Repensando nuestra relación con la naturaleza

Durante estos días asistimos al, podemos decir, macabro espectáculo de quién será el primero en vacunarse contra el Covid-19. Lamentablemente la mayor razón a la que se alude no es la salud de las personas, sino la salud de la economía. Las Bolsas de todo el mundo se han disparado; especialmente se han visto afectadas las aerolíneas, las agencias de viajes, las cadenas hoteleras, y todo lo relacionado con el consumo más superfluo.

Básicamente queremos vacunarnos para que todo vuelva a la “normalidad”, a ser exactamente como todo era hace un año. Recordemos, resumiendo mucho, que hace un año 800 millones de personas sufrían de hambre extrema; que el cambio climático, reflejado en sequías e inundaciones, empujaba a millones de personas a la emigración, y que mientras esto sucedía, en el Primer Mundo mucha gente se iba a Londres o a Nueva York un fin de semana para “hacer shopping”, o de España a Berlín para pasar un fin de semana sin dormir, de club en club. Mientras que en gran parte del planeta la vida de la gente estaba supeditada a los embates de la naturaleza, en el Primer Mundo nuestra vida seguía su rumbo completamente al margen de ella.

Pero el Covid-19 llegó y afectó muy duramente al Primer Mundo. Entonces mucha gente se dio cuenta de qué era lo más importante para sobrevivir. Y no, no es el papel higiénico, sino la comida. De repente nos dimos cuenta de que la comida venía de muy lejos, o de que la que venía de cerca estaba hecha a base de mano de obra semiesclava. Entramos en shock porque la mayor parte de nuestros trabajos no eran importantes. Para vivir solo necesitábamos comida y salud. El resto de los trabajos eran prescindibles. Mientras que para muchos Brandemburgo era antes solo un lugar al cual ir al lago en el buen tiempo, ahora es también el sitio donde habitan los agricultores y ganaderos. Sí, esos que nos dan de comer no están en nuestra burbuja berlinesa, sino en esa frontera inexplorada para muchos que es el límite entre Berlín y Brandemburgo.

Berlín / Brandemburgo

Más de la mitad de la población mundial vive ya en las grandes ciudades. En nuestro caso en Berlín, una ciudad de 3,5 millones de habitantes, con una densidad de población de 3.900 habitantes/km2, rodeada por el Estado de Brandemburgo, de 2,5 millones de habitantes y una densidad de población de 83 habitantes/km2. Es decir, que vivimos en una burbuja súper poblada rodeada por un desierto demográfico, lleno de lagos, bosques y tierras de cultivo. La desconexión entre las dos áreas es extremadamente visible. Es como si hubiera una barrera impermeable entre ambas. El flujo de materias y personas entre ambas es relativamente escaso. Quizá algo tenga que ver el hecho de que las tostadas veganas del bar de turno de Friedrichshain estén hechas a base de aguacate de Chile, al igual que el zumo de mango de la India. Porque quizá no es tan cool el tomarse una tostada de calabacín con un zumo de manzana. Tampoco queda igual de cool el irse a pasar el fin de semana al bosque de Brandemburgo que hacerlo en París o en Roma.

La Gioconda de Leonardo Da Vinci – Museo del Louvre

Si la vuelta a la “normalidad” significa continuar con esta desconexión entre nuestra vida cotidiana y la naturaleza, entonces volveremos al punto de partida, a la espera de la aparición de un nuevo virus consecuencia de nuestros hábitos de consumo. Siempre se han puesto de ejemplo las consecuencias del cambio climático como potenciales causas de millones de muertes derivadas directamente de nuestro modelo de vida. Sin embargo, ahora mismo asistimos a la muerte de centenares de miles de personas por un virus que muy probablemente ha surgido por la insoportable presión que estamos ejerciendo sobre la naturaleza y cuya asombrosa expansión se debe a nuestro constante, masivo e insostenible movimiento alrededor del planeta.

Film Omelia Contadina

Cuando acabe esta crisis, cuando gran parte de la población mundial esté vacunada, entonces tendremos que decidir hacia dónde queremos ir. Podemos elegir continuar con nuestras vidas-burbuja alejadas de todo elemento natural, o puedes, podemos, escoger caminos alternativos. Podemos ir a comprar a mercados locales, donde se venden productos de la región, podemos echar una mano en huertos urbanos, o participar en las famosas SoLaWi (Solidarische Landwirtschaft). Podemos también fomentar el turismo de naturaleza y de cercanía, ayudando así también a las familias rurales a mantener su modo de vida y evitar que Brandemburgo se convierta en un desierto propiedad de unas pocas grandes empresas de la agroindustria.

Ahora, durante este nuevo lockdown, tenemos tiempo para reflexionar y decidir qué hacer con nuestras vidas en el futuro. En definitiva, para repensar nuestro estilo de vida y nuestra relación con la naturaleza. Quizá esta sea una de las pocas cosas buenas que podremos sacar de todo esto. En este impresionante corto/acción cinemática, el fotógrafo JR y la cineasta Alice Rohrwacher nos muestran la cruda realidad de los pequeños agricultores como consecuencia de esta vergonzosa desconexión con la naturaleza que padecen nuestras sociedades “avanzadas”.

Imagen de portada del film Omelia contadina (Homilía campesina) de JR & Alice Rohrwacher. /Imagen globo terráqueo y avión: Frank Vessia/Unsplash. /Otras imágenes Fair Use

José Luis Vicente Vicente

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s