Por un nuevo sistema alimentario post-covid19: local y social y ambientalmente justo

El covid-19 ha cambiado nuestras vidas, y se ha llevado otras muchas. Podemos buscar un culpable, elaborar teorías de la conspiración, y todo ello para un solo fin: no admitir que los culpables del covid-19 somos todos nosotros, es el propio sistema. No, no es el 5G, no es Bill Gates, no es China o Estados Unidos, no son las grandes farmacéuticas. Es el sistema en sí mismo, del que nosotros formamos parte.

No es el objeto de este artículo el debatir sobre el origen exacto de este virus, ya que hay otros muchos y muy buenos artículos hablando sobre ello (véase este maravilloso artículo en Eldiario.es). Sin embargo, todos ellos hacen referencia a un tipo de causa común: el sistema alimentario. Ya sea por la existencia de macrogranjas en medio de bosques previamente deforestados donde los animales salvajes interactúan con los domésticos o sea por la escasez de carne por la gripe porcina que afectó previamente a macrogranjas chinas que llevó a la ingestión de animales salvajes, el caso es que en todas las teorías que se manejan sobre el origen del virus está el modelo alimentario, que podríamos extender al modelo de sociedad y al estilo de vida.

¿Qué significa la “nueva normalidad”?

Hace unas semanas, cuando China comenzaba su vuelta a la “normalidad”, pude ver en un canal de TV español una imagen chocante: la supuesta normalidad consistía en que los chinos comenzaban a volver al McDonalds. Si la normalidad significa volver a ingerir carne elaborada en macrogranjas y/o deforestando bosques, eliminando biodiversidad y el estilo de vida tradicional de sus pobladores, siendo transportada miles de kilómetros, esa normalidad es aterradora.

Ahora, cuando la desescalada comienza en Europa, la “normalidad“ significa volver al turismo de masas, a alojamientos en hoteles del sur de Europa con trabajadores con sueldos de miseria, a los viajes masivos en avión, a comprar ropa barata de baja calidad fabricada por mano de obra semiesclava en países pobres (por mucho greenwashing que quieran vendernos), es decir, a la sociedad del hiperconsumo.

El problema no es el virus o los virus que puedan generarse, el problema está en el origen del virus, en las macrogranjas, en la forma en la que nos relacionamos con la naturaleza, en el sistema de producción masivo de alimentos de baja calidad. Mientras siga existiendo este modelo de producción alimentario en masa de baja calidad, tendremos que seguir enfrentándonos a los problemas derivados de ello.

Cuando puedes comprar en el supermercado un kilo de pollo a 2 euros entonces hay un problema. Muy probablemente ese pollo haya sido producido en macrogranjas, donde cientos de miles de pollos se amontonan, donde son tratados como pura mercancía, engordados con piensos baratos, por ejemplo con soja proveniente de Latinoamérica, donde los bosques originarios de alto valor ecológico son eliminados para plantar enormes extensiones de cultivos para pienso y forraje, es decir, para alimentación animal, y donde comunidades indígenas son expulsadas de sus tierras para ser ocupadas por grandes terratenientes (véase la zona del Chaco en Argentina, Paraguay y Bolivia). Esos pollos son matados en mataderos, donde en muchas ocasiones trabajan personas en condiciones muy precarias, en muchos casos inmigrantes, como así se ha demostrado en mataderos de Alemania y Holanda, donde muchos de los rebrotes han tenido lugar precisamente en mataderos donde trabajaban inmigrantes que vivían hacinados en barracones.

El caso del pollo es solo uno de los muchos productos alimentarios que son producidos en largas y complejas cadenas que se extienden por todo el planeta. Esta complejidad es la que lo hace también muy vulnerable a los impactos, es decir, son sistemas de muy baja resiliencia. Lo hemos podido comprobar con la crisis del covid-19: problemas para el acceso al país de jornaleros provenientes de Europa del Este, problemas para transportar las mercancías entre los propios países europeos, focos de covid-19 en mataderos, etc.

Por tanto, esta forma de producción alimentaria no solo es injusta social y ambientalmente, sino que también es extremadamente vulnerable. No es capaz de asegurar la provisión de alimentos de calidad, no solo en el producto final, sino en todas y cada una de las múltiples y complejas etapas de su ciclo de vida.

La “nueva normalidad” no puede basarse en este tipo de sistemas y en volver a las mismas prácticas que nos han llevado al problema actual.

Hacia sistemas alimentarios resilientes

La solución es, por tanto, muy fácil de deducir: crear sistemas alimentarios lo más cortos y directos posible, incrementando así la resiliencia (entiéndase resiliencia como la capacidad de un sistema para resistir un impacto y para recuperarse rápidamente tras el mismo). Como siempre, la problemática se puede analizar desde dos puntos de vista: desde la producción (oferta) o el consumo (demanda).

¿Qué sistemas y qué propiedades de los sistemas pueden contribuir a incrementar la resiliencia del sistema alimentario (lo que llamaríamos la supply side)?

  1. En la producción
  • Producción local: La mayor parte de los alimentos que se producen en tu zona son destinados a la exportación, en muy poca proporción son destinados al consumo local. Por tanto, es necesario incrementar la producción local para el consumo local.
  • Diversificación de cultivos: Con el fin de proporcionar un amplio rango de productos que proporcionen una dieta variada y saludable.
  • Reducción del uso de agroquímicos: Los agroquímicos son producidos con recursos no renovables (ej. el fosfato de los fertilizantes inorgánicos) o con alta probabilidad de ser cancerígenos (ej. el herbicida glifosato).
  • Incremento del reciclaje de nutrientes: Implementación de prácticas agrícolas destinadas a compensar la pérdida de nutrientes con prácticas sostenibles como el compostaje, aplicación de residuos de las cosechas, mantenimiento de cubiertas vegetales.
  • Aplicación de técnicas de lucha biológica para combatir plagas.
  • Creación y protección de bosques tradicionales y otros ecosistemas naturales para la recolección de frutos silvestres: Se trata de alimentos que son producidos de forma natural, sin necesidad de realizar prácticamente ningún manejo específico y que forman parte de las tradiciones culinarias históricas de cada lugar.
  • Siempre que sea posible, establecer sistemas de ganadería extensiva de razas locales, adaptadas ya desde hace mucho tiempo a las condiciones locales y, por tanto, con posibilidad de ser producidas extensivamente en ese específico lugar.
  • Combinación de sistemas: agropastorales, agrosilvopastorales o agroforestería. Implementación y apoyo a sistemas ya existentes que combinan agricultura y ganadería, o bosques con cultivos o ganadería (ej. la dehesa, el cultivo del café).
  • Enlace directo entre productores y consumidores: Eliminación de intermediarios y especuladores. Venta directa (mercados de productos locales en las calles, plataformas digitales donde se enlacen productores y consumidores) de productos locales.
  • Al igual que los Diez Mandamientos, estas medidas pueden resumirse en dos:
    • Incremento de la autosuficiencia alimentaria: la capacidad de alimentar a la población con recursos propios.
    • Aplicación del conocimiento agroecológico, con profundas raíces en la tradición indígena y campesina, combinada con los conocimientos científicos actuales.
  • En el consumo

Sin embargo, todo esto no es posible si no hay una demanda de estos productos por parte de la sociedad (lo que se denomina la demand side). Es necesario un cambio en nuestra dieta.

  • Consume productos locales.
  • Reduce el consumo de carne y pescado. No hace falta comerlos todos los días.
  • Sustituye el consumo de carne y pescado de baja calidad por uno de alta calidad, de cercanía y aplicando las medidas comentadas anteriormente (supply side).
  • Consume alimentos de temporada. Aunque los invernaderos permiten la producción de casi cualquier producto en cualquier época del año, un producto de temporada producido en campo “al aire libre” es increíblemente más sostenible. No hace falta comer melón en invierno, las naranjas, manzanas y peras son igual de sabrosas y nutritivas.
  • Ser vegetariano o vegano está genial (cuidado con la B12 los veganos), pero comer aguacate, kiwi, piña o cualquier producto tropical es peor para el medio ambiente que comer carne local de alta calidad una vez por semana. ¡Sustituye esos productos tropicales por locales, y serás el rey o la reina de la sostenibilidad alimentaria!
  • Planifica tus comidas y evita tirar comida (food waste). Actualmente alrededor de un tercio de lo que compramos va a la basura.
  • Consume y cocina recetas tradicionales que aprovechan los restos de comida para evitar que vayan a la basura (ej. el pan duro, el caldo del pollo, los restos de carne o pescado). Recuerda que si tienes un huerto, esa basura orgánica puede ser transformada en compost y servir de nutrientes para producir tus verduras.

Modelo alternativo desarrollado de manera horizontal

Tanto la producción (oferta) como el consumo (demanda) deben adaptarse a las especificidades de la zona, tanto físicas como sociales. Es decir, hay que tener en cuenta las propiedades del suelo, clima, disponibilidad de agua, tradición cultural e historia, redes comerciales históricas. No podemos proponer un sistema alimentario único para cada lugar, sino que, a través de unos puntos que nos sirvan como guía básica, adaptarlos a las condiciones locales de la zona en la que vivimos. No es más que aplicar el ya antiguo y de sobra conocido pensamiento “glocal” (piensa global y actúa local). Y debe ser un proceso que involucre a todos los actores (productores, consumidores, gestores, actores políticos, científicos sociales y experimentales) en un proceso de abajo a arriba (bottom-up process) con el fin de asegurar que todas las sensibilidades, opiniones y experiencias sean tenidas en cuenta. Es decir, un proceso horizontal, democrático e inclusivo basado en el conocimiento.

Accede a fuentes fiables de información

Por último me gustaría remarcar la importancia que tiene el acceso a la información veraz. Todas estas medidas que propongo no me las he inventado, sino que son producto de numerosas investigaciones científicas e informes de diferentes organizaciones (ej. FAO). Actualmente circula por internet e incluso por la TV abundante información que carece de base científica alguna. Si tienes alguna duda, acude a fuentes oficiales y confiables, y si no tienes acceso a ellas o desconoces cómo distinguirlas, pregunta a alguien que tengas a tu alrededor y que sepas que tiene acceso a ellas o el conocimiento para responder a tus dudas.

Aquí te dejo aquí un link (en inglés) donde aparece numerosa información relativa al sistema alimentario y el covid-19.

Foto de portada: ©Ella Olsson/Unsplash /Foto Prinzessinnengarten ©Assenmacher/ Otras fotos: Fair Use

José Luis Vicente Vicente

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