijo.

“En el libro estás en la cabeza de Wolfgang y entras en sus pensamientos y piensas que no hay nada más profundo que esto, pero, por otro lado, cuando veo cómo Miki Esparbé intenta decirle al niño toda la serie de cosas que le han pasado con esta mezcla de ternura, de emoción, de dolor, de contradicción, esta imagen, para mí, vale más que mil palabras, afirma Laia emocionada. Realmente es así, el cine tiene la fuerza de la imagen y la literatura tiene la fuerza de la palabra y el pensamiento, pero lo que pueden llegar a darte los actores por cámara junto con la música, significa vivir la emoción desde otra perspectiva.” Javier Ruiz Caldera remata, “creo que lo que hemos hecho es poner música a las páginas del libro de Laia”.

Foto: @Lander Larrañaga. La abuela Matilde (Àngels Gonyalosn) y Carles (Miki Esparbé) en el concierto de Wolfgang.

En el primer plano de la película vemos a un niño, Wolfgang, (Jordi Catalán) tocando prodigiosamente el piano del tanatorio donde van a despedir a su madre Ingrid (Nausicaa Bonnín), aunque él sabe que sus células aún no han muerto y que de alguna manera está ahí. Ella era pianista y le transmitió esa pasión a un niño que en la escuela va dos cursos por delante de lo que le correspondería por edad, que aprende rápido y es capaz de tocar como el genio del cual lleva el nombre. Con una mirada inteligente, distante y crítica, Wolfgang cuestiona el mundo de los adultos, al mismo tiempo que denota importantes carencias emocionales y sociales. No tiene amigos, pero cuenta con el amor incondicional de la abuela Matilde (Àngels Gonyalons) y el acompañamiento de la psicóloga Mia que también es su profesora de piano (Anna Castillo) que le da pistas para que pueda acercarse a su padre, Carles, (Miki Esparbé) al que desprecia por “bajo cien” de coeficiente intelectual. Paco (Berto Romero), el agente artístico de Carles, aporta la pincelada humorística a la cinta mientras Wolfgang elabora listas donde ordena fobias, como la lista de cosas inútiles o filias, la lista de lo que necesita para ir a París. Es el secreto que le une con su madre, a la que recuerda a través de los entrañables vídeos que guarda en el ordenador, y el objetivo que le mueve, convencido de que su madre hubiera querido que fuera el mejor pianista del mundo. Para ello, a escondidas, decide probar suerte para entrar en la prestigiosa academia de música Grimald de París, donde estudió su madre, y donde podría convertirse en el mejor pianista del mundo. Cuando Carles descubre esas intenciones, se ve en una encrucijada: debe decidir entre su gran oportunidad como actor o convertirse en el padre que necesita el joven Wolfgang.

Foto: @Lander Larrañaga. Carles (Miki Esparbé) y Wolfgang (Jordi Catalán), padre e hijo a la hora del desayuno.

Era vital que hubiera química y complicidad entre Miki Esparbé y Jordi Catalán. «Se trata de una aventura de conocimiento para los personajes que interpretan. El desprecio inicial del chaval hacia el padre va cambiando hacia un entendimiento mayor. Reconoce sus cosas buenas y disculpa las malas». «Carles es un personaje fenomenal, manifiesta Miki Esparbé, que ha colaborado anteriormente en dos películas de Javier Ruiz Caldera. Me ha encantado hacerlo. Esta historia habla de temas importantísimos en la relación paternofilial, muchas veces lastrada por la falta de sinceridad».

La película alcanza uno de sus puntos álgidos en un concierto de la joven pianista rusa Alexandra Dovgan en el Palau de la Música Catalana de Barcelona. “Le enviamos un mensaje explicándole qué queríamos hacer y, sobre todo, que para no molestar pondríamos unas cámaras como si fuera un documental de animales, para no molestarla ni a ella ni al público que ha pagado una entrada. Estuvo encantada de participar y además se sentía muy identificada con la historia de Wolfgang pues ella también debutó siendo una niña”, explica Ruiz Caldera. Laia Aguilar confiesa que, al escribir el libro, Wolfgang hubiera podido ser un genio en cualquier otra disciplina, pero como ella misma había estudiado piano durante muchos años y había pasado por todos esos exámenes y pruebas, conoce muy bien el tema y le hacía mucha ilusión que Wolfgang fuera un apasionado del piano. Es la única parte un poco autobiográfica de la novela. “El concierto en el Palau es uno de los momentos más bonitos de la película, afirma Laia. Es la primera vez que Wolfgang se acerca a su padre y empiezan a conectar, gracias a la música. Muy despacio, pero la conexión siempre está relacionada con la música.” Javier Ruiz Caldera reconoce que los que somos padres o madres, siempre buscamos maneras de acercarnos, de hablar con los hijos, y con Wolfgang, la mejor herramienta es la música.

El joven actor Jordi Catalán quiso aprender a tocar el piano y tuvo un profesor, Benji, que si bien no le enseñó a tocar el piano, le enseñó a tocar algunas canciones, la de Bach, “Modern Love” de David Bowie y algunas partes de las partituras de Mozart. “Pudimos rodar con él al piano, pero también necesitábamos a un virtuoso y eso no se puede hacer ni en un mes ni en un año y encontramos a Pau, un chico que toca muy bien, hijo de una profesora de piano y él interpreta las manos en primer plano”. Gracias a los efectos especiales, hay algún plano en el que han puesto la cara de Jordi en el cuerpo de Pau, algunos segundos, y se le puede ver tocando el piano como un maestro.

Clara Peya es la compositora de la banda sonora. “Fuimos a un concierto de Clara Peya con los productores, por gusto, y descubrimos que era el tipo de emoción que queríamos para la película y a la salida le explicamos el proyecto. Ella había hecho antes una película, pero no había compuesto nunca para cine, fue un privilegio poder contar con su talento, aporta mucha sensibilidad y acompaña la transformación emocional que atraviesa Wolfgang a lo largo de la película” afirma Ruiz Caldera.

“Ya en mi primer corto, Treitum (2001), quise mostrar cómo es un niño y cuáles son sus emociones”, comenta Javier Ruiz Caldera, que en Wolfgang profundiza en una situación mucho más compleja. “Tengo la sensación de que la película ha salido bien, los actores lo hacen creíble. Cada día, mientras rodábamos, nos emocionábamos. Yo trabajo más con el instinto que intelectualmente, pensando en qué hay que hacer todo el tiempo. Me dejo llevar por lo que está pasando delante de la cámara, a veces me sale mejor, otras peor…” El rodaje de su primera película en catalán duró siete semanas, entre Barcelona y París y luego el montaje, el sonido y la música, muy importante en este caso, ha sido un proceso intenso de un año y medio, relativamente rápido, comparado con otras películas.

“Es brutal lo que se aprende en películas como esta, reconoce Ruiz Caldera. Si te soy sincero, yo no conocía a ninguna persona con el espectro autista, ni había ninguna mi alrededor. Al final te das cuenta de que todo reside en gestionar las relaciones con cariño, paciencia y tolerancia, en acercarte a estas personas con todo el amor del mundo.”

Wolfgang es una película conmovedora que ofrece esperanza y una visión positiva de la diversidad y las relaciones humanas, reflexionando sobre el poder curativo de expresar nuestras emociones, cómo afrontarlas y cómo pedir ayuda para superar una pérdida.

Foto: @Lander Larrañaga.

SÁBADO, 25.04, 16:00 h.
WOLFGANG
[Catalán – OmeU]
España 2025, Dir.: Javier Ruiz Caldera, con Miki Esparbé, Jordi Catalán, Àngels Gonyalons, Anna Castillo, Berto Romero. 110 Min.

Foto de portada: @Lander Larrañaga. El director, Javier Ruiz Caldera junto a Miki Esparbé y Jordi Catalán en el Palau de la Música Catalana


Próximas películas del Cicle Gaudí en Berlín

23.05.2026 MOLT LLUNY [AWAY], Dir.: Gerard Oms (VO catalán, castellano, holandés y árabe- con subtitulos en inglés (OmeU), 100 min.

20.06.2026 SORDA [DER KLANGT DER WELT], Dir.: Eva Libertad (Castellano y lengua de signos española. (OmU)


La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

El Cicle Gaudí en Berlín está organizado por la Acadèmia del Cinema Català, en colaboración con el Institut Ramon Llull, la participación de la bodega Ànima Negra y del hotel Gat Point Charlie (Gat Rooms) y el apoyo del cine Babylon y de la revista Desbandada

Y para celebrar que nos hemos conocido, GatRooms ofrece un descuento a los amigos del Cicle Gaudí en Berlín: “Donde vives la cultura, también descansas: 15 % de descuento en los hoteles GATROOMS, con el código GAT15.


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Montse Majench

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