Relevo de cuidados en tiempos de pandemia

Leyendo la prensa estos días me doy cuenta de que son muchos lo que durante la crisis global provocada por el COVID-19 hablan en términos bélicos. Hablan de “esta lucha”, “esta guerra que vamos a ganar” y de “la batalla del coronavirus”, convirtiéndonos a todos en héroes o villanos de guerra o en simples espectadores de la batalla que se está luchando.

El dichoso virus nos ha hecho a todos estudiar y analizar gráficos con figuras exponenciales y datos de crecimiento que antes no entendíamos, usar términos científicos que antes desconocíamos o que no solíamos incluir en nuestro vocabulario y volver a conductas que, en otras circunstancias, nos parecerían imposibles.

Pero mientras en las guerras de antes y, desgraciadamente aún en las de ahora, luchaban los más jóvenes y fuertes, en esta tragedia que ahora vivimos son los seres más débiles los que más sufren. Las personas mayores o las que ya sufrían alguna enfermedad o patología previa están en el foco de esta pandemia y, desprotegidos y solos, se enfrentan a este virus y a la vida. Sin embargo nosotros, los jóvenes y sanos, justificamos así sus pérdidas, casi como una manera de reconfortarnos y sentirnos más tranquilos ante la crueldad de este virus. Leía hace dos semanas en un artículo de la gran Elvira Lindo sobre cómo nuestros mayores nunca nos dejarían solos si se cambiasen los papeles y fuéramos los jóvenes, o incluso los niños, los que más riesgo corriéramos. Se hablaba en el artículo sobre cómo ellos nos ayudarían, al igual que siempre lo han hecho.

Sin embargo, en muchos medios de comunicación se habla de sus muertes como si de unas piezas de dominó que van cayendo se tratase, unas muertes que son desgracias pero no lo son tanto como otras. Unas vidas por las que algunos quizás consideren que no es suficiente motivo quedarse en casa y privarse de nuestros anteriores lujos. Es duro y triste pensar en una sociedad que piensa así de sus personas mayores o de las personas más débiles. Pensemos un momento en nosotros mismos y en qué hubiésemos sido sin esas personas. Qué sería de nuestra infancia sin la figura de nuestros abuelos. Sin esa persona que te ha cuidado, a veces consentido, que te ha enseñado el mundo y que te ha dado besos sonoros con sabor a carmín.

En lo que llevamos de crisis por el coronavirus en España son ya demasiados los abuelos que se nos han ido. Abuelos que sobrevivieron a la Guerra Civil, a la dictadura del franquismo y, mucho después, a una crisis económica horrible que les llevó a muchos de ellos a tener que vivir con lo mínimo. Sin embargo, siguieron viviendo y luchando por sus derechos y por los nuestros, aunque nos tocara ahora a nosotros reivindicarlos. Siguieron haciéndonos mirar al pasado, tanto a sus errores como a sus logros, para que no se nos olvidaran nunca. Se nos han ido muchos ya, con sus historias, su aprendizaje y su cariño en forma de arrugas en la piel.

Y para muchos, dejarles irse así, sin despedirse y sin ninguna compañía en un hospital, encerrados en cuartos de una residencia por miedo al contagio, sin la compañía de sus compañeros de cartas y de charlas, alejados de casi cualquier símbolo de humanidad, es simplemente ley de vida. Debemos dejarles ir, dicen algunos políticos que se creen inmortales. Para ellos solo importa la vida de los jóvenes, de los fuertes, de los que aún pueden producir más y más y más. Sin darse cuenta del gran error que es no cuidar a los que siempre nos han cuidado.

Menos mal que son también muchísimas las personas que, entre la desesperación y el drama de estos días, sacan esa fuerza que a las personas más vulnerables les falta para cuidar de ellos. Toca revisar nuestros afectos y prioridades. Toca no dejar de lado a nadie y darnos cuenta de que todos seremos los débiles en algún momento y de que, mientras no lo seamos, debemos estar ahí, asustados, preocupados, cansados y más o menos optimistas a ratos para ellos.

Foto de portada: Denis Kotosv en Dreamstime / Foto mujer en balcón Skyathos Greece/Unsplash / Foto abuelo con niño © Getty/Foto abuela con niña @an_de_chile an

Ana fernández pajares

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