El duende se pasea por Berlín

Por mucho frío que haga, incluso aunque nieva, en Berlín se puede celebrar la Navidad Flamenca a ritmo de palmas, guitarra, baile y cante en el Pfefferberg Theatre, el 20 y 21 de diciembre. Eso siempre anima el corazón.
Una entrevista de Montse Majench

El año pasado, por estas fechas, el escenario de la Schönhauser Allee en el Pfefferberg Theatre, se convirtió por primera vez en un tablao flamenco donde colgaron el cartel de “agotadas las localidades”, antes del estreno. Ahí vuelven este año, con esa música del alma para ofrecer un soplo de vida.

Los seis componentes de Mi Mundo Flamenco, de diversas procedencias, están juntos porque aman el flamenco, están poseídos por ese duende, se juntan y hacen volar las estrellas. “Vale, esto es lo mejor” me dice la bailaora La Mona al presentarme al conjunto desde una postal. La primera, María Prenda, la cantaora, toca la guitarra clásica y vino de Sevilla para estudiar ingeniería en Dresde y ahí se quedó y ahí vive, arropada en el cante flamenco, muy dulce, muy viva. Ejerce también de presentadora y conductora de la noche, en castellano y en alemán. El cantaor es Celedonio Garrido, llegó a Berlín hace cinco o seis años desde un pueblo de Sevilla y la escena flamenca berlinesa está muy orgullosa de tener aquí, en Berlín, un cantaor de su nivel. Qué bueno. El guitarrista es Josel Ratsch, gran conocedor del cante y el baile vive en Dresde, dónde compone su propia música. Sabe acompañar muy, muy bien. Y en el baile son tres mujeres, Raphaela Stern, de Hamburgo, formada en Sevilla, ha creado la academia Centro Flamenco de Berlín. La segunda es Migiwa Shimizu, una japonesa que vive en Dresde, dónde se proponía estudiar piano, pero conoció el flamenco y como buena japonesa, sucumbió al hechizo del duende y acabó bailando. Y La Mona, nacida en Ulm por algún error de los astros pues toda ella desprende Sur, palmas, y pasión por el flamenco. Por formación y por esencia se considera un músico/una música, pero por carácter, se expresa con el baile, marcando el ritmo con los pies.

Mi Mundo Flamenco. @Daniela Incoronato

Cada uno de ellos tiene otra vida más allá de Mi Mundo Flamenco y también una vida anterior; todos vienen “de fuera” pero su patria es el flamenco, y en el escenario se nota que lo pasan bien, que lo viven desde el alma y transmiten emoción. Hay días, mágicos, en los que todo fluye y no sabes cómo ni por qué, el duende salta del escenario y se infiltra en el ambiente y la platea se deja embrujar, sin resistencia. Se ofrece Navidad Flamenca dos noches seguidas, la del viernes 20 de diciembre y la del sábado 21, con el mismo programa, flamenco jondo, palos festeros y no faltaran los villancicos navideños. Pero, ay, ojo, el espectáculo será diferente cada día, como la vida misma. 

Navidad Flamenca 

La Mona. @Daniela Incoronato

Seguimos hablando con la bailaora La Mona, alemana de pura cepa, co-impulsora de Mi Mundo Flamenco y de grupos como Pura Vida o Azabache flamenco y fundadora del Coro Rociero de Berlín. Por su fisonomía podríamos pensar que es de Granada o de Jerez de la Frontera, donde tiene el corazón. Tez blanca, pelo largo castaño oscuro y unos ojos que brillan y se iluminan hablando del flamenco, con acento andaluz.

¿Cómo descubriste el flamenco?

Todo comenzó durante mi adolescencia en el sur de Alemania. Aunque mi educación musical fue clásica —empecé con el piano y luego el fagot— siempre sentí una fascinación por la danza. A los quince años, comencé con ballet clásico y luego exploré jazz, moderno, bailes de salón hasta que llegué al tango argentino. Ahí conocí a una joven belga que vivía en Berlín, que me introdujo en el flamenco, me puso unos zapatos y empecé a bailar. De hecho, el segundo fagot en la orquesta tiene la misión de marcar el ritmo, es como el bajo, y eso siempre me gustó. ¡Al bailar flamenco tenía que marcar el ritmo con los pies y encima mover las manos! y no tenía que ir al suelo como en el baile moderno o en el contemporáneo, ni saltar como en el ballet, nunca me gustó saltar. Así pues, el flamenco fue una revelación, una danza perfecta para mí. En ese momento, el flamenco llegó como una nube, todo coincidió, fue cuando Carlos Saura estrenó la película “Carmen” (1984), segunda entrega de la trilogía que rodó junto al bailarín Antonio Gades, “Bodas de sangre” (1981) y “El amor brujo” (1986). “Carmen” la habré visto, no sé, al menos cinco veces. Desde entonces, el flamenco me atrapó.

Mi Mundo Flamenco @Daniela Incoronato

¿Cuál fue tu itinerario hacia el flamenco?

Esa chica también me regaló un libro de bolsillo que ha sido muy importante para mí, un libro en alemán, escrito por Consuelo García, una mujer mayor que proponía el flamenco como terapia, titulado “Flamenco, Ein Weg zur Lebendigkeit” (El flamenco, un camino a la vivencia). Sin saber nada de flamenco, leí ese libro donde se hablaba de la academia Amor de Dios en Madrid y, ni corta ni perezosa, con 19 años, me fui directa hacia allí, en tren desde Ulm, con la bicicleta, éramos inseparables, y el tren paraba 12 horas en la frontera de Francia para cambiar las vías. Era joven, aventurera, y aunque estábamos en pleno verano, yo iba con mis botas de cowboy, porque era muy de cowboy, la chaqueta de cuero y un pequeño equipaje. Solamente compré una guía de Madrid, en alemán, para saber algo de Madrid, aunque no encontré nada sobre de Amor de Dios, al menos había un plano que me condujo hacia allí. 

Amor de Dios, un punto de inflexión.

Ahí empecé y me di cuenta de que ese baile iba totalmente con mi manera de ser, y como quería aprender, me metí en las clases para gente con mucho nivel, en Amor de Dios era posible, podías probarlo todo, hasta me metí en las clases de María Magdalena, una señora que aparece en la película de Carlos Saura, que daba clases en bata y zapatillas de estar por casa a personas de todos los niveles, juntos, desde principiantes hasta profesionales. Cada día una hora, lunes pies, martes brazos, miércoles pies, jueves brazos, y los viernes, vueltas con las castañuelas. Me di cuenta de que podía aprenderlo, de que estaba en mi salsa y me quedé un par de semanas, tomando clases. Ahí decidí que quería dedicarme al flamenco. 

Madrid, para mí, es como la mezcla entre Berlín y Andalucía, el punto intermedio flamenco ideal, donde conocí a Sylvia, mi amiga alemana de Jerez.

Rumbo a Berlín

Aquella chica que me había revelado el flamenco, mi ángel, también me dijo que en Berlín había una academia de baile del maestro cordobés Manuel Moreno. Estaba en la sala trasera de una academia de ballet, en Moabit. Estamos hablando del 1988, antes de la caída del Muro y en aquel momento en Berlín occidental se podía vivir todo y encontrar trabajos muy variados, sin demasiada complicación. Llegué a Berlín en noviembre del 88 para hacer una audición en su academia y, después de unos bailes en solitario y siguiendo sus pasos, el maestro Moreno me aceptó en la escuela. Hacíamos clases todos los días, entre dos y cuatro horas. Además, descubrió mi talento natural para la enseñanza y pronto me invitó a substituirlo como profesora en las clases de baile flamenco para principiantes. Él me puso el mote de “La Mona” en referencia a la Mona Lisa, un día que tenía el pelo mojado saliendo de la ducha.

La Mona y Joëlle en Jerez de la Frontera en los 90

Profesora de baile

Allí conocí a Joëlle Guerrero, una francesa explosiva en la noche berlinesa de los noventa, y creamos el dúo Pura Vida que luego, como otros registraron el nombre, se transformó en Azabache flamenco. Pasé un tiempo en Sevilla, bailando e intentando trabajar, misión imposible, y me di cuenta de que si quería seguir bailando tenía que volver a Berlín. Fue una decisión difícil, desde Sevilla, la cuna del baile, pero fundamental para encontrar mi camino. Me he ganado la vida dando clases de baile flamenco, a niños y a mayores, me encanta. En 1990 empecé a dar clases los domingos por la mañana en la Misión Católica Española aquí en Berlín. Estaba formada por personas que habían venido a Berlín a trabajar y, estando fuera de España, querían aprender a bailar flamenco. Se reunían en una iglesia y antes de la misa, hacíamos flamenco, con cintas de casete o con un guitarrista que me acompañaba a veces. Después de la misa, en una sala grande que había, se preparaba una gran comida. Imagínatelo, con los niños correteando por allí, chillando, mucho ruido, los sacerdotes tomando cerveza, los hombres jugando a las cartas y las mujeres cocinando, un ambiente andaluz real, así fue.

Azabache flamenco. @Daniela Incoronato

Me ayudó mucho que aquellas gentes me adoptaran y me aceptaran como alemana en el flamenco, como alguien que no tiene sangre española, pero que tiene afición y ama bailar y quiere dedicarse al flamenco. Tenía 22 años y fui bendecida, así he crecido y vivido. 

En Berlín siempre ha habido una cierta afición y curiosidad por el flamenco y hay que sumar a los alemanes que van de vacaciones a España y de alguna manera quieren revivir esas sensaciones, la fiesta, la emoción y el ritmo. En 1994 Joëlle y yo, una rubia francesa y una morena alemana, creamos Azabache flamenco, con el cantaor Luis Monje Vargas «El Peluca» como patriarca de la familia, pronto se sumaron el bailaor Fernando Galán, el guitarrista Frank Ihle y más adelante Rayko Schlee y Valle Monje Domínguez, todos de la cantera jerezana, y a la percusión Antonio Moreno, “Pumuki”, junto a las bailaoras Ana Menjibar y Bella Paloma. Llevamos 30 años haciendo actuaciones por toda Alemania, hasta en Turquía, en teatros grandes o espacios más pequeños, pero siempre con la misma pasión. ¡La celebración fue en la Philarmonie de Berlín, imagínate! Éramos 10 personas en el escenario, mi familia flamenca.

La Mona. @Daniela Incoronato

Vacaciones flamencas

Desde 1996, año tras año, Joëlle y La Mona, congregan en primavera y en otoño en el Hostal Los Jerezanos de Bolonia, una localidad tocando el mar, entre Cádiz y Tarifa, alemanas y alemanes y gente de Suiza, Austria, Australia, Irlanda, hasta una chica de Burgos… que tienen ganas de descubrir qué hay detrás de esa música, de ese ritmo, aprender a bailar flamenco o practicar, hacer palmas o tocar la guitarra. Junto al bailaor jerezano Fernando Galán, el cantaor Luis Monje Vargas y los guitarristas Rayko Schlee y Valle Monje Vargas, imparten los talleres de 10 días en una inmersión intensa en la cultura andaluza y en el flamenco tradicional, día y noche, junto al mar.

¿Dónde están los jóvenes?

Gracias al fenómeno Rosalía, hay una gran afición al flamenco entre los jóvenes en Berlín propiciada por los españoles que vienen a estudiar o a trabajar. Algunos se apuntan a las academias y otros incluso han construido un Tanzboden, pista de baile, y se encuentran los sábados o los domingos, según el tiempo, en el Tablao Flamenco del Tempelhofer Feld, una institución de encuentros, de jam sessions, de juergas… 

La Mona. @Daniela Incoronato

¿Y tú?

Seguiré bailando en mis diferentes proyectos, lo primero con Mi Mundo Flamenco, después de la Navidad Flamenca en Berlín, el año que viene ya tenemos unas cuantas actuaciones previstas en Bremen, otra vez en Berlín, Erfurt, Wiesbaden, Reutlingen, Mannheim, Esslingen, Offenbachen… también con Azabache flamenco, y cuando hay un hueco, organizo el Salón La Mona, de música y baile, con artistas invitados con los que me apetece colaborar. Luego llegan las vacaciones flamencas en Bolonia, eso es sagrado, como también el Coro Rociero de Berlín, que tiene la sede en la Peña Flamenca „Pata Negra“y donde nos encontramos cada dos semanas para cantar, jóvenes y mayores, acompañados a la guitarra por Tomasito y sus alumnos. Los lectores de Desbandada están invitados a venir y cantar, nuestro lema es “one song a day keeps the doctor away”. También seguiré dando clases de baile, claro, que no se apague nunca la llama flamenca.

El Coro Rociero de Berlín en Buckow

La Mona, además, tiene la virtud de documentar todo lo que hace, en álbumes de fotografías y videos que pueden verse en su página www.onedanceaday.de 

La Mona. @Marlon Pfaffenholz



Montse Majench

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