Esperanza I

Se le dedicaron manuales enteros, cada uno de los elementos que lo componen fue analizado y explicado hasta la saciedad (a excepción del poliedro), se intentó ver en él una crítica a la razón imperfecta e incluso encontrar el significado en la falta de conexión entre sus elementos, en su incapacidad de unirse en un todo.

06. Melencolia I, 1514 Albrecht Dürer (German, 1471–1528) Engraving Centennial Gift of Landon T. Clay

Hoy sabemos que todas estas explicaciones radicaban en un profundo malentendido, y que no ha sido hasta hace muy poco que comenzamos a comprender.  Melancolía I  es  una obra premonitoria que anunciaba un nuevo periodo en la historia de la humanidad, y es también, en contra de todas las interpretaciones, un cuadro optimista y esperanzador.

Gran parte del malentendido radicaba en el nombre de la obra que el pintor probablemente escogió para protegerse de los críticos de la época. Hace algunos años, en el marco de la iniciativa “Reinterpretación y adaptación de las obras de arte al nuevo lenguaje” se decidió rebautizarla y hoy ya nadie habla de Melancolía I sino de Esperanza I pues, gracias al progreso, ya nadie tendrá que sufrir la melancolía de su protagonista.

Recordemos el sufrimiento de los tiempos pasados, tiempos confusos en los cuales el origen del sufrimiento humano, el motivo de su crónica insatisfacción, nos era desconocido. Honremos también, sin negar sus graves errores,  a los movimientos sociales progresistas de principios de milenio, pues todos ellos contribuyeron de alguna manera a liberarnos de nuestro lastre.  Y no olvidemos,  aunque hoy sintamos alivio de que toda aquella confusión haya sido superada, que fue gracias a movimientos como el feminismo que comenzamos a tomar conciencia del derecho a la diferencia y de la discriminación a través del lenguaje. Puede sonar paradójico pero fue gracias a estos movimientos que conseguimos eliminar palabras como cosificación o cosa de nuestro lenguaje, palabras a las que entonces dábamos un uso peyorativo.

Recordemos también la pandemia del 2020, pues una de sus consecuencias positivas fue que empezamos a ver claro, y, con ayuda de los expertos, descubrimos el origen de nuestra desgracia, tantas veces malinterpretada en el cuadro de Durero.  

La distancia que entonces comenzamos a tomar unos de otros, esa distancia que hoy nos parece fundamental, pero a la que algunos tanto se resistieron, nos permitió percatarnos finalmente de que el origen de todos nuestros males no era otro que nosotros mismos y nuestra obstinación en juntarnos. Fue gracias a la distancia, a la que en principio fuimos tan reticentes, que comenzamos a tomar perspectiva y fuimos aceptando esta realidad. Y sólo entonces nos permitimos vivir libremente lo que durante tanto tiempo nos avergonzó (recordemos que hasta el año 2023 el amor entre un objeto y un ser humano era considerado  trastorno mental, Fetishistic Disorder DSM-5 302.81 ).

Durante los años que pasamos separados de otros humanos nos dimos cuenta de que eran los objects*  los que nos hacían plenamente felices y comprendimos que la solución al sufrimiento humano no eran las relaciones virtuales, ni la creación de avatares (todos ellos demasiado similares a nosotros), sino el derecho del humano al amor a las cosas.  

Confieso que nunca pensé que viviría el día en que este derecho se legalizara.  Demos las gracias a nuestro gobierno progresista que ha hecho posible que aquello que hace una década se hubiese considerado un sacrilegio,  se haya hecho realidad.

Es característico de los artistas ver el futuro, y Durero fue uno de los grandes pues hace ya más de 500 años adivinó nuestro destino y creó esta obra en la que el humano aparece como un ser ambiguo, no ubicable en las antiguas categorías hombre/mujer, que anhela la distancia de otros humanos y que sospecha que la unión persona-object podía ser mucho más satisfactoria de lo que nunca había sido una relación entre humanos.

Hoy somos conscientes de la superioridad de los objects, que aman en silencio y de forma incondicional, quizá algún día podamos aprender de ellos, mientras tanto estamos agradecidos de tenerlos a nuestro lado.

He escogido este cuadro como fondo de zoom para honrar este día histórico, 11.03.2034 (también en esto Durero fue premonitorio) en el que vamos a ser testigos de la primera unión entre un humano y un zapato.

Desde nuestros hogares brindamos (con agua) con los amantes, y os deseamos que seáis muy felices.

*Palabra políticamente correcta para lo que antes llamábamos cosa.

Georgia Ribes

Psicologa clínica y autora. Berlin- Neukölln. www.psychologischepraxisneukoelln.de

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