Alimentación intuitiva, regreso al origen

Un artículo de Martha Marquina.

En mi formación como health coach en Nutrición Integral aprendí una infinidad de dietas y programas alimenticios, como la dieta low-carb, la paleo, la de los puntos, la dieta mediterránea, la cetogénica, la dieta del ayuno intermitente. Algunas de ellas enfocadas en ayudar a nuestros organismos a desintoxicarse, otras a bajar la inflamación, algunas más específicas para apoyar el funcionamiento de algún determinado órgano, o para ayudar a deportistas a aumentar o definir músculos, siendo la realidad que la mayoría de nosotros buscamos una dieta para bajar de peso.

En ocasiones perdemos de vista el enfoque y la finalidad de estos planes alimenticios y creemos que podemos hacer estas dietas por largos períodos. Muchas de ellas tienen investigaciones que las respaldan, y también vemos como dietistas, doctores y especialistas de la salud las recomiendan. ¡Cuántos best-sellers encontramos con las experiencias de estas dietas! El de la Dieta South Beach, el de la Dieta Atkins, etc. Como podemos ver, existe mucho interés en estos temas, y por ello se ha convertido en una industria multimillonaria.

Pero entre más leo y estudio sobre temas de nutrición más aprendo que la nutrición está llena de teorías contradictorias. ¿Por qué? Por los avances en la investigación, por la evolución humana. Y  por nuestra bio-individualidad: No somos iguales.

Es por eso que los mismos alimentos que para mí son muy beneficiosos, para otras  personas son veneno.

Sinceramente nunca fui una persona de hacer dietas. La primera vez que se me ocurrió hacerlo fue después de tener a primer hijo, a los 26 años, ya que el embarazo me dejó con muchos kilos de más y una amiga me recomendó una nutrióloga de balines. Para los que no saben cómo funciona, el especialista te coloca unos balines en algunos meridianos del cuerpo, como en el lóbulo de la oreja -se le conoce como auriculoterapia- para estimular puntos, centros energéticos, que ayudan a disminuir la ansiedad generada por el hambre. Pero los balines no eran suficientes para bajar de peso; además me entregaba un plan de alimentos semanal. Recuerdo que una semana se comía mucha fruta, otra semana se enfocaba más en grasas saludables, y así semana a semana el plan de alimentación iba cambiando. Como estaba motivada y era disciplinada, lo seguí aproximadamente durante cuatro meses y logré recuperar el peso que tenía antes del embarazo.

Al ver los resultados mi esposo quiso probar esta dieta y le funcionó mucho más rápido que a mí. Recuerdo que me pareció muy simpático que un par de amigos de su oficina decidieran comer lo mismo y hasta se organizaran para llevar la comida al trabajo.

Dos años más tarde volví a embarazarme, y claro que me volvieron a quedar unos cuantos kilos de más. Pero decidí actuar de otro modo: practicar deporte. Retomé la natación tres veces a la semana. Sin darme cuenta, al cabo de unos meses, esto me ayudó a recuperar mi peso. ¿Por qué no volví a hacer la dieta si había sido tan efectiva? Muy simple: el fin de semana había un día en el que se comía en forma libre, digamos un “cheat day”, y ese día sentía la necesidad de aprovechar, así que comía en exceso, terminaba el día con mucho dolor de estómago, me sentía cansada, con arrepentimiento y emocionalmente afectada. ¿Les suena familiar? Puedo apostar que muchos de nosotros al terminar una dieta experimentamos este tipo de conductas destructivas: primero prohibición, luego exceso y  al final remordimiento.

Cuando decidí probar estas dietas y planes de alimentación durante mis estudios de health coach, hice un trabajo a fondo investigando en detalle, buscando recetas, leyendo acerca de los beneficios, identificando los pros y los contras. Lo más importante: sin poner en riesgo mi salud. Todo ello era simplemente parte de mi formación. También lo hice involucrando siempre a mi esposo. Era impresionante ver la diferencia. A veces él se sentía con mucha energía y yo muy cansada, con los mismos alimentos. Por eso es importante entender que cada persona es única, y como tal, lo que para unos funciona, para otros no.

La gran mayoría de mis clientes me buscan con aquel primer objetivo de lograr su peso ideal. Me sorprende que hayan estado muchos años con dietas restrictivas que al principio parecen funcionar, pero que al final tienen ese efecto rebote. Y lo más frustrante es que a pesar de que uno siga al pie de la letra las indicaciones pueden no funcionar, y en ocasiones pueden hasta provocar aumento de peso, lo cual genera más frustración.

Si hacemos un análisis de esta cultura de las dietas, vamos entrando en ella y aprendiéndola desde nuestra infancia, condicionando nuestro comportamiento con premios: “si te portas bien, te compro un dulce”, “si comen bien, les toca postre”. En la escuela es igual. Probablemente recuerden a alguna maestra que les dejaba dulces a sus alumnos como premio si hacían toda la tarea. Así es cómo aprendemos a condicionar nuestras emociones con la alimentación. ¡Cuántas veces se repite esa escena en las películas donde la protagonista que sufre una decepción amorosa se atasca el bote gigante de helado para sentir confort!

A medida que vamos creciendo, vamos observando y repitiendo patrones. En mi caso este tema tocaba principalmente a las mujeres de la familia. Cuando alguien estaba a dieta, parecía todo un acontecimiento: platicaba su experiencia, consejos, trucos, los gramos o kilos logrados. Bueno, alguna vez habrán experimentado la dieta de comer sopa de col por semanas, o en casos extremos aquello de vivir de licuados y pastillas milagrosas para bajar de peso.

Así es como normalizamos estar a dieta porque vamos a ir la playa, o a un evento importante, normalizamos el contar las calorías con el único objetivo de vernos más delgados, arriesgando nuestra salud, muchas veces sin supervisión médica. Esta cultura de la dieta nos la han vendido por muchos años en los medios de comunicación: en la televisión, en el cine, con las figuras públicas. Cada vez se exige más perfeccionismo en nuestros físicos. Esa es la imagen que queremos copiar: ideales de belleza irreales. Y esto nos provoca inseguridades, baja autoestima, depresiones, trastornos alimenticios como bulimia, anorexia. Todo ello aunado al hecho de que vivimos catalogando la comida en buena o mala restringiéndole a nuestro cuerpo la ingesta de distintos grupos alimenticios según la dieta que esté de moda, ya sea esta de carbohidratos, grasas, proteína animal, satanizando las frutas, ayunando por periodos largos, en fin, infinidad de cosas que afectan nuestra salud física y mental.

Nos hacen creer que todos deberíamos tener la misma talla para ser felices. Y gastamos mucho dinero y esfuerzo para lograrlo, pero la realidad es que no es así.

Es por eso que me gustaría compartirles los 10 principios básicos de la alimentación intuitiva. Este término fue acuñado en los años ´90 por las dietistas Elise Resch y Evelyn Tribole para quitarnos la mentalidad de la dieta y esas creencias respecto a la comida que nos hacen sentir culpables o nos generan sentimientos de limitación.

  1. Rechacemos la alimentación de dieta: Empecemos quitándonos la creencia de que las dietas nos ayudan a ser felices. Ya han experimentado muchas a lo largo de sus vidas, algunas han funcionado, otras no, así que dejen de enfocarse en sus básculas y olvídense de la palabra dieta, quítenla de sus pensamientos y de su vocabulario.
  1. Honremos nuestra hambre: Debemos volver a aprender a escuchar a nuestro cuerpo cuando tenemos hambre, sin sentir culpas. Es un proceso biológico normal.
  1. Hagamos las paces con la comida: Dejemos de clasificar los alimentos como buenos o malos por la experiencia con las dietas. Debemos enfocarnos en lo positivo, en lo que nos hace sentir bien, con energía. Al quitar la prohibición de algunos alimentos automáticamente se te quitarán los antojos, sé paciente.
  1. Desafiemos a la policía de la comida: Es esa programación que tenemos en torno a la comida, alimentos saludables o no saludables, buenos o malos. Esto nos genera culpas, así que limitemos esa plática negativa.
  1. Sintamos la saciedad: Cuando vayan aprendiendo a escuchar nuevamente a sus cuerpos, paren de comer cuando estén satisfechos. Lograrán identificar esas señales de hambre y saciedad.
  1. Encontremos satisfacción y placer al comer: El principal objetivo de comer es nutrir nuestros cuerpos, pero también el disfrutar la comida. Después de las dietas, es algo que debemos volver a aprender.
  1. Manejemos las emociones sin la comida: Para ir eliminando el hábito de comer cuando se sienten aburridos, tristes, enojados, podemos centrarnos en nuestras emociones internas, para identificar cuándo comemos por hambre o por estrés emocional.
  1. Respetemos nuestro cuerpo: La cultura de la dieta nos ha enseñado a comparar y criticar nuestros cuerpos. Debemos enfocarnos en lo que nos gusta de nosotros y mejorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.
  1. Hagamos ejercicio con otra mentalidad: Que la meta de practicar ejercicio no sea el bajar de peso. Al estar en equilibrio con nuestros cuerpos tendremos más energía y disfrutaremos el deporte aún más.
  1. Honremos nuestra salud: Esto no significa que podemos comer de todo y en exceso. La alimentación intuitiva nos ayudará a identificar qué nos hace sentir bien y de ese modo lograremos un equilibrio en los alimentos.

Usemos nuestra intuición para regresar al origen, a como lo hacíamos antes, antes de la cultura de las dietas.

Viva la vida, Frida Kahlo
Martha Marquina

Martha Marquina vive en Colonia y es economista, Health Coach por IIN, Life Coach y Mindfulness Practitioner.  Como consejera de vida sana se especializa en estrategias para hallar bienestar a través de hábitos vida saludables y técnicas para el manejo del estrés. 

FB, Twitter e Instagram: Markinawellness

 Podcast: WellnessJourney

Foto de portada: La vendedora de frutas (1951), de la pintora Olga Costa – Viva la vida (1954) de la pintora Frida Kahlo: FairUse

Otras imágenes Unsplash: Cinta métrica ©Diana Polhekina / Mujer con rodajas de naranja© @avdalyan / Mujer con pastel: ©Ilana Lahav / Clase de yoga ©Anupam Mahapatra /Hombre comiendo sushi ©krakenimages //Familia sentada a la mesa: ©azerbaijan _stockers en Freepik

Revista Desbandada

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s