Un salto al abismo: SIRÂT, de Oliver Laxe

Un viaje por el desierto marroquí, de rave en rave, se convierte en una hipnótica alegoría llena de bellísimas imágenes que te sacuden como si estuvieras en una montaña rusa, a ritmo de techno y silencio. SIRÂT, que en la tradición islámica alude al frágil puente que separa la vida terrenal del más allá, llega al Cicle Gaudí Berlín el próximo 17 de octubre de 2026, en la sala grande del cine Babylon, con la presencia del compositor de la banda sonora Kangding Ray.

Català

Deutsch

Acomódense en la butaca y déjense llevar, desde el primer plano Sirāt nos agarra y nos transporta a otro universo, fuera de la realidad. Es un viaje con curvas, con abismos a ambos lados, con pruebas siempre benéficas, según sentencia su director con esa voz peculiar, grave, haciendo pausas entre las frases mientras juega con su melena con los dedos de la mano. Sus credenciales lo avalan, Oliver Laxe, nacido en París en 1982, hijo de emigrantes gallegos, regresó a Galicia cuando tenía seis años y ha vivido en Marruecos más de diez. Conoce el desierto y sus habitantes. Tras estudiar Comunicación Audiovisual en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, se trasladó a Tánger donde autoprodujo y rodó Todos vós sodes capitáns (Todos vosotros sois capitanes), con el que obtuvo su primer premio en Cannes, el Premio FIPRESCI en la Quincena de Realizadores (Directors’ Fortnight) en 2010. Su segunda cinta, Mimosas, la rodó en las montañas del Atlas y recibió en Cannes 2016 el Gran Premio de la Semana de la Crítica.

Después de regresar a Galicia, dirigió O que arde (Lo que arde), filmada en el corazón de los Ancares, que obtuvo el Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes en 2019. Quince años después de su primer estreno en Cannes, y tras haber proyectado y ganado premios en todas sus secciones, Laxe debuta en 2025 en Competición con Sirāt, donde se alzó con el Premio del Jurado ex aequo con la cinta alemana Sound of Falling. Sirāt es recibida con una larga ovación y desde el primer momento se convierte en una de las películas más comentadas, más debatidas, más analizadas del festival.

Oliver Laxe recogiendo la Palma de Oro en 2025 por Sirāt. Foto: ©Kevin Pairavi_Cannes Film Festival.

Baila, grita, explota

Tras la bendición en Cannes, su segunda casa, Oliver Laxe despegó bailando hacia el olimpo, enlazando uno tras otro una sarta de reconocimientos de la crítica y la industria nacional e internacional. Tiene en su haber dos nominaciones a los premios Oscar 2026, a Mejor Película Internacional, como representante de España y a Mejor sonido, con un equipo compuesto por primera vez en la historia de los Oscar por tres mujeres, Amanda Villavieja, jefa de sonido directo, Laia Casanovas, diseño de sonido y Yasmina Praderas, mezcla de sonido; dos nominaciones a los Globos de Oro; una a los BAFTA, a la de Mejor película de habla no inglesa, y otra a los Premios César de la Academia francesa, una nominación que le abrió las puertas de los cines en Francia dónde ha sido un éxito de taquilla, igual que en España. En los Premios europeos, EFA, celebrados en Berlín, se llevó 5 estatuillas; 6 en los Goya y 3 en los Premios Mestre Mateo de la Academia gallega, arrasando en los Gaudí con ocho estatuillas. Un auténtico bombazo. En el primer pase, por la reacción de los espectadores, el director comprobó que habían hecho una película que trastoca y conmueve, fuera de lo común. Sirāt no deja indiferente. No todos hemos ido a una rave y Oliver Laxe junto con el director de fotografía Mauro Herce, que le acompaña desde sus inicios, nos llevan de fiesta a algún lugar del desierto donde hay una serie de personajes, como poco, extraños.

Bailando en el desierto sin que haya un final. Foto: ©Quim Vives

Sutilmente, el sonido, primero muy bajo, se convierte en los latidos que conducen a la rave. Imagen y sonido perfectamente sincronizados hasta descubrir una multitud de raveros que están ahí. Variopintos, bailan extasiados al son de una música hipnótica compuesta por Kangding Ray en Berlín, bajo la atenta mirada y colaboración de Oliver Laxe, dos años antes de iniciar el rodaje. El proyecto de la película hacía diez años que se estaba cociendo. En una conversación titulada “No saber cuál será el último sonido” organizada por el Festival de cinema jove de Barcelona, U22, Amanda Villavieja explicó que cuando recibió la primera versión del guion para crear el sonido directo, la música ya estaba allí, sobre el papel, fue fascinante, acompañando las escenas había unos enlaces y después de leer cada escena, podía escuchar la play list que la situaba en la atmosfera imaginada por Oliver Laxe. Eso le permitió empezar a pensar en una paleta de sonidos ante el reto de trasladar el guion al directo y que el resultado, tras nueve meses de postproducción, después de pasar por las manos de la mezcladora Yasmina Praderas, sonara naturalista y profundo.

Las imágenes y la música de la rave avanzan en paralelo, se acompañan, y el sonido directo, muy trabajado y matizado gracias al buen uso de los equipos técnicos disponibles hoy en día, te acerca al desierto, al polvo que levanta el viento, al aullido de esos perros, al momento, a la vida. Esta primera escena, barroca en su concepción sonora, de unos quince minutos de duración hasta que se acaban los créditos, puede resultar tan impactante como descubrir una galaxia.

Luís (Sergi López) y Esteban (Bruno Núñez) recién llegados a la rave en Marruecos. Foto: ©Quim Vives

El planteamiento de la historia puede generar prejuicios

Un padre, interpretado por el gran Sergi López, acompañado por su hijo, interpretado por el joven actor Bruno Núñez, buscan a su hija y hermana, Mar, desaparecida hace 5 meses en una rave quién sabe dónde. ¿Qué hacen aquí? ¿Cómo se le ha ocurrido venir con el niño a este no lugar? ¿Y dónde va con esta vieja Citroën Jumper? Una furgoneta de ciudad apta para ir a buscar setas, pero no más. Es una rave demencial en medio de las áridas y fantasmagóricas montañas del Sur de Marruecos, los cuerpos de los participantes se mueven sin césar, se han metido de todo para aguantar el ritmo y vas descubriendo un personaje sin pierna, Tonin Janvier, en la vida real artista callejero que domina la mecánica y experto conductor de camiones por las montañas entre Marruecos y Malí; otro al que le falta una mano, Richard Bellamy «Bigui», colega de raves de Oliver Laxe, la perdió durante una manifestación de los Gilets jaunes (chalecos amarillos) en París, tras ser alcanzado por una granada policial. También bailan Jade Oukid, una fotógrafa francesa underground que conocieron haciendo cola en un Festival de cine portugués y Stefania Gadda, ganadera de origen italiano, afincada en las Alpujarras y reclutada en un casting callejero por la zona. No son actores, son personajes que se interpretan así mismos con su verdad, es su vida real.

Tonin, Jade y Stef, atónitos de que Luís i Esteban estén buscando a Mar de rave en rave.  Foto: ©Quim Vives 

El único actor profesional es Sergi López, aparte del niño, Bruno Núñez, y parece un pulpo en un garaje, cargando una mochila como para ir de excursión al lago, en medio de un enjambre de seres, perdedores o ganadores, quién sabe. Las imágenes tienen tal poderío, el sonido es tan brutal que atraviesas una experiencia sensorial y durante dos horas vives un viaje emocional hipnotizada con las imágenes y con lo que puede ocurrir y lo que ocurre. En plena fiesta, donde pirámides de altavoces rugen intensamente, irrumpe el ejército anunciando que todos los europeos van a ser urgentemente deportados a sus países de origen. Un grupo de los que bailaban, Tonin, Jade, Stef y Bigui, consigue escaparse con sus camiones y Luís y su hijo Esteban, guiados por el destino, deciden seguir a los raveros fugitivos con su furgoneta, atravesando el desierto rumbo a otra fiesta en algún lugar cerca de la frontera con Mauritania, con la esperanza de encontrar a Mar. No es una película de diálogos, apenas los hay. Lo que cuenta es lo que se ve, lo que se escucha y lo que se escucha cuando no ves lo que está ocurriendo.

Los camiones, unos viejos Mercedes de los años 60 y 70, rescatados por la directora de arte Laia Ateca y modificados por su equipo, son auténticos personajes protagonistas del film, igual que el sonido. Los motores también hablan.

Atravesar el desierto es una aventura espiritual y se necesitan camiones bien equipados.

Un viaje extremo

Sirāt, audaz y temeraria, es inclasificable, una película multigénero, roadmovie, western, documental, suspense, género, y al mismo tiempo una aventura existencial, metafísica, transcendental. También es un viaje interior, físico, extenuante, que te engancha, el cerebro y todo el cuerpo. Los personajes no actúan, siguen un guion y se mueven con un realismo absoluto que transmite sensaciones físicas, como el calor y la angustia, por lo que pasa y lo qué va a pasar. La ambientación, tan complicada en el desierto, es sobrecogedora.

Sergi López, el padre, es un actor catalán de Vilanova y la Geltrú, que estudió mimo en la escuela Jacques Lecoq de París, habla francés con soltura, y es uno de nuestros actores más internacionales, la prueba es que ha estado diez veces en la alfombra roja de Cannes. Fue el productor catalán Oriol Maymó quien le sugirió a Laxe ¿por qué no Sergi? Y aunque el director se había imaginado un personaje más esbelto, más melancólico, le propuso hacer unos ensayos y Sergi, protagonista de la oscarizada “El laberinto del fauno”, de Guillermo del Toro, a pesar de su larga trayectoria, humilde y empático, entendió que lo quisiera imaginar en el papel de Luís. “Fue un acierto, confiesa Oliver Laxe, Sergi es el prototipo del payaso bufón que no quiere conectar consigo mismo. Trabaja muy bien la máscara y tiene una técnica que le puedes decir, oye quiero que hagas de monje, o de carnicero y se lo curra y lo va a hacer. Pero también es bueno quitándose máscaras y conectando con él, no tiene ego delante de la cámara. Era importante para nivelar con los raveros, tener esa sencillez, esa naturalidad, ese estar en él”. El espectador se identifica con Luís enseguida, en un plano muy emocional y muy básico, es el hombre anodino, podría ser el padre de cualquiera, un español mundano. Un padre frágil, ahí perdido en una rave, que quizás no tiene las herramientas, es conmovedor, una persona humilde, obrera, con su hijo. “Sergi López es un punki, no hay que decirle nada” afirma Laxe en distintas entrevistas, a lo que López, que no había estado en una rave en su vida, responde, “yo no soy un apasionado de “actuar” pero en esta película me ha pasado algo, he tenido una epifanía, he sentido un dolor extremo, que no es el mío, sin recurrir a mi propia experiencia y con esta distancia, descubrir que ser actor no quiere decir encontrar soluciones, ejecutar cosas correctamente o arriesgarse, sí, eso ya lo sabíamos. He descubierto que el cuerpo puede tener una memoria más profunda que tú y que tu cuerpo puede saber que te puedes desmayar de dolor delante de un schock, cuando yo esto ni lo he vivido ni lo he visto.” Deben ser los efectos del desierto.

Sergi López y Oliver Laxe en pleno rodaje de Sirāt. Foto: ©Quim Vives

“Me he dado cuenta de que soy un ravero haciendo esta película, afirma Laxe. Ha sido un proceso creativo de 10 años, con mi ex pareja, Nadia Acimi, que es quien ha diseñado el vestuario en todas mis películas y en esta también ha intervenido en el casting. Ha sido un proceso de conectar más con mi carencia, con mi herida y me ha encantado. He escrito este guion con Santiago Fillol, llorando y conectadito con mi heridita, sin gravedad, pero celebrándola. Tantos años he estado evitándola neuróticamente y ahora puedo conectarme a ella y sacar fortaleza de ella. En sentido espiritual, Sirāt podría ser ese camino interior que te lleva a morir antes de morir, tal y como le ocurre a Luís, el protagonista de la película.” En las notas del rodaje del director, encontramos estas palabras: “Todos somos un poco como Luís: personas corrientes con vidas más bien anónimas y aburridas. Hemos crecido en Occidente, rodeados de un confort ilimitado y siempre muy lejos de la muerte; y precisamente por eso, a menudo nos mostramos un poco apáticos, alejados de nuestra verdad interior. Pero en la vida, muchas cosas suelen salir de otra manera: de repente se producen giros inesperados que nos sacuden y nos obligan a preguntarnos si estamos seguros de estar en el camino correcto. En este sentido, Sirāt es una película dura, pero de una dureza necesaria y constructiva. Los acontecimientos obligan a los personajes a crear espacio para el cambio y a crecer. Al llegar al punto más bajo, se ven obligados a enfrentarse a sí mismos. Ya no tienen nada que perder. Su ego está destrozado. Ya no tienen miedo. Están dispuestos a atravesar el campo de minas, dispuestos a bailar con la eternidad.”

Tonin, Stef y Bigui con Luís (Sergi López) digiriendo el apocalipsis en el desierto. Foto: ©Quim Vives

Bailar para vivir

En la comunidad ravera la gente se muestra como es, sin filtros, con sus heridas y a veces, a través de ellas entra un rayo de luz. Son personas con una conciencia radical que se debate entre desertar y no desertar. Bailan, se colocan y siguen bailando, observando como todo se viene abajo. A Oliver Laxe le gusta el techno y la rave. Es hijo de obreros campesinos y, según sus palabras, en su juventud tuvo cierto desarraigo, sin referentes que le agitaran el corazón, sin maestros ni espejos. Esto le une a los participantes a la rave. “Desde pequeños sabemos que esto no es sostenible y comparto con ellos ese sabor a crepúsculo, estamos en un momento de cambio y queremos que ese cambio venga, una suerte de reset. Me gusta el elogio de la vida de los raveros, hay algo de escapismo, algunos son un poco peterpanes y uno de sus lemas es “hundimos nuestras cabezas en los altavoces para no oír cómo se derrumba el mundo”. Hay algo de escapismo que está en todas las esferas de la sociedad, no querer mirar adentro.” Bailan al son de la música dance de David Letellier, alias Kangding Ray, compositor, Dj y artista visual afincado en Berlín, que nos acompañara en la habitual charla con el público moderada por Olivia López Bremme en la Sala Oval del Babylon. Una banda sonora electrónica, tridimensional, que combina con el aullido del viento, el retumbar ambiental y alguna que otra explosión impactante, capaz de hacer vibrar los dientes durante toda la película. Los sonidos de Sirāt, envuelven a sus personajes y acompañan su euforia, su angustia, y sus miedos, un mundo de matices realizado artesanalmente por el triplete de sonidistas nominadas al Oscar. Se adaptan a un ritmo que resulta adecuado para la parábola de Laxe sobre la relación de la humanidad con lo sublime. Llora, grita, pero no dejes de bailar, nunca, aunque sea el fin del mundo.

Foto de rodaje con Mauro Herce (dcha.) y Oliver Laxe (izda.) y parte del equipo de Sirāt. ©Quim Vives

Foto de portada: ©Quim Vives


La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

El Cicle Gaudí en Berlín está organizado por la Acadèmia del Cinema Català, en colaboración con el Institut Ramon Llull, la participación de la bodega Ànima Negra y del hotel Gat Point Charlie (Gat Rooms) y el apoyo del cine Babylon y de la revista Desbandada.

Tras la proyección habrá un coloquio con el público en el que participará el compositor Kangding Ray moderado por Olivia López Bremme, como siempre, acompañado de un vino madurado en Mallorca por gentileza de la bodega Ànima Negra y de una tapa especialidad del hotel Gat Point Charlie de Berlín.

Y para celebrar el cine catalán en Berlín, GatRooms ofrece un descuento a los amigos del Cicle Gaudí en Berlín: “Donde vives la cultura, también descansas: 15 % de descuento en los hoteles GATROOMS, con el código GAT15.

SÁBADO, 17.10 16:00 h BABYLON, Rosa Luxemburg Str. 30, Berlín

SIRÂT [Francés y castellano (OmU)] Dir: Oliver Laxe, con Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Stefania Gadda, Tonin Janvier, Richard Bellamy «Bigui», Joshua Liam Henderson, Abdellilah Madrari, Ahmed Abbou, Mohamed Madrari. 111 Min.

Con la presencia de Kangding Ray en el coloquio moderado por Olivia López Bremme.

Próxima película del Cicle Gaudí en Berlín

21.11.2026 LA FURIA Dir: Gemma Blasco (Catalán y castellano. (OmeU). 107 Min.

Con la presencia de la directora Gemma Blasco y del compositor de la banda sonora Jona Hamann.


Liberémonos del algoritmo. Los editores te pedimos que te suscribas a la revista para recibir notificaciones de los nuevos artículos en tu propio correo electrónico. Te animamos además a dejar un comentario.


Un salt al buit: SIRÂT d’Oliver Laxe

Un viatge pel desert marroquí, de rave en rave, es converteix en una al·legoria hipnòtica plena d’imatges impressionants que et sacsegen com si anessis en una muntanya russa, a ritme de tecno i silenci. SIRÂT, que en la tradició islàmica fa referència al pont fràgil que separa la vida terrenal del més enllà, arriba al Cicle Gaudí Berlín el 17 d’octubre, a la sala principal del cinema Babylon, amb l’assistència del compositor de la banda sonora, Kangding Ray.

Acomodeu-vos a la butaca i deixeu-vos endur; des del primer pla, Sirāt ens atrapa i ens transporta a un altre univers, més enllà de la realitat. És un viatge ple de girs inesperats, amb abismes a banda i banda, i proves que sempre són per a bé, tal com declara el director amb aquella seva veu segura i profunda, fent una pausa entre frases mentre es passa els dits pels cabells. El seu currículum parla per si mateix: Oliver Laxe, nascut a París el 1982, fill d’emigrants gallecs, va tornar a Galícia quan tenia sis anys i ha viscut al Marroc durant més de deu anys. Coneix el desert i la seva gent. Després d’estudiar Comunicació Audiovisual a la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, es va traslladar a Tànger, on va autoproduir i dirigir Todos vós sodes capitáns (Sou tots capitans), pel qual va guanyar el seu primer premi a Cannes: el Premi FIPRESCI a la Quinzena dels Realitzadors (Directors’ Fortnight) el 2010.

El seu segon film, Mimosas, es va rodar a les muntanyes de l’Atles i va guanyar el Gran Premi de la Setmana de la Crítica també a Cannes, el 2016.

De tornada a Galícia va dirigir O que arde (El que crema), rodat al cor dels Ancares, que va merèixer el Premi del Jurat a la secció Un Certain Regard al Festival de Cannes del 2019. Quinze anys després de la seva primera estrena a Cannes i després d’haver-hi projectat les seves pel·lícules i guanyats premis a totes les seccions del festival, Laxe va debutar a la Secció Oficial el 2025 amb Sirāt, film que va el Premi del Jurat ex aequo amb la pel·lícula alemanya Sound of Falling. Sirāt rep una llarga ovació i, des del primer moment, es converteix en una de les pel·lícules més comentades, debatudes i analitzades del festival.

Oliver Laxe recollint la Palma d’Or el 2025 per a Sirāt. Foto: ©Kevin Pairavi_Festival de Cannes.

Balla, crida, explota

Després del seu triomf a Cannes, la seva segona llar, Oliver Laxe va assolir les altures de la fama, acumulant un seguit de reconeixements de la crítica i de la indústria cinematogràfica nacional i internacional un rere l’altre. Té al seu haver dues nominacions als Oscars del 2026: a la Millor Pel·lícula Internacional, representant Espanya, i al Millor So, amb un equip format per —per primera vegada en la història dels Oscars— tres dones: Amanda Villavieja, cap de so de rodatge; Laia Casanovas, disseny de so; i Yasmina Praderas, mescla de so; dues nominacions als Globus d’Or; i una nominació als BAFTA a la Millor Pel·lícula de Parla no Anglesa i una altra als Premis César organitzats per l’Acadèmia Francesa, una nominació que li va obrir les portes dels cinemes de tota França, on ha estat un èxit de taquilla, igual que a Espanya. Als European Film Awards (EFA), celebrats a Berlín, va guanyar cinc estatuetes; sis als Goya i tres als Premis Mestre Mateo organitzats per l’Acadèmia Gallega del Cinema, mentre que als Premis Gaudí va arrasar amb vuit estatuetes. Un autèntic èxit.

A la primera projecció, a jutjar per la reacció del públic, el director es va adonar que havien fet una pel·lícula que inquieta i commou la gent – una cosa realment extraordinària. Sirāt no deixa ningú indiferent. No tots hem anat a una festa rave, i Oliver Laxe, juntament amb el director de fotografia Mauro Herce —que l’acompanya des del principi—, ens porta a una festa a un lloc del desert on hi ha un grup de personatges que són, com a mínim, estranys.

Ballant al desert sense fi a la vista. Foto: ©Quim Vives

De manera subtil, el so —al principi molt feble— es converteix en el batec que mou la festa, la rave. La imatge i el so estan perfectament sincronitzats fins que descobrim una multitud de ravers reunits allà. Una colla heterogènia, ballen en estat d’èxtasi amb la música hipnòtica composta per Kangding Ray a Berlín, sota la mirada atenta i amb la col·laboració d’Oliver Laxe, dos anys abans que comencés el rodatge. La pel·lícula feia deu anys que es coïa. En una xerrada titulada ‘No saber quin serà l’últim so’, organitzada pel Festival de Cinema Jove de Barcelona, U22, Amanda Villavieja va explicar que quan va rebre el guió, la música ja hi era, sobre el paper; era fascinant: al costat de les escenes hi havia uns enllaços i després de llegir cada escena, podia escoltar la llista de reproducció que la situava dins l’atmosfera imaginada per Oliver Laxe. Això li va permetre començar a pensar en una paleta sonora davant del repte de traduir el guió en so en directe, assegurant que el resultat —després de nou mesos de postproducció i després de passar per les mans de la mescladora de so Yasmina Praderas— sonés natural i profund.

Les imatges i la música de la rave avancen en paral·lel, complementant-se mútuament, i el so directe —minuciosament elaborat i matisat gràcies al delicat ús de l’equipament tècnic disponible avui dia— t’endinsa al desert, a la remor de la pols remoguda pel vent, al lladruc d’aquells gossos, al moment, a la vida. Aquesta escena inicial, barroc en el seu disseny de so i que dura uns quinze minuts fins que apareixen els crèdits, pot ser tan impressionant com descobrir una galàxia.

Luís (Sergi López) i Esteban (Bruno Núñez) acabant d’arribar a la festa rave al Marroc. Foto: ©Quim Vives

La premissa de la història pot donar lloc a prejudicis

Un pare, el gran Sergi López, acompanyat pel seu fill, el jove actor Bruno Núñez, busca la seva filla i germana, la Mar, que va desaparèixer fa cinc mesos en una festa rave qui sap on. Què hi fan aquí? Com se li va acudir portar el nen a aquest lloc perdut? I on va amb aquest antic Citroën Jumper? – una furgoneta urbana apta per anar a buscar bolets, però res més. És una rave salvatge enmig de les muntanyes àrides i fantasmagòriques del sud del Marroc; els cossos dels festers es mouen sense parar, han pres tota mena de substàncies per seguir el ritme, i gradualment descobreixes un personatge a qui li falta una cama, Tonin Janvier, en la vida real un artista de carrer, geni de la mecànica i hàbil conductor de camions per les muntanyes entre el Marroc i Mali; a un altre que li falta una mà, Richard Bellamy ‘Bigui’, un col·lega raver de l’Oliver Laxe, que la va perdre durant una protesta dels Gilets jaunes (les jaquetes grogues) a París després de rebre l’impacte d’una granada de la policia. També hi ballen Jade Oukid, una fotògrafa francesa underground que van conèixer fent cua en un festival de cinema a Portugal, i Stefania Gadda, una ramadera d’origen italià establerta a les Alpujarres i reclutada en un càsting al carrer a la zona. No són actors; són personatges que s’interpreten a sí mateixos amb autenticitat jugant amb la seva veritat. És la seva vida.

Tonin, Jade i Stef, sorpresos que en Luís i l’Esteban busquin la Mar de rave en rave. Foto: ©Quim Vives

L’únic actor professional és Sergi López, a banda del nen, Bruno Núñez, i sembla un peix fora de l’aigua, amb una motxilla a l’esquena com si anés d’excursió al llac, enmig d’una multitud de gent —perdedors o guanyadors, qui ho sap. Les imatges són tan potents, el so tan aclaparador, que vius una experiència sensorial i, durant dues hores, estàs en un viatge emocional, fascinada per les imatges i pel que podria passar i pel que realment passa. En plena rave, on unes piràmides d’altaveus rugeixen intensament, irromp l’exèrcit, anunciant que tots els europeus seran deportats urgentment als seus països d’origen. Un grup dels festers —Tonin, Jade, Stef i Bigüi— aconsegueixen escapar-se amb els seus camions, mentre que en Luís i el seu fill Esteban, guiats pel destí, decideixen seguir els ravers fugitius amb la seva furgoneta, travessant el desert cap a una altra festa a prop de la frontera amb Mauritània, amb l’esperança de trobar-hi la Mar. No és una pel·lícula de diàlegs, gairebé no n’hi ha. El que compta és el que es veu, el que s’escolta i el que s’escolta quan no veus el que està passant.

Els camions – models antics de Mercedes dels anys seixanta i setanta, recuperats per la directora artística Laia Ateca i modificats pel seu equip – són veritables protagonistes de la pel·lícula, igual que el so. Els motors també parlen.

Creuar el desert és una aventura espiritual i requereix camions ben equipats.

Un viatge extrem

Sirāt, audaç i arriscada, és inclassificable: una pel·lícula de gèneres múltiples —road movie, western, documental, thriller— i, alhora, una aventura existencial, metafísica i transcendental. També és un viatge interior, físic i esgotador que t’atrapa, tant en la ment com en tot el cos. Els personatges no actuen; segueixen un guió i es mouen amb un realisme absolut que transmet sensacions físiques, com la calor i l’angoixa causades pel que està passant i pel que ha de venir. L’entorn, tan exigent al desert, és sobrecollidor.

Sergi López, el pare, és un actor català de Vilanova i la Geltrú que va estudiar mim a l’escola Jacques Lecoq de París; parla francès amb fluïdesa i és un dels nostres actors més internacionalment reconeguts —prova d’això és que ha desfilat per la catifa vermella de Cannes deu vegades. Va ser el productor català Oriol Maymó qui va suggerir a Laxe: «Per què no en Sergi?», i tot i que el director havia previst un personatge més prim i més melancòlic, li va proposar a en Sergi de fer unes proves. En Sergi, protagonista de ”El laberinto del fauno” de Guillermo del Toro, guanyadora d’un Oscar, va acceptar feliç, entenent per què Laxe el volia veure de prop abans d’assignar-li el paper de Luís. «Va ser el millor que em podia passar», admet Oliver Laxe. «En Sergi és l’epítom del pallasso-bufó que es nega a connectar amb si mateix. Domina molt bé el personatge i té una tècnica excel·lent, li pots dir: «Ei, vull que facis de monjo» o «de carnisser», i s’esforçarà per clavar-ho. Però el millor de tot és que sap deixar de banda la seva persona i connectar amb el públic; no té cap ego davant de la càmera. Era important estar al mateix nivell que els ravers, tenir aquella simplicitat, aquella naturalitat, aquella sensació de ser plenament present.»

L’espectador s’identifica amb en Luís de seguida, a un nivell molt emocional i molt bàsic; és l’home anònim, podria ser el pare de qualsevol, un espanyol corrent. Un pare fràgil, perdut allà en una rave, que potser li falten eines; és commovedor, un home humil de classe treballadora amb el seu fill. «En Sergi López és un punk; no cal dir-li res», afirma Laxe en diverses entrevistes, a les quals López —que no havia anat mai a una rave a la vida— respon, «No m’apassiona ‘l’actuació’, però em va passar una cosa en aquesta pel·lícula; vaig tenir una epifania. Vaig sentir un dolor extrem —no el meu— sense recórrer a la meva pròpia experiència i, des d’aquesta distància, vaig descobrir que ser actor no significa trobar solucions, fer les coses correctament o assumir riscos; sí, això ja ho sabíem. He descobert que el cos pot tenir una memòria més profunda que la teva pròpia, i que el teu cos pot saber que et pots desmaiar de dolor davant d’un schock, tot i que ni ho he experimentat ni ho he presenciat.» Deuen ser els efectes del desert.

Sergi López i Oliver Laxe durant el rodatge de Sirāt. Foto: ©Quim Vives

«M’he adonat que soc un raver mentre feia aquesta pel·lícula», diu Laxe. «Ha estat un procés creatiu de deu anys, amb la meva exparella, Nadia Acimi, que ha dissenyat el vestuari de totes les meves pel·lícules i també ha participat en el càsting d’aquesta. Ha estat un procés de connectar més profundament amb el meu sentiment de pèrdua, amb la meva ferida, i m’ha encantat. Vaig escriure aquest guió amb Santiago Fillol, plorant i connectat profundament amb la meva petita ferida: res greu, però la celebro. Durant tants anys l’he evitada de manera neuròtica, i ara puc connectar-hi i treure’n força. En un sentit espiritual, Sirāt podria ser aquell viatge interior que et porta a morir abans de morir, tal com li passa al Luís, el protagonista de la pel·lícula. » A les notes de rodatge del director, trobem aquestes paraules: «Tots som una mica com en Luís: gent corrent amb vides bastant anònimes i avorrides. Hem crescut a Occident, envoltats d’un confort sense límits i sempre lluny de la mort; i precisament per això, sovint semblem una mica apàtics, desconnectats de la nostra veritat interior. Però a la vida, sovint les coses surten de manera diferent: de sobte, es produeixen girs inesperats que ens sacsegen i ens obliguen a preguntar-nos si estem segurs que anem pel bon camí. En aquest sentit, Sirāt és una pel·lícula dura, però la seva duresa és necessària i constructiva. Els esdeveniments obliguen els personatges a fer espai pel canvi i a créixer. Quan arriben al fons, es veuen forçats a enfrontar-se a sí mateixos. Ja no tenen res a perdre. Els seus egos estan fets miques. Ja no tenen por. Estan preparats per caminar pel camp de mines, preparats per ballar amb l’eternitat.

Tonin, Stef i Bigüi amb en Luís (Sergi López) fent-se a la idea de l'apocalipsi al desert. Foto: ©Quim Vives
Tonin, Stef i Bigüi amb en Luís (Sergi López) fent-se a la idea de l’apocalipsi al desert. Foto: ©Quim Vives

Ballar per viure

A la comunitat rave, la gent es mostra tal com és, sense filtres, amb les seves ferides, i de vegades un raig de llum els travessa. Són persones amb una consciència radical, debatent-se entre rendir-se o no rendir-se. Ballen, es col·loquen i continuen ballant, mentre veuen com tot s’ensorra. A l’Oliver Laxe li agrada el tecno i les raves. És fill d’obrers camperols i, en paraules seves, en la seva joventut es va sentir una mica sense arrels, sense models a seguir que li fessin pessigolles al cor ni miralls. Això el connecta amb els participants de les raves. «Des de ben joves, sabem que això no és sostenible, i comparteixo amb ells aquesta sensació de crepuscle; estem en un punt d’inflexió i volem que arribi aquest canvi, una mena de reinici. M’agrada l’elogi de la vida que fan els ravers; té un cert element d’escapisme. Alguns són una mica com en Peter Pan, una de les seves consignes és ‘enfonsem el cap dins dels altaveus per no sentir com el món s’ensorra’. Hi ha un element d’escapisme present en tots els àmbits de la societat — una reticència a mirar-se cap a dins». Ballen amb la música dance de David Letellier, àlies Kangding Ray, compositor, DJ i artista visual establert a Berlín, que participarà en el col·loqui habitual amb el públic, moderat per Olivia López Bremme a la Sala Oval del Babylon.

Una banda sonora electrònica tridimensional que es barreja amb el vent udolant, els sorolls ambientals i l’explosió tronadora ocasional, capaç de fer tremolar-te les dents durant tota la pel·lícula. Els sons de Sirāt envolten els personatges i acompanyen la seva eufòria, la seva angoixa i les seves pors – un món de matisos creat artesanalment per les dissenyadores de so nominades als Oscars. S’adapten a un ritme que s’ajusta perfectament a la paràbola de Laxe sobre la relació de la humanitat amb el sublim. Plora, crida, però mai no deixis de ballar – ni tan sols si és la fi del món.

Fotografia del rodatge amb Mauro Herce (a la dreta) i Oliver Laxe (a l’esquerra) i part de l’equip de ‘Sirāt’. ©Quim Vives

Imatge de portada: ©Quim Vives


La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

El Cicle Gaudí a Berlín és organitzat per l’Acadèmia del Cinema Català en col·laboració amb l’Institut Ramon Llull, amb la participació del celler Ànima Negra i de l’hotel GatRooms i el suport del cinema Babylon i de la revista Desbandada.

Després de la projecció, hi haurà un col·loqui amb el públic amb la participació especial de Kangding Ray moderat per Olivia López Bremme, com sempre, acompanyat d’un vi madurat a Mallorca per gentilesa del celler Ànima Negra i d’una tapa especialitat de l’hotel Gat Point Charlie de Berlín.

Per a celebrar el cinema català a Berlín, GatRooms ofereix un descompte als Amics del Cicle Gaudí Berlín: “On gaudeixes la cultura, també descanses”: 15 % de descompte als hotels GATROOMS, amb el codi GAT15.

DISSABTE, 17.10.2026_16h _BABYLON_Rosa Luxemburg Str. 30_Berlin

SIRAT [Francès i castellà. Subtítols en alemany]
SP 2025, Direcció: Oliver Laxe, amb Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Stefania Gadda, Tonin Janvier, Richard Bellamy «Bigui», Joshua Liam Henderson, Abdellilah Madrari, Ahmed Abbou,  Mohamed Madrari. 111 Min.

Amb la participació especial de Kangding Ray al col·loqui moderat per Olivia López Bremme.

Pròximament al Cicle Gaudí Berlín

21.11.2026 LA FURIA Dir: Gemma Blasco (Castellà i català, OmeU). 107 Min.

Amb la presència de la directora Gemma Blasco i el compositor de la banda sonora Jona Hamann!!!


Ein Sprung in den Abgrund: „SIRÂT“ von Oliver Laxe

Eine Reise durch die marokkanische Wüste, von Rave zu Rave, wird zu einer hypnotischen Allegorie voller wunderschöner Bilder, die einen wie auf einer Achterbahn durchschütteln – im Rhythmus von Techno und Stille. SIRÂT, was in der islamischen Tradition auf die zerbrechliche Brücke anspielt, die das irdische Leben vom Jenseits trennt, kommt am kommenden 17. Oktober im Cicle Gaudí Berlin in den großen Saal des Kinos Babylon, in Anwesenheit des Komponisten des Soundtracks, Kangding Ray.

Macht es euch im Sessel bequem und lasst euch mitreißen – schon von der ersten Einstellung an packt uns „Sirāt“ und entführt uns in ein anderes Universum, jenseits der Realität. Es ist eine Reise voller Kurven, mit Abgründen zu beiden Seiten, mit Prüfungen, die stets heilsam sind, wie der Regisseur mit seiner eigentümlichen, tiefen Stimme urteilt, während er zwischen den Sätzen Pausen macht und mit den Fingern durch sein langes Haar fährt. Seine Referenzen sprechen für ihn: Oliver Laxe, 1982 in Paris als Sohn galizischer Einwanderer geboren, kehrte im Alter von sechs Jahren nach Galicien zurück und hat mehr als zehn Jahre in Marokko gelebt. Er kennt die Wüste und ihre Bewohner. Nach seinem Studium der audiovisuellen Kommunikation an der Universitat Pompeu Fabra (UPF) in Barcelona zog er nach Tanger, wo er den Film „Todos vós sodes capitáns“ (Ihr alle seid Kapitäne) eigenständig produzierte und drehte, mit dem er seinen ersten Preis in Cannes gewann, den FIPRESCI-Preis bei der Directors’ Fortnight im Jahr 2010. Seinen zweiten Film, „Mimosas“, drehte er im Atlasgebirge und wurde dafür 2016 in Cannes mit dem Großen Preis der Semaine de la Critique ausgezeichnet.

Nach ihrer Rückkehr nach Galicien drehte sie „O que arde“ (Was brennt), der im Herzen der Ancares gedreht wurde und 2019 den Preis der Jury in der Sektion Un Certain Regard des Filmfestivals von Cannes gewann. Fünfzehn Jahre nach ihrer ersten Premiere in Cannes und nachdem ihre Filme in allen Sektionen des Festivals gezeigt wurden und Preise gewonnen haben, debütiert Laxe 2025 im Wettbewerb mit „Sirāt“, wo sie gemeinsam mit dem deutschen Film „Sound of Falling“ den Preis der Jury gewann. „Sirāt“ wird mit lang anhaltendem Beifall empfangen und entwickelt sich vom ersten Moment an zu einem der meistdiskutierten, am meisten debattierten und am intensivsten analysierten Filme des Festivals.

Oliver Laxe bei der Entgegennahme der Goldenen Palme 2025 für „Sirāt“. Foto: ©Kevin Pairavi_Cannes Film Festival.

Tanzen, jubeln, ausflippen

Nach dem Erfolg in Cannes, seiner zweiten Heimat, stieg Oliver Laxe tanzend in den Olymp auf und sammelte eine ganze Reihe von Auszeichnungen von Kritikern sowie der nationalen und internationalen Filmindustrie. Zu seinen Erfolgen zählen zwei Nominierungen für die Oscar-Verleihung 2026: in der Kategorie „Bester internationaler Film“ als Vertreter Spaniens und in der Kategorie „Bester Ton“ mit einem Team, das zum ersten Mal in der Geschichte der Oscars aus drei Frauen bestand: Amanda Villavieja, Leiterin der Tonaufnahme, Laia Casanovas, Sounddesign, und Yasmina Praderas, Tonmischung; zwei Nominierungen für die Golden Globes; eine für die BAFTAs in der Kategorie „Bester nicht-englischsprachiger Film“ und eine weitere für die César-Preise der französischen Akademie – eine Nominierung, die ihm die Türen zu den Kinos in Frankreich öffnete, wo er ebenso wie in Spanien ein Kassenerfolg war. Bei den Europäischen Filmpreisen (EFA) in Berlin gewann er fünf Auszeichnungen; sechs bei den Goya-Preisen und drei bei den Mestre-Mateo-Preisen der galicischen Akademie, bei den Gaudí-Preisen räumte er mit acht Auszeichnungen ab. Ein echter Knaller.

Bei der ersten Vorführung stellte der Regisseur anhand der Reaktionen der Zuschauer fest, dass sie einen Film geschaffen hatten, der erschüttert und bewegt, der aus dem Rahmen fällt. „Sirāt“ lässt niemanden gleichgültig. Nicht jeder von uns war schon einmal auf einer Rave-Party, und Oliver Laxe nimmt uns gemeinsam mit dem Kameramann Mauro Herce, der ihn seit seinen Anfängen begleitet, mit auf eine Party irgendwo in die Wüste, wo sich eine Reihe von, gelinde gesagt, seltsamen Gestalten tummeln.

Tanzen in der Wüste, ohne dass es ein Ende gibt. Foto: ©Quim Vives

Unmerklich verwandelt sich der Klang, der zunächst sehr leise ist, in die Beats, die den Rave antreiben. Bild und Ton sind perfekt aufeinander abgestimmt, bis man eine Menge von Raver entdeckt, die sich dort aufhalten. Eine bunte Schar, die ekstatisch zu hypnotischer Musik tanzt, die Kangding Ray in Berlin komponiert hat – unter der aufmerksamen Beobachtung und in Zusammenarbeit mit Oliver Laxe, zwei Jahre vor Beginn der Dreharbeiten. Das Filmprojekt war bereits seit zehn Jahren in der Mache. In einem Gespräch mit dem Titel „Nicht zu wissen, welcher der letzte Ton sein wird“, das vom Jugendfilmfestival U22 in Barcelona organisiert wurde, erklärte Amanda Villavieja, dass, als sie die erste Fassung des Drehbuchs zur Erstellung des Live-Tons erhielt, die Musik bereits da war – auf dem Papier. Es war faszinierend: Zu den Szenen gab es Übergänge, und nachdem sie jede Szene gelesen hatte, konnte sie die Playlist hören, die sie in die von Oliver Laxe vorgestellte Atmosphäre versetzte. Das ermöglichte es ihr, angesichts der Herausforderung, das Drehbuch in den Live-Ton zu übertragen, über eine Klangpalette nachzudenken, sodass das Ergebnis nach neun Monaten Postproduktion und nachdem es durch die Hände der Tonmischerin Yasmina Praderas gegangen war, natürlich und tiefgründig klang.

Die Bilder und die Musik des Raves verlaufen parallel, ergänzen sich, und der Live-Sound – dank des geschickten Einsatzes der heute verfügbaren technischen Ausrüstung sehr ausgefeilt und nuancenreich – versetzt einen mitten in die Wüste, in den vom Wind aufgewirbelten Staub, in das Heulen dieser Hunde, in den Augenblick, ins Leben. Diese erste Szene, barock in ihrer klanglichen Gestaltung und etwa fünfzehn Minuten lang bis zum Ende des Abspanns, kann so beeindruckend sein wie die Entdeckung einer Galaxie.

Luís (Sergi López) und Esteban (Bruno Núñez) kurz nach ihrer Ankunft auf der Rave-Party in Marokko. Foto: ©Quim Vives

Die Ausgangslage der Geschichte kann Vorurteile wecken

Ein Vater, der großartige Sergi López, begleitet von seinem Sohn, dem jungen Schauspieler Bruno Núñez, sucht nach seiner Tochter und Schwester Mar, die vor fünf Monaten auf einer Rave-Party an einem unbekannten Ort verschwunden ist. Was machen die hier? Wie ist er darauf gekommen, mit dem Kind an diesen Ort zu fahren, der eigentlich gar kein richtiger Ort ist? Und wohin fährt er mit diesem alten Citroën Jumper, einem Stadt-Lieferwagen, der sich vielleicht zum Pilzesammeln eignet, aber sonst zu nichts? Es ist eine wahnsinnige Rave-Party inmitten der kargen und gespenstischen Berge Südmarokkos, die Körper der Teilnehmer bewegen sich unaufhörlich, sie haben alles Mögliche zu sich genommen, um mit dem Rhythmus Schritt zu halten, und nach und nach entdeckt man eine Figur ohne Bein, Tonin Janvier, einen Straßenkünstler, der sich mit Mechanik auskennt und Lkws durch die Berge zwischen Marokko und Mali gefahren hat; ein weiterer, dem eine Hand fehlt, ist Richard Bellamy „Bigui“, ein Rave-Kumpel von Oliver Laxe, der sie bei einer Demonstration der „Gilets jaunes“ (Gelbwesten) in Paris verlor, nachdem er von einer Polizeigranate getroffen worden war. Ebenfalls mit von der Partie sind Jade Oukid, eine französische Underground-Fotografin, die man in der Warteschlange eines portugiesischen Filmfestivals kennengelernt hat, und Stefania Gadda, eine Viehzüchterin italienischer Herkunft, die in den Alpujarras lebt und bei einem Straßen-Casting in der Gegend angeworben wurde. Sie sind keine Schauspieler, sondern Figuren, die sich selbst authentisch darstellen – es ist ihr echtes Leben.

Tonin, Jade und Stef, fassungslos darüber, dass Luís und Esteban von Rave zu Rave nach Mar suchen. Foto: ©Quim Vives

Der einzige Schauspieler ist Sergi López, und er wirkt wie ein Oktopus in einer Garage, der einen Rucksack trägt, als wolle er einen Ausflug zum See machen, inmitten eines Schwarms von Wesen – Verlierer oder Gewinner, wer weiß. Die Bilder haben eine solche Kraft, der Sound ist so brutal, dass man eine sinnliche Erfahrung durchlebt und zwei Stunden lang eine emotionale Reise erlebt, hypnotisiert von den Bildern und davon, was passieren könnte und was tatsächlich passiert. Mitten auf der Party, wo Lautsprecherpyramiden laut dröhnen, stürmt die Armee herein und verkündet, dass alle Europäer dringend in ihre Herkunftsländer abgeschoben werden. Eine Gruppe der Tanzenden – Tonin, Jade, Stef und Bigui – schafft es, mit ihren Lastwagen zu fliehen, und Luís und sein Sohn Esteban beschließen, vom Schicksal geleitet, den flüchtenden Ravern mit ihrem Kleinbus zu folgen. Sie durchqueren die Wüste auf dem Weg zu einer anderen Party irgendwo nahe der Grenze zu Mauretanien, in der Hoffnung, Mar zu finden. Es ist kein Film der Dialoge, davon gibt es kaum welche. Entscheidend ist, was man sieht, was man hört und was man hört, wenn man nicht sieht, was gerade geschieht.

Die Lastwagen – alte Mercedes-Modelle aus den 60er- und 70er-Jahren, die von der Art-Direktorin Laia Ateca gerettet und von ihrem Team umgebaut wurden – sind ebenso wie der Ton echte Hauptfiguren des Films. Auch die Motoren sprechen.

Die Durchquerung der Wüste ist ein spirituelles Abenteuer, für das gut ausgestattete Lastwagen benötigt werden.

Eine extreme Reise

„Sirāt“ – kühn und waghalsig – lässt sich nicht in eine Schublade stecken: ein Film, der mehrere Genres vereint – Roadmovie, Western, Dokumentarfilm, Thriller –, und zugleich ein existentielles, metaphysisches, transzendentales Abenteuer ist. Es ist auch eine innere, körperliche, kräftezehrende Reise, die einen in ihren Bann zieht – das Gehirn und den ganzen Körper. Die Figuren spielen keine Rollen, sie folgen keinem Drehbuch und bewegen sich mit absolutem Realismus, der körperliche Empfindungen wie Hitze und Angst vermittelt – angesichts dessen, was gerade geschieht und was noch geschehen wird. Die Kulisse, die in der Wüste so schwierig zu gestalten ist, ist bewegend.

Sergi López, der Vater, ist ein katalanischer Schauspieler aus Vilanova i la Geltrú, der an der Jacques-Lecoq-Schule in Paris Pantomime studierte, fließend Französisch spricht und zu unseren internationalsten Schauspielern zählt – der Beweis dafür ist, dass er bereits zehn Mal auf dem roten Teppich in Cannes stand. Es war der katalanische Produzent Oriol Maymó, der Laxe vorschlug: „Warum nicht Sergi?“ Und obwohl sich der Regisseur eine schlankere, melancholischere Figur vorgestellt hatte, schlug er ihm vor, ein paar Proben zu machen, und Sergi, Hauptdarsteller des Oscar-prämierten Films „Pans Labyrinth“ von Guillermo del Toro, der trotz seiner langen Karriere bescheiden und einfühlsam ist, verstand, dass Laxe ihn sich in der Rolle des Luís vorstellen wollte. „Es war ein Volltreffer“, gesteht Oliver Laxe, „Sergi ist der Inbegriff des Clowns, der keinen Kontakt zu sich selbst herstellen will. Er beherrscht die Maske sehr gut und verfügt über eine Technik, bei der man ihm einfach sagen kann: ‚Hey, ich möchte, dass du einen Mönch oder einen Metzger spielst‘, und er gibt sich Mühe und macht es. Aber er ist auch gut darin, Masken abzulegen und eine Verbindung zu sich selbst herzustellen; vor der Kamera hat er kein Ego. Es war wichtig, um mit den Raver-Leuten auf Augenhöhe zu sein, diese Einfachheit, diese Natürlichkeit, dieses „in sich selbst sein“ zu haben.“

Der Zuschauer identifiziert sich sofort mit Luís, auf einer sehr emotionalen und ganz grundlegenden Ebene: Er ist der unscheinbare Mann, er könnte der Vater von jedem sein, ein ganz gewöhnlicher Spanier. Ein zerbrechlicher Vater, der dort auf einer Rave-Party verloren ist, ohne jegliche Hilfsmittel– das ist bewegend: ein bescheidener, einfacher Arbeiter, der mit seinem Sohn da ist. „Sergi López ist ein Punk, dem muss man nichts sagen“, bekräftigt Laxe in verschiedenen Interviews, worauf López, der noch nie in seinem Leben auf einer Rave-Party gewesen war, antwortet: „Ich bin kein begeisterter ‚Schauspieler‘, aber bei diesem Film ist mir etwas passiert, ich hatte eine Erleuchtung, ich habe extremen Schmerz empfunden, der nicht mein eigener ist, ohne auf meine eigene Erfahrung zurückzugreifen und mit dieser Distanz zu entdecken, dass Schauspieler zu sein nicht bedeutet, Lösungen zu finden, Dinge richtig auszuführen oder Risiken einzugehen – ja, das wussten wir bereits. Ich habe entdeckt, dass der Körper ein tieferes Gedächtnis haben kann als man selbst und dass der Körper wissen kann, dass man vor Schmerz bei einem Schock in Ohnmacht fallen kann, obwohl ich das weder erlebt noch gesehen habe.“ Das muss wohl an der Wüste liegen.

„Bei der Arbeit an diesem Film habe ich erkannt, dass ich ein Raver bin“, erklärt Laxe. „Es war ein zehnjähriger kreativer Prozess zusammen mit meiner ehemaligen Partnerin Nadia Acimi, die in allen meinen Filmen die Kostüme entworfen hat und auch bei diesem Film am Casting mitgewirkt hat. Es war ein Prozess, in dem ich mich mehr mit meiner Leere, mit meiner Wunde verbunden habe, und ich habe es geliebt. Ich habe dieses Drehbuch gemeinsam mit Santiago Fillol geschrieben – unter Tränen und ganz im Einklang mit meiner kleinen Wunde, die zwar harmlos ist, die ich aber dennoch feiere. So viele Jahre lang habe ich sie neurotisch gemieden, und jetzt kann ich mich mit ihr verbinden und Kraft aus ihr schöpfen. Im spirituellen Sinne könnte Sirāt jener innere Weg sein, der einen dazu bringt, zu sterben, bevor man stirbt – so wie es Luís, dem Protagonisten des Films, widerfährt.“

In den Drehbuchnotizen des Regisseurs finden wir folgende Worte: „Wir sind alle ein bisschen wie Luís: gewöhnliche Menschen mit eher anonymen und langweiligen Leben. Wir sind im Westen aufgewachsen, umgeben von grenzenlosem Komfort und immer weit entfernt vom Tod; und genau deshalb zeigen wir uns oft ein wenig apathisch, entfernt von unserer inneren Wahrheit. Aber im Leben laufen viele Dinge oft anders als geplant: Plötzlich kommt es zu unerwarteten Wendungen, die uns erschüttern und uns zwingen, uns zu fragen, ob wir sicher sind, auf dem richtigen Weg zu sein. In diesem Sinne ist „Sirāt“ ein harter Film, aber von einer notwendigen und konstruktiven Härte. Die Ereignisse zwingen die Figuren dazu, Raum für Veränderung zu schaffen und zu wachsen. Wenn sie den Tiefpunkt erreichen, sind sie gezwungen, sich mit sich selbst auseinanderzusetzen. Sie haben nichts mehr zu verlieren. Ihr Ego ist zerbrochen. Sie haben keine Angst mehr. Sie sind bereit, das Minenfeld zu durchqueren, bereit, mit der Ewigkeit zu tanzen.“

Tonin, Stef i Bigüi amb en Luís (Sergi López) fent-se a la idea de l'apocalipsi al desert. Foto: ©Quim Vives
Tonin, Stef und Bigui mit Luís (Sergi López), die in der Wüste die Apokalypse verarbeiten. Foto: ©Quim Vives

Tanzen, um zu leben

In der Rave-Community zeigen sich die Menschen so, wie sie sind, ohne Filter, mit ihren Wunden – und manchmal dringt durch diese ein Lichtstrahl herein. Es sind Menschen mit einem radikalen Bewusstsein, die zwischen Ausstieg und Durchhalten hin- und hergerissen sind. Sie tanzen, berauschen sich und tanzen weiter, während sie zusehen, wie alles zusammenbricht. Oliver Laxe mag Techno und Raves. Er ist der Sohn von Landarbeitern und hatte, wie er selbst sagt, in seiner Jugend ein gewisses Gefühl der Entwurzelung, ohne Vorbilder, ohne Lehrer, die sein Herz höherschlagen ließen. Das verbindet ihn mit den Rave-Teilnehmern. „Schon von klein auf wissen wir, dass das so nicht tragbar ist, und ich teile mit ihnen dieses Gefühl der Dämmerung; wir befinden uns in einer Zeit des Wandels und wollen, dass dieser Wandel kommt, eine Art resett. Mir gefällt die Lobeshymne auf das Leben der Raver; da steckt etwas von Realitätsflucht drin, manche sind ein bisschen wie Peter Pan, und eines ihrer Mottos lautet: ‚Wir stecken unsere Köpfe in die Lautsprecher, um nicht zu hören, wie die Welt zusammenbricht.‘ Es gibt eine Art Realitätsflucht, die in allen Bereichen der Gesellschaft zu finden ist: den Wunsch, nicht nach innen zu schauen.“ Sie tanzen zu den Klängen der Dance-Musik von David Letellier, alias Kangding Ray, einem in Berlin lebenden Komponisten, DJ und bildenden Künstler, der uns bei dem üblichen, von Olivia López Bremme moderierten Gespräch mit dem Publikum im ovalen Saal des Babylon begleiten wird. Ein dreidimensionaler, elektronischer Soundtrack, der sich mit dem Heulen des Windes, dem Umgebungsdröhnen und der einen oder anderen beeindruckenden Explosion verbindet und die Zähne während des gesamten Films zum Klappern bringt. Die Klänge von „Sirāt“ hüllen die Figuren ein und begleiten ihre Euphorie, ihre Angst und ihre Ängste – eine Welt voller Nuancen, geschaffen von den für den Oscar nominierten Klangkünstlerinnen. Sie passen sich einem Rhythmus an, der perfekt zu Laxes Parabel über das Verhältnis der Menschheit zum Erhabenen passt. Weine, schreie, aber hör niemals auf zu tanzen, selbst wenn es das Ende der Welt wäre.

Foto vom Dreh von ©Quim Vives mit Mauro Herce (rechts) und Oliver Laxe (links) sowie einem Teil des Teams von „Sirāt“.

Titelbild: ©Quim Vives


La revista DESBANDADA es mediapartner de la Acadèmia del Cinema Català

Der Cicle Gaudí in Berlin wird von der Acadèmia del Cinema Català in Zusammenarbeit mit dem Institut Ramon Llull, unter Mitwirkung des Weinguts Ànima Negra und des Hotels Gat Point Charlie (Gat Rooms) sowie mit Unterstützung des Kinos Babylon und der Zeitschrift Desbandada organisiert.

Im Anschluss an die Filmvorführung findet eine Diskussion mit dem Publikum statt, bei der Kangding Ray als besonderer Gast auftritt. Moderiert wird die Runde von Olivia López Bremme, begleitet wie immer von einem auf Mallorca gereiften Wein, der vom Weingut Ànima Negra zur Verfügung gestellt wird, sowie einer Tapas-Spezialität des Hotels Gat Point Charlie in Berlin.

Um das katalanische Kino in Berlin zu feiern, bietet GatRooms den Freund*innen des Cicle Gaudí in Berlin einen Rabatt an: „Wo man Kultur genießt, kann man sich auch erholen“: 15 % Rabatt in GATROOMS-Hotels mit dem Code GAT15.

Das Magazin „DESBANDADA“ ist Medienpartner der Katalanischen Filmakademie.

SAMSTAG, 17.10.2026_16h _BABYLON_Rosa Luxemburg Str. 30_Berlin

SIRAT [Französisch u. Spanisch (OmU)]
SP 2025, R: Oliver Laxe, mit Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Stefania Gadda, Tonin Janvier, Richard Bellamy «Bigui», Joshua Liam Henderson, Abdellilah Madrari, Ahmed Abbou,  Mohamed Madrari. 111 Min.

Mit Kangding Ray als Gast bei der von Olivia López Bremme moderierten Podiumsdiskussion.

Nächster Film der Cicle Gaudí in Berlin

21.11.2026 LA FURIA Regie: Gemma Blasco (Katalanisch und Spanisch. (OmeU). 107 Min.

In Anwesenheit der Regisseurin Gemma Blasco und des Komponisten des Soundtracks, Jona Hamann.

Montse Majench

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *