Diario de una pandemia: miedo

Decía John Gray que el conocimiento humano aumenta, pero la irracionalidad se mantiene intacta.

El conocimiento aumenta y el lenguaje lo recoge. Tomemos por ejemplo el miedo. Antes teníamos una palabra para designar este sentimiento. Decíamos: “tengo miedo” y todos sabíamos de lo que hablábamos. Hoy es raro escuchar esta frase en boca de un adulto.

El miedo ha quedado para los niños, los adultos preferimos la ansiedad. Nos suena mejor.

El miedo se come las almas
©Roberto Calvo

Tampoco en psiquiatría se lleva el miedo. El concepto se ha desmembrado en múltiples facetas: fobia simples (de las cuales se llegan a contar más de 500), ansiedad generalizada, ataque de pánico, trastorno post traumático, etc., etc.

Puede que en los orígenes los humanos inventásemos el lenguaje para comunicarnos, pero en algún momento debimos saturar esa función y hoy hablar nos sirve sobre todo para enmascarar nuestras intenciones.

Pues mentir es otra de las cualidades que nos hace humanos.

La pandemia de miedo que estamos viviendo no es nueva para la humanidad. Lo nuevo es la temática. De golpe todos nos hemos vuelto misofóbicos (miedo a los gérmenes y la suciedad) y enfermos de agirofobia (miedo a la calle). Y como suele ocurrir, acompañan a los miedos sus compulsiones correspondientes; pero lavarse las manos o no salir ya no constituyen un problema sino una prescripción. La sociedad entera esta atravesando un episodio de TOC, del que algunos ya nunca sanarán.

El miedo siempre ha encontrado su objeto. Porque el miedo al miedo, el miedo en abstracto es insoportable para los humanos. Hoy tememos a un virus. A uno concreto (el resto nos dan igual, aunque sean peores). También esto es típico del TOC; el absurdo. Y otra característica del TOC es que el objeto es siempre un subterfugio, un sustituto de un miedo real, que es inconfesable pues intuimos que no podemos lidiar con él. Algunos filósofos lleva tiempo advirtiéndonos: nuestro miedo real es al Otro. A la Alteridad. A lo distinto. Y esto no podemos confesárnoslo, pues somos todos muy buenos ciudadanos.

Además el TOC oculta nuestra violencia. Una violencia que hoy domamos lavándonos las manos, pero que se nos va de las manos en el simple acto de ir a comprar.

Otra de las cosas que hacen las personas que tiene miedo es quedarse en un lugar seguro, o sea, en casa.

#quedateencasa repiten al unísono.

Lo dicen “desde la tranquilidad” y “sin animo de ser catastrofista”.

¿A quién exactamente pretendemos engañar?.

Todos estamos en alerta y de la alerta al pánico no hay mucha distancia.

Los hagstags son solo una forma más de ocultar el miedo. Apelando a la solidaridad.

Solidaridad que solo existe en las redes: no hay más que salir a la calle y observar cómo hacemos la compra. Pero de que existe una relación directa entre la apelación a quedarse en casa y el pánico, nadie quiere darse cuenta.

No solo eso sino que además pretendemos ser héroes: #salvavidas.

Hoy el que no hace nada es un héroe y el que sale a la calle poco menos que un criminal. Y si eres chino aun peor.

Sinceramente: tengo miedo, pero no al virus. Entre el contagiado transmitiendo sus síntomas en directo y la gente comprando pollos, sinceramente prefiero lo primero. 

El único miedo justificado hoy en día me parece la agateofobia, el miedo a la locura. Una locura colectiva y que late al unísono. Y cada vez más fuerte.

Y es que una masa poniéndose de acuerdo -aunque la intención sea buena- nunca fue buena señal.

Georgia Ribes

Psicologa clínica y autora. Berlin- Neukölln. www.psychologischepraxisneukoelln.de

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s