El erotismo. Primer acto

El viernes 5 de junio se celebró en la librería La Escalera de Berlín-Prenzlauer Berg uno de nuestros míticos debates.

Esta vez hablamos del eros, un tema tan difícil de asir como de acotar y que, además de ser eterno, es de absoluta actualidad.

Más que describirlo o hablar de sus diferentes rostros me interesaba viajar con los participantes hasta la pregunta ¿cuán erótica es mi vida? -no únicamente en su dimensión sexual-.

Para comenzar les pedí que trajesen el objeto más erótico que encontrasen por casa y las elecciones confirmaron mi sospecha de que, por regla general, asociamos erotismo a sexualidad.

Ya durante la preparación me di cuenta de que no iba a ser posible ni siquiera perfilar el tema en la supuesta hora y media que habíamos programado y, efectivamente, a pesar de que doblamos el tiempo, prácticamente no pasamos de la definición.

Decía Bataille, que el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte.

¿Qué significa esto?

Empecemos por la base.

Orígenes del erotismo

El erotismo tiene su origen en las necesidades del sujeto.

Freud, con el fin de explicar el desarrollo psicosocial, dividió la mente humana en tres instancias; el ello, el yo y el superyo.

El ello es la fuerza que empuja al sujeto hacia la satisfacción de sus necesidades básicas, primero, y eróticas, más adelante. La satisfacción de estas necesidades reduce la tensión y su frustración la aumenta. La violencia, expresada o contenida, es el resultado de la frustración de nuestras necesidades.

Pero, ¿quiénes son esos personajes crueles que frustran nuestras necesidades?

El mundo entero, que tiene otras prioridades y no puede estar a nuestra disposición. Esto lo aprenderá dolorosamente el niño en su relación con la teta materna, que tiende a desaparecer.

El ello se mueve por el principio del placer (deseo-satisfacción) y durante el proceso de socialización, que comienza con el nacimiento, va chocando con los límites que el mundo, representados por sus padres, le va poniendo. Socializar significa aprender a renunciar y a soportar la frustración que supone la adaptación al mundo. Significa finalmente la interiorización de estas reglas.

A cambio de la frustración de mis necesidades egoístas-erógenas el mundo me ofrece otros beneficios, como protección o reconocimiento social.

©Roberto Calvo

La interiorización de los límites, las reglas, los valores, la moral, la ley y la ética irán dando forma poco a poco a mi superego, esa instancia que desempeñará la función, que en un principio tienen los padres. Esta interiorización no sucede de forma pasiva sino que cada persona hace sus ajustes.

El superego es el angelito bueno en las películas de Disney, ese que pretende que actuemos siempre cívica y responsablemente (y el ello es el demonio).

A partir de cierta edad comienza a hacer su aparición el yo (la personalidad) que no es otra cosa que el mediador entre el ello y el superyo, que a menudo entran en conflicto. El yo es el compromiso que me veo obligado a hacer entre mi aspiración natural a la felicidad egoísta por una parte y el choque con la sociedad por otra.

Dos formas básicas de sufrimiento

Si imaginamos estas dos tendencias contrapuestas (la búsqueda de felicidad individual egoísta y la de reconocimiento social altruista) en un continuo, encontramos en cada extremo dos formas distintas de sufrimiento. Si me sacrifico demasiado para adaptarme, es decir, si pretendo obtener toda mi satisfacción del reconocimiento del grupo, sufriré internamente los efectos de  la represión de mis necesidades eróticas (las básicas no suelen estar prohibidas) lo cual me generará una tensión (violencia contenida) para la me veré obligado a encontrar una válvula de escape (vivirlas a escondidas, por ejemplo). Si por el contrario me entrego desmesurada y abiertamente a mis placeres egoístas, con quién tendré problemas será con la sociedad, con el Otro, con el mundo. Y me quedaré sin reconocimiento social el cual, aun sin ser erótico, es primordial para el humano, pues su pérdida significa aislamiento y soledad.

En este punto ya hemos comenzado a distinguir, aun sin explicarlas, entre las necesidades básicas del niño (de supervivencia) y las eróticas del ser que va creciendo. Las segundas emergen directamente de las primeras pero van tomando forma a través de las prohibiciones, pues son precisamente las prohibiciones, así como la posibilidad de transgredirlas, las que terminan erotizando mis necesidades.

Deseos conscientes e inconscientes

Decir también que de nuestras necesidades más eróticas no siempre somos conscientes, pues a menudo no son políticamente correctas, de hecho pueden llegar a ser tan terribles que nos asusten. Por ello preferimos mantenerlas al margen de nuestra conciencia. Ellas son nuestro lado oscuro, ese que tendemos a proyectar fuera, en los demás, en aquellos que las viven descaradamente (dime quién es tu enemigo más visceral y te diré que estas reprimiendo). Pero ni siquiera así podremos evitar que reaparezcan en nuestra mente en forma de impulsos, que en los casos más extremos podemos sentir ajenos a nosotros, como sucede en el TOC, o incluso impuestos, como en los delirio.

En todo caso son estos deseos inconscientes los más potentes (cuando los básicos están cubiertos).

Ahora que sabemos qué son y cuál es el origen de nuestras necesidades eróticas volvamos a la definición de erotismo de Bataille, la aprobación de la vida hasta en la muerte.

El valor de la vida

Hoy que la vida ha sido elevada a valor máximo podríamos pensar que estamos más cerca de lo erótico que nunca.

Y, sin embargo, lo contrario es cierto ya que lo que se ha elevando a valor máximo no es la vida sino su prolongación a través de la salud. Un síntoma de este cambio de paradigma es el hecho de que los días del año ya no están dedicados a los santos sino a reivindicar enfermedades o condenar vicios.

Implícitamente parecemos estar postulando un mundo en el cual, gracias a nuestras medidas de seguridad, a la ciencia y sobre todo a la tecnología, pronto ya no quedarán razones para el terror. Pero el terror -como concluimos en el último debate- no se puede eliminar (aunque podemos disimular y mantenerlo a una distancia prudente de nuestra conciencia a través de una serie de rituales racionales).

Dicho esto, surgió una pregunta: ¿para qué queremos una vida larga?

-Para disfrutarla.- sentenció una participante.

Efectivamente la salud es un medio y no un fin y la preocupación excesiva por ella esta directamente relacionada con nuestro ancestral miedo a la muerte y nuestro vano intento de hacerla desaparecer. Por el contrario, la aprobación de la vida hasta en la muerte implica la creencia de que el hombre podría superar lo que le espanta si lo mirase de frente. Y que si lo hiciese, perdería además esa extraña falta de reconocimiento que lo caracteriza, esa falta de autoestima, ese eterno complejo de inferioridad, cuyo mecanismo reactivo es siempre la arrogancia, de la cual el exponente más visible es la ciencia que, con sus pretensiones de explicarlo todo, se carga de responsabilidades que no puede asumir.

©Roberto Calvo

El erotismo es ese impulso que siempre excede los límites, las fronteras de la razón le impone, y que sólo en parte puede ser reducido.

Pues ni las prohibiciones ni nuestra buena voluntad conseguirán hacernos renunciar a las necesidades eróticas

¿Qué aprobaríais hasta en la muerte? O dicho de otro modo, ¿a qué no renunciaríais?

-Al contacto social. -dijo una participante.

Eros y Tánatos

En la vida nos vemos obligados a lidiar constantemente entre el Eros, ese extraño impulso que nos lleva hacia los demás, a conectarnos con el prójimo, incluso a costa de meternos en problemas y el Tánatos, que nos incita a la satisfacción definitiva, la paz de los sentidos, a la muerte. La relación entre Eros y Tánatos no es lógica, no se excluyen ni se complementan sino que se imbrican. Queremos conservar la vida (buscamos seguridad) pero también hacerla más intensa, es decir, darle calidad.

Apolo y Dionisio representan esta dualidad en la mitología. Apolo es la belleza, lo elevado, lo racional, el trabajo en tanto que Dionisio, dios del vino reivindica lo terrenal, la sensualidad desatada, la fiesta. El recurrente triunfo de los valores apolíneos sobre los dionisíacos en la mitología y en la vida, es también el triunfo de los Dioses sobre los mortales, del grupo sobre el individuo.

Pero como Nietzsche pienso que el desarrollo de la vida está ligado a la combinación de lo apolíneo y lo dionisíaco.

Terminamos el debate hablando de cómo combinar estos valores.

La convivencia de los humanos entre si requiere que exista una mayoría (masa) más fuerte que cualquier individuo para evitar que se impongan las necesidades individuales.

©Roberto Calvo

Al poder de esta comunidad lo reconocemos como “derecho o ley” y al sacrificio en aras de los valores del grupo lo llamamos altruista y solidario, por el contrario, cuando el individuo intenta imponer sus necesidades, lo consideramos violento, rebelde, desconsiderado y egoísta.

Esta tendencia es la que subyace a la crítica y condena, muy actual, de lo que se llama el „ego“.

Porqué no podemos renunciar al erotismo

Sin embargo, y aquí terminó nuestro tiempo,  las necesidades eróticas, únicamente pueden ser reivindicadas por el individuo, si este no lo hace, como no pueden desaparecer, se generará una violencia que puede llegar a ser peligrosa para la sociedad.

©Roberto Calvo

Esto significa que solo en apariencia las necesidades eróticas van en contra de los intereses de la comunidad. Sin embargo existe una dificultad inherente a la hora de reconocerlas como importantes, al carecer la sociedad, que es una construcción, del sensor subjetivo que le permite disfrutarlas y consecuentemente juzgarlas importantes.

Solo podrá hacerlo si reconoce en la violencia la frustración del ego.

En este punto nos vimos obligados a terminar el debate en parte para no saturar las mentes y en parte porque las mieles de Baco estaban surtiendo un potente efecto.

Queremos invitaros a la segunda parte en la cual, además de seguir con el erotismo, queremos hablar de los enemigos del eros.

Os esperamos.

La segunda parte del Club de debate dedicado a este tema tendrá lugar el viernes 19 de junio de este mismo año. Busca la convocatoria en Revista Desbandada.
Librería La Escalera durante el Club de Debate

Georgia Ribes

Psicologa clínica y autora. Berlin- Neukölln. www.psychologischepraxisneukoelln.de

2 comentarios sobre “El erotismo. Primer acto

  1. Brillante exposición de Georgia, aunque no esté completamente de acuerdo con su visión freudiana. La frustración del ego no siempre se resuelve en violencia, y la sociedad no debería pronunciarse acerca las necesidades eróticas del individuo (por ser privadas) en tanto no afecten la libertad de otras personas. Ni más ni menos el imperativo kantiano. El conflicto no se puede resolver porque el conflicto es necesario para que exista el erotismo, y por lo tanto la vida. Estoy impaciente por entrar a la segunda parte del debate.

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  2. Como preparación remota leí, hasta donde aguanté, el imaginativo libro en prosa de Bataillé. Después de recoger 7 hojas de frases que, ni conseguía entender, ni puzzlear como por ejemplo: “La reproducción encamina hacia la discontinuidad de los seres, pero pone en juego su continuidad; lo que quiere decir que está íntimamente ligada a la muerte.” “El erotismo es lo que en la conciencia del hombre pone en cuestión al ser”. “Ya no podemos hacer diferencias entre la muerte y la sexualidad. La sexualidad y la muerte sólo son los momentos agudos de una fiesta que la naturaleza celebra con la inagotable multitud de los seres”….Para preparar el debate del día 19 pienso volver a ver Los dientes del diablo e incluir otra palabra griega para hablar de aspectos del AMOR además de EROS y AGAPE. FILEO, relacionada con el conocimiento y la sabiduría (FILO-SOFÍA).

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